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Síndrome del esclavo satisfecho: cuando agradecemos los latigazos

El problema principal del esclavo no son en sí mismas las distintas calamidades que tiene que soportar día tras día por su condición de esclavo sino que es, más bien, la matriz de pensamiento que no le permite cuestionar su esclavitud.

¿Cadenas físicas o mentales?

En el sí de una sociedad dada, podríamos plantearnos lo siguiente: ¿qué es lo peor que le puede pasar a un esclavo?

Uno podría responder que, sin duda alguna, lo peor de la vida de esclavo es, desde luego, la humillación constante y el trato degradante que supone su condición de esclavo. Sin embargo, habría otra posible respuesta: lo peor que le puede pasar a un esclavo es sentirse satisfecho y hasta agradecido de la vida que le ha tocado vivir y del trato que recibe.

Esta satisfacción paradójica propia del neurótico adaptado, no reflexiona acerca del futuro y reduce la complejidad de la vida a la satisfacción inmediata de la rutina diaria. Aunque muchos contemplan esta filosofía de vida del carpe diem como una muestra loable de adaptación y de optimismo, lo cierto es que es una forma más de autoengaño. La trampa cognitiva radica en que el esclavo satisfecho aumenta progresivamente su aceptación resignada de su condición de esclavo; una condición que, a base de hic et nunc, termina por pasar inadvertida por el propio individuo.

Lo que define a un esclavo no son sus amarres físicos y su nula libertad de movimientos sin la expresa autorización de su amo. Ni siquiera lo define los latigazos que recibe.

El problema del esclavo satisfecho con los golpes y latigazos no es el dolor físico que éstos le causan, sino la predisposición psicológica a recibirlos y a naturalizar el ensañamiento del poderoso sobre él.

En consecuencia, la desgracia del esclavo no son tanto las formas situacionales que sufre en su cotidianidad en términos de maltrato físico, sino la asunción del pensamiento del poderoso, que le impide plantearse y por tanto cuestionar su estado de sumisión. Esto conlleva que acepte de forma acrítica las condiciones de vida con una pasividad resignada y sin atisbo de determinación para poder revertir su vida. Si además sumamos una percepción de satisfacción por el trato que se le ofrece en tanto que esclavo, el individuo está condenado a vivir una vida miserable. En este caso, las cadenas no sujetan el cuerpo, sino la mente.

El esclavo satisfecho en la sociedad actual

Es cierto que, en las sociedades actuales, las luchas por los derechos sociales y civiles han ido cimentando algunas leyes que nos protegen de abusos flagrantes como el esclavismo de cadena y látigo. Sin embargo, todavía arrastramos algunos vestigios del sistema esclavista. El sistema socioeconómico y cultural vigente imponen ciertos valores y ejerce una manipulación continua sobre la forma en que pensamos, conduciendo a la aceptación de algunas prácticas que chocan de pleno con el derecho básico de pensar de forma crítica y autónoma.

El esclavismo moderno consiste en que atendemos sin reflexión previa a una serie de rutinas familiares, laborales y sociales. En este día a día frenético, se nos anula la capacidad para tomar la iniciativa ante cuestiones sumamente importantes como el consumo (qué compramos y para qué), la moda (muy relacionada con la imagen de nosotros mismos que queremos proyectar al mundo) y la moralidad (aquellas reflexiones que deberían guiar nuestros actos encaminados hacia fines concretos).

Entre el acriticismo, la pasividad y el carpe diem mal entendido, nuestra mente deja de plantearse ciertas cosas, lo que a la postre significa una resignación pasiva ante las vicisitudes de la vida. De este modo, tal como actuaría un esclavo y por la indefensión aprendida que supone la nula confianza en nuestras posibilidades, acabamos siendo meros espectadores de un statu quo que creemos ubicuo y, por tanto, por sí mismo legítimo.

Jóvenes depresivos y anestesiados

Tal como escribió Álvaro Saval en su artículo «¿Juventud depresiva o juventud anestesiada?», la manipulación de nuestros pensamientos va conformando una cultura fértil para el poder: nos amarra a prejuicios, consignas y estereotipos que paralizan a los jóvenes en un presente carente de esperanza. Aunque el 15-M despertó gran parte de estos jóvenes anestesiados bajo el yugo del pensamiento uniforme de la tecnocracia y el presentismo, la otra mitad sigue habitando un escenario en que la uniformidad de pensamiento, los empleos precarios y los momentos de ocio siguen un patrón idéntico.

En estos círculos, cualquier atisbo de pensamiento independiente o de crítica hacia ciertos usos y costumbres se vilipendia y se excluye sistemáticamente. Así, el miedo a pensar por uno mismo y la autocensura son los obstáculos para escapar de las cadenas y latigazos en el esclavismo moderno. Por supuesto, el sistema saca rédito de este tipo de pensamiento, apuntalando individuos altamente obedientes: trabajadores precarios pero productivos, consumistas sin criterio y, por supuesto, nada críticos con la sociedad ni con las injusticias que sufren aun sin percatarse de ello.

La adolescencia no solo es la etapa en que nuestra personalidad se consolida, sino también es el tiempo de nuestros pensamientos se estructuran y trazan ciertas líneas maestras de nuestra percepción del mundo que nos rodea. La influencia del grupo sobre el adolescente siempre es un factor relevante a la hora de presumir la influencia en el pensamiento uniforme o, por el contrario, en el pensamiento crítico.

Sin cultura crítica, los individuos se muestran incapaces de pensar la realidad por sí mismos. En este sentido, la existencia deja de ser un viaje en busca del bien, la verdad y la felicidad, para convertirse en una sinrazón de espejismos y estereotipos cuya apariencia se revista del bienestar que nos brinda un pensamiento impuesto y asimilado: todo por no tener la valentía de superar a tiempo las cadenas del esclavo.

ETR (Emotional Theory of Rationality): Un nuevo paradigma emocional

Históricamente, las emociones han sido un elemento «incómodo» dentro de la investigación de las capacidades cognitivas y el comportamiento humanos.

Algunos investigadores las han definido como «ruido», que interfiere sin cesar con los procesos realmente importantes, como son la atención, la cognición, la consciencia o la toma de decisiones.

¿Por qué las emociones son importantes en terapia?

En las últimas décadas, sin embargo, la importancia de las emociones ha ido ganando terreno, encontrando un lugar propio dentro del ámbito de la psicología y de las neurociencias. En la actualidad es comúnmente aceptado que no podemos comprender en su complejidad la psique humana sin tener en cuenta las emociones y su relación con el resto de capacidades ejecutivas.

Sin embargo, aún no comprendemos bien esas relaciones, ni disponemos de modelos que nos permitan integrarlas de forma natural.

Estas limitaciones en nuestro conocimiento están causadas por dos factores principales. El primero es el hecho de que las experiencias emocionales son fenómenos subjetivos que difícilmente pueden ser evaluados científicamente en toda su complejidad; el segundo lo constituye la necesidad de abordar su funcionalidad dentro de un contexto evolutivo, razonando su existencia dentro de los hitos que nos han definido como especie y como individuos.

ETR (Emotional Theory of Rationality): ¿qué es?

Recientemente, un nuevo paradigma denominado ETR (Emotional Theory of Rationality , Garcés y Finkel 2019) ha aportado un enfoque original que nos permite abordar esas lagunas de conocimiento desde una perspectiva diferente.

Esta nueva aproximación parte de la base de que todo ser vivo, para sobrevivir, se ve sometido a una serie de constricciones que le obligan a desarrollar un sutil equilibrio entre las capacidades que adquiere y la energía y los recursos necesarios para mantenerlas.

Esto significa que, las leyes físicas fundamentales, junto con los procesos evolutivos y adaptativos sostenidos durante largos períodos de tiempo, han configurado el sistema nervioso como un mecanismo altamente optimizado en el procesamiento de la información, que permite el desarrollo de respuestas que facilitan la interacción efectiva y eficiente de los seres vivos con el entorno, mejorando así sus posibilidades de supervivencia y reproducción.

Como parte del mecanismo de optimización, debido a las incertidumbres sobre las características y la simultaneidad de los estímulos que enfrentará un individuo, la evolución ha designado al sistema emocional como responsable de llevar a cabo tres funciones principales:

  • Implementar respuestas innatas de amplio espectro que permitan la exploración y aborden rápidamente estímulos nuevos o inesperados para los cuales no hay una respuesta específica.
  • Activar los sistemas cognitivos, responsables de la búsqueda y desarrollo de nuevas respuestas, solo bajo demanda, mejorando así el tiempo de respuesta y el consumo de recursos.
  • Evaluar la criticidad de los estímulos a resolver, modulando la atención para permitir el acceso prioritario a los recursos más avanzados y escasos, si ocurre concurrencia con otros procesos1.

Su influencia en los sistemas cognitivos

Según el modelo ETR, el sistema emocional siempre está activo y controla la atención, que a su vez es la encargada de regular y priorizar el acceso de la información a los sistemas cognitivos.

Los sistemas cognitivos desarrollan respuestas modulan las respuestas emocionales, cerrando así una arquitectura circular, complementaria, dinámica e interdependiente. De acuerdo con este modelo, la emoción y la cognición no compiten, sino que colaboran y se complementan mutuamente para lograr una forma más eficiente de resolver los desafíos con los que se enfrenta el individuo.

Esta nueva aproximación describe y fundamenta claramente la relación que existe entre los mecanismos emocionales, la atención y las capacidades cognitivas, que a su vez modulan la respuesta emocional, cerrando así el sistema y definiendo su dinámica global.

Así, dentro de este nuevo paradigma, las emociones serían el elemento de optimización del funcionamiento cerebral, permitiendo entender cómo y por qué son ellas las que regulan las relaciones del resto de funciones ejecutivas, condicionando su dinámica y, en ocasiones, generando fenómenos de comportamiento alejados del ideal socialmente establecido, pero muy cercano al ideal evolutivo de supervivencia.

Asimismo, el modelo abre la puerta para incorporar el componente somático, asociado a las respuestas emocionales, como un nuevo estímulo que entra a ser procesado por el sistema, generando dinámicas que dan lugar a fenómenos mentales y de comportamiento muy diversos y complejos.

Aplicaciones de este nuevo modelo

Este nuevo modelo tiene importantes implicaciones para explicar estos fenómenos psicológicos y de comportamiento que hasta el momento sólo podían ser descritos. Permite además identificar factores concretos que pueden ayudar a mejorar el abordaje y la comprensión de dichos fenómenos, teniendo importantes aplicaciones en ámbitos como la educación, la motivación, la toma de decisiones o la explicación de determinados comportamientos no adaptativos, entre otros muchos.

Con respecto a las organizaciones, este nuevo modelo ya está siendo utilizado para desarrollar las capacidades personales relacionadas con la adaptación al cambio, la creatividad y la innovación, así como con la mejora de las relaciones interpersonales, el liderazgo o la reestructuración de las propias organizaciones.

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