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El mundo según Monsanto

El mundo según Monsanto, es un documental francés de 2008 de Marie Monique Robin sobre la multinacional Monsanto, la historia de la compañía y sus productos comerciales: como el PCB, los OGM, el Agente Naranja, la Hormona bovina o Somatotropina bovina, y su popular Roundup (Glifosato). Producido por Arte France, Image et Campagnie, Producctions Thalie, Office national du Canadá, WDR, con una duración de 108 minutos.

El mundo según Monsanto también es el título de un libro de investigación escrito por la misma autora, traducido a 11 lenguas. Marie Monique Robin es ganadora del Premio Noruego Rachel Carson de 2009 dedicado a mujeres ambientalistas.

El documental y el libro -que fueron traducidos a 15 idiomas y se difundieron en una veintena de países-, experimentaron un importante éxito público y fueron recibidos por la prensa nacional (francesa) e internacional. En Francia su éxito (1,6 millones de espectadores y 100000 libros vendidos), también se debe a la implicación de numerosas asociaciones locales que organizaron proyecciones de la película y reuniones en torno de los OGM y de Monsanto. En Internet se debatió en foros y blogs sobre OGM luego de la publicación del libro y la película. Marie Monique Rovin afirmo sobre ciertos ataques a foros de Internet «tan sistemáticos que parecen ser orquestados».

El mundo según Monsanto también parece tener una influencia en la escena política. El semanario francés L’Express afirmo que el debut de abril, en pleno debate sobre los OGM, el senador Jean-François Le Grand, el «Sr. OGM» de la mesa redonda del medio ambiente, ha escrito al presidente de su grupo Henri de Raincourt, para denunciar las prácticas lobbisticas que «opera» en los parlamentarios y anunciar su negativa de «la fatalidad de un mundo según Monsanto».»He visto el documental y estoy muy impresionado», testimonió, señalando que algunos de sus colegas, también, estaban «agitados». «Pero no puedo dar nombres». Más recientemente, en Alemania, Robin recibió de la mano de Renate Künast el viejo ministro de medioambiente del gobernador Schröder el «Umwelt-Medienpreis» (premio de medios de comunicación alemanes). En el comunicado de prensa, el jurado del premio afirmo que El documental ha permitido a los ciudadanos hacer preguntas críticas a sus diputados y netamente contribuyo a la prohibición del maíz transgénico en Alemania. Algunos analistas consideran que la película Home de Yann Arthus-Bertrand también impulso a los partidos verdes europeos en las elecciones europeas de 2009.

El informe se ha convertido en una herramienta de comunicación privilegiada de los movimientos anti-OGM, así el 25 de marzo 2008 un DVD fue enviado a cada diputado francés por la organización ecologista Greenpeace a fin de influenciar en el debate de la ley de OGM en la asamblea nacional francesa.

El glifosato es carcinogénico: Autoridades reguladoras de la UE que colaboran con la industria agroquímica

Ya en 2016, planteé la cuestión en The Ecologist de sí los reguladores de la UE estaban actuando como promotores de productos cuando se trataba de revalidar la licencia del glifosato, el ingrediente activo en el herbicida Roundup de Monsanto. La renovación de la licencia para el glifosato en la UE estaba siendo debatida en ese momento y muchas pruebas apuntaban a la colusión entre los reguladores y los intereses corporativos cuyas ventas del herbicida ascienden a muchos miles de millones de dólares al año.

En ese artículo, me referí a las pruebas presentadas en varios documentos escritos por la ambientalista y activista Dra. Rosemary Mason. Ahora, tras un nuevo e importante artículo de Charles Benbrook (14 de enero) en la revista «Environmental Sciences Europe», la Dra. Mason ha presentado una queja ante el Defensor del Pueblo Europeo acusando a las agencias reguladoras europeas de ser cómplices de la industria agroquímica.

Mason ha estado escribiendo a la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA), a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y a la Comisión de la UE durante un período de 18 meses, desafiándoles sobre la clasificación de glifosato de la ECHA. Señala que muchas personas en todo el mundo han luchado por entender cómo y por qué la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos y la EFSA llegaron a la conclusión de que el glifosato no es genotóxico (perjudicial para el ADN) o cancerígeno, mientras que la agencia de lucha contra el cáncer de la Organización Mundial de la Salud, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), llegó a la conclusión contraria.

La IARC declaró que la evidencia del potencial genotóxico del glifosato es «fuerte» y que el glifosato es un probable carcinógeno humano. Mientras que la IARC solo hacía referencia a estudios e informes revisados por pares disponibles en la literatura pública, la EPA dependía en gran medida de estudios regulatorios inéditos encargados por los fabricantes de plaguicidas.

De hecho, 95 de los 151 ensayos de genotoxicidad citados en la evaluación de la EPA provenían de estudios de la industria (63%), mientras que la IARC citó el 100% de fuentes de literatura pública. Otra diferencia importante es que la EPA centró su análisis en el glifosato en su forma química pura, o «glifosato técnico». El problema es que casi nadie está expuesto al glifosato solo. Los aplicadores y el público están expuestos a formulaciones completas de herbicidas que consisten en glifosato más ingredientes añadidos (adyuvantes). Se ha demostrado repetidamente que las formulaciones son más tóxicas que el glifosato de manera aislada.

Mason señala que esto refleja las cuestiones planteadas por el Comité PEST del Parlamento Europeo, creado en respuesta a las preocupaciones planteadas por la Iniciativa Ciudadana Europea para prohibir el glifosato, y los documentos de Monsanto (documentos internos de Monsanto divulgados en litigios sobre el cáncer en los EE.UU. que revelan cómo la industria ha subvertido la ciencia).

En un paso inusual, el editor en jefe de Environmental Sciences Europe, el Prof. Henner Hollert, y su coautor, el Prof. Thomas Backhaus, hicieron una firme declaración en apoyo de la aceptación del artículo del Dr. Benbrook para su publicación. En un comentario publicado en el mismo número de la revista, escriben:

«Estamos convencidos de que el artículo proporciona nuevas perspectivas sobre por qué la EPA y la IARC de los EE.UU. han llegado a diferentes conclusiones con respecto a la carcinogenicidad del glifosato y de los GBH[herbicidas a base de glifosato]. Es una importante contribución a la discusión sobre la genotoxicidad de los GBH».

La evaluación de la IARC se basó en gran medida en estudios capaces de arrojar luz sobre la distribución de las exposiciones en el mundo real y el riesgo de genotoxicidad en las poblaciones humanas expuestas, mientras que la evaluación de la EPA puso poco o ningún peso en dicha evidencia.

Tras la evaluación de la IARC, ha habido un intento orquestado por la industria de desacreditar o incluso destruir la agencia.

Puede leer aquí – Las Autoridades Reguladoras Europeas están en connivencia con una corporación implicada en el Holocausto – el documento que Mason ha presentado al Defensor del Pueblo Europeo. Incluye toda su correspondencia reciente con varias agencias reguladoras (y sus respuestas) que describen las preocupaciones sobre la toxicidad del glifosato y algunos de los métodos que se han utilizado para mantenerlo en el mercado.

Mason también ha escrito una mordaz carta abierta al director general de Bayer, Werner Baumann. Puede leer la carta abierta aquí (Monsanto se incorporó recientemente a Bayer).

Argentina’s The Bad Seeds

Las consecuencias en la salud pública de la burbuja de la soja argentina son objeto de estudio. En este documental podremos ver el lado negro del crecimiento económico en Argentina, en aquella época el mayor exportador de productos derivados de la soja del mundo. Esto le permitió ser la nación con mayor tasa de crecimiento de Sudamérica, pero el precio de esta burbuja económica ha sido muy alto.

El impulso que tuvo la soja argentina en el mercado económico, generó un gran impacto en la vida de todos los habitantes del país, debido a que la demanda de este producto trajo consigo una cantidad de consecuencias que todavía algunos no comprenden su origen y que otros, por el contrario, están utilizando a su favor.

El documental “Argentina The Bad Seeds”, titulado al español como Argentina Las Malas Semillas, fue rodado en el año 2013. Dirigido por Glenn Ellis y Guido Bilbao, también guionistas, tiene una duración de 25 minutos y fue producido en Argentina.

La cinta muestra cómo la ingeniería genética ha afectado al país debido a que los pesticidas y fertilizantes están perjudicando la salud de las personas que viven e ingieren los productos transgénicos, como es el caso de los granos de soja.

El ingrediente principal, hormona o complemento genético, es el principal causante de graves enfermedades, cáncer e incluso deformidades en los bebés recién nacidos.

El número de niños afectados en los últimos años ha incrementado debido al consumo de glifosato. El documental investiga, reúne datos y evidencias sobre esta tendencia que está afectando y destruyendo la vida de miles de personas.

Los campos de cultivo de soja están inundados de pesticidas que están perjudicando a la planta, por lo que su fruto no es apto para el consumo humano y aun así es vendido en los establecimientos y consumido a diario.

El consumo constante de estos alimentos trae grandes enfermedades, complicaciones médicas como abortos y esterilidad, que no solo te afectan a ti inmediatamente sino que también afectarán a las próximas generaciones.

Además, el incremento de las plantaciones de soja está creando una influencia muy grande en el mercado.

Presentan 830 trabajos que prueban la toxicidad del glifosato

Se llama Antología toxicológica del glifosato y es una respuesta a la defensa que hicieran del herbicida las empresas que lo producen y el ministro de Ciencia Lino Barañao. Más de 100 de los trabajos son de universidades públicas.

Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con glifosato para que no crezca nada salvo los transgénicos.

“No hay pruebas de que el glifosato sea nocivo”, repiten una y otra vez los defensores del agro transgénico en referencia al herbicida más utilizado del mundo. “Es como agua con sal”, afirmó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Una reciente recopilación de investigaciones científicas, Antología toxicológica del glifosato, da cuenta de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta del químico y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras afecciones.

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, más de 200 millones de litros cada año. Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó el uso del glifosato, desarrollado y comercializado por Monsanto desde la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

“Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación y resúmenes de congresos que han sido objeto de publicación en revistas científicas. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos”, explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe.

De 182 páginas, se puede acceder vía Internet, cuenta con la descripción y link de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre “mecanismo de fisiopatología celular de cáncer”. El capítulo tres se dedica a “toxicidad en los sistemas orgánicos”, con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto “en la biodiversidad”, con 336 investigaciones.

“No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad”, alerta el trabajo. Y recuerda que en 1996, cuando el gobierno de Carlos Menem aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto), se aplicaban tres litros de glifosato por hectárea. En la actualidad se utilizan hasta quince litros, incluso junto a otros agrotóxicos (como el 2-4D).

La recopilación, que contó con la colaboración y edición del abogado especializado en ambiente Fernando Cabaleiro (de la organización Naturaleza de Derechos), recuerda que Monsanto publicitó “con información falsa que el glifosato era biodegradable”. En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa. Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida “es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua”.

Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.

La antología denuncia que la autorización de los agrotóxicos (llamado “fitosanitarios” por las empresas y funcionarios) se realiza con base en estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, “Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores”. Con base en ese estudio, la empresa definió que el herbicida no producía efectos adversos.

“Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores”, explica la recopilación.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) es el organismo estatal que evalúa y autoriza el uso de agrotóxicos. Es denunciado por las organizaciones socioambientales, ONG y por los propios trabajadores del Senasa de estar dominado por las grandes empresas del agronegocio. “La última revisión de seguridad ambiental e inocuidad alimentaria del glifosato en Argentina fue en el 2000. Para esa fecha no existían protocolos para evaluar los riesgos crónicos y cancerígenos”, denuncian los autores de la recopilación. Y exigen que el Senasa revalúe la autorización del glifosato, con base en estudios independientes (no de las empresas).

Niños orinan agrotóxicos en México

Estudios de investigadores de la Universidad de Guadalajara (UDG) y Ciesas Occidente han encontrado repetidamente que niñas, niños y adolescentes en varias comunidades rurales de Jalisco tienen residuos en orina de dos o más (¡hasta 12!) agrotóxicos altamente peligrosos. Esto se refleja en diversos problemas de salud, que van de dolores de cabeza, vómitos y náuseas a problemas graves, como insuficiencia renal y, potencialmente, cáncer.

El gobierno de Jalisco presenta la entidad como gigante agroalimentario, pero nada menciona sobre esto. Con casi 12 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, principalmente industrial, la entidad es terreno asiduo de las mayores trasnacionales de agroquímicos y semillas, que son cobijadas por gobiernos locales, estatales y federal. Esta relación, que no tiene que ver con alimentar a la gente y sí con aumentar las ganancias empresariales vendiendo veneno, trata de ocultar una grave realidad: la extendida contaminación con agrotóxicos de suelo, agua y aire que ha provocado este modelo de producción, que envenena a los pobladores, especialmente los más vulnerables: niños y niñas.

A principios de 2019 un estudio de Erick Sierra-Díaz, de la UDG; Humberto González-Chávez, de Ciesas Occidente, y otros investigadores, publicado en la revista científica international Journal of Environmental Research and Public Health (https://tinyurl.com/rda57tj) mostró que de 281 muestras de orina tomada a niñas, niños y adolescentes en las comunidades de Agua Caliente, cerca del lago Chapala, y Ahuacán, próxima a Autlán, todas tenían residuos de dos o más plaguicidas.

Seis agrotóxicos fueron recurrentes en 70 por ciento de los casos: malatión, metoxuron, glifosato, dimetoato, uniconazole y acetoclor. Los investigadores explican que en ambas comunidades hay exposición a siembras industriales, pero además, en el caso de la comunidad de Agua Caliente, el riego y consumo de agua contaminada con químicos del lago Chapala aumentó el nivel de ciertos tóxicos. La mayor prevalencia fue de herbicidas, seguida de funguicidas e insecticidas. En Ahuacán, todas las muestras contenían residuos de glifosato.

El equipo de investigadores de la UDG y del Ciesas Occidente continuó tomando muestras de orina en niñas y niños escolares y prescolares en otras zonas de Jalisco en 2019. Una de las áreas seleccionadas, por la alta frecuencia de enfermedades que allí ocurren, fue El Mentidero, próxima a Autlán, Jalisco.

Allí, las madres de los alumnos de secundaria les solicitaron que incluyeran en los análisis de orina de sus hijos, explicando que, desde que comienzan los cursos, los jóvenes se sienten mal y sufren constantes dolores de cabeza, vómitos y náuseas. La secundaria está al lado de un campo de siembra, donde fumigan varias veces a la semana, incluso cuando están los alumnos en clase o en el patio. El equipo de investigadores tomó 146 muestras a adolescentes, escolares y prescolares. El 100 por ciento de las muestras arrojó residuos de dos a seis agrotóxicos. Los principales fueron el glifosato y el 2-4 D, ambos inventados por Monsanto y declarados cancerígenos por la Organización Mundial de la Salud.

Debido al estudio y a la movilización de las madres para detener el uso de agrotóxicos, o como mínimo que no se aplique cerca de secundarias y escuelas, las empresas de venta de venenos están en campaña para desprestigiar los estudios y poder seguir contaminando. La asociación civil Proccyt, en realidad fachada de la industria trasnacional de agrotóxicos (sus miembros son Syngenta, Bayer-Monsanto, Corteva, FMC, Basf y otras), ofreció al gobierno de Jalisco y a autoridades de Autlán dar talleres de capacitación, especialmente en las áreas donde se han realizado los estudios que muestran la presencia de agrotóxicos en la orina de los niños. Las autoridades lo aceptaron e incluso patrocinaron su estadía. La reportera Mayra Vargas documentó cómo el capacitador de Proccyt aseguró en esos talleres que solamente si le hubieran dado a beber Faena (nombre comercial del glifosato) antes de tomar la muestra a los niños, podrían aparecer residuos en la orina. (11/11/19, Letra Fría, https://tinyurl.com/wn6xlgc). Los estudios muestran que el Proccyt miente, pero además hay casi 43 mil juicios contra Bayer-Monsanto en Estados Unidos por haber causado cáncer con glifosato a sabiendas de su peligrosidad. Tres juicios le han otorgando razón y millones de dólares en indemnización a los demandantes. Pero en México, las secretarías de Agricultura (estatales y federal) le abren espacio y pagan gastos a esta burda fachada de las empresas para atacar con mentiras los estudios científicos de investigadores de universidades públicas de México y así engañar a los agricultores y pobladores sobre su inocuidad.

No necesitamos echar veneno a nuestra comida. Hay muchas alternativas buenas y sanas en la producción local, campesina y agroecológica. Relata Humberto González que son las madres las que insisten en la denuncia y están empujando un cambio, las que no tienen miedo y no se van a dar por vencidas, como no la han hecho en muchos otros temas. Defienden a sus hijos e hijas y el derecho a la salud de todos.

Bayer

Bayer AG (pronunciación del alemán: [baɪə]) (TYO: 4863) es una empresa químico-farmacéutica alemana fundada en Barmen, Alemania en 1863. Hoy en día, tiene su sede en Leverkusen, Renania del Norte-Westfalia, Alemania. Es bien conocida por su marca original de la aspirina.

Desde 1925 formó parte del conglomerado IG Farben hasta que en 1951, después de la Segunda Guerra Mundial, fue disuelto por los Aliados debido a que utilizó trabajo esclavo en sus procesos de fabricación.

Bayer AG fue fundada principalmente como una fábrica de tintes en Barmen (hoy parte de Wuppertal), Alemania en 1863 por Friedrich Bayer y su socio, Johann Friedrich Weskott. Tiempo después descubren que el tinte contiene algún medio curativo y deciden investigar sobre el tema descubriendo tiempo después el ácido acetil salicílico, el compuesto de la aspirina.

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