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El mundo según Monsanto

El mundo según Monsanto, es un documental francés de 2008 de Marie Monique Robin sobre la multinacional Monsanto, la historia de la compañía y sus productos comerciales: como el PCB, los OGM, el Agente Naranja, la Hormona bovina o Somatotropina bovina, y su popular Roundup (Glifosato). Producido por Arte France, Image et Campagnie, Producctions Thalie, Office national du Canadá, WDR, con una duración de 108 minutos.

El mundo según Monsanto también es el título de un libro de investigación escrito por la misma autora, traducido a 11 lenguas. Marie Monique Robin es ganadora del Premio Noruego Rachel Carson de 2009 dedicado a mujeres ambientalistas.

El documental y el libro -que fueron traducidos a 15 idiomas y se difundieron en una veintena de países-, experimentaron un importante éxito público y fueron recibidos por la prensa nacional (francesa) e internacional. En Francia su éxito (1,6 millones de espectadores y 100000 libros vendidos), también se debe a la implicación de numerosas asociaciones locales que organizaron proyecciones de la película y reuniones en torno de los OGM y de Monsanto. En Internet se debatió en foros y blogs sobre OGM luego de la publicación del libro y la película. Marie Monique Rovin afirmo sobre ciertos ataques a foros de Internet «tan sistemáticos que parecen ser orquestados».

El mundo según Monsanto también parece tener una influencia en la escena política. El semanario francés L’Express afirmo que el debut de abril, en pleno debate sobre los OGM, el senador Jean-François Le Grand, el «Sr. OGM» de la mesa redonda del medio ambiente, ha escrito al presidente de su grupo Henri de Raincourt, para denunciar las prácticas lobbisticas que «opera» en los parlamentarios y anunciar su negativa de «la fatalidad de un mundo según Monsanto».»He visto el documental y estoy muy impresionado», testimonió, señalando que algunos de sus colegas, también, estaban «agitados». «Pero no puedo dar nombres». Más recientemente, en Alemania, Robin recibió de la mano de Renate Künast el viejo ministro de medioambiente del gobernador Schröder el «Umwelt-Medienpreis» (premio de medios de comunicación alemanes). En el comunicado de prensa, el jurado del premio afirmo que El documental ha permitido a los ciudadanos hacer preguntas críticas a sus diputados y netamente contribuyo a la prohibición del maíz transgénico en Alemania. Algunos analistas consideran que la película Home de Yann Arthus-Bertrand también impulso a los partidos verdes europeos en las elecciones europeas de 2009.

El informe se ha convertido en una herramienta de comunicación privilegiada de los movimientos anti-OGM, así el 25 de marzo 2008 un DVD fue enviado a cada diputado francés por la organización ecologista Greenpeace a fin de influenciar en el debate de la ley de OGM en la asamblea nacional francesa.

Gasland

El capitalismo está logrando destruir la naturaleza por medio del mercantilismo y el consumismo excesivo de recursos, sin aplicar el método científico en sus decisiones. Una de las prácticas más peligrosas que está llevando a cabo para obtener gas, es la fracturación hidráulica. Esta práctica es sumamente peligrosa y está contaminando los recursos más importantes para el ser humano, el agua.

Gasland (2010) es un documental estadounidense escrito y dirigido por Josh Fox. El documental se centra en comunidades de los Estados Unidos que se han visto afectadas por la extracción de gas natural «no convencional» o «de esquisto», concretamente mediante un método de extracción denominado «fracturación hidráulica» (del inglés, hidraulic fracturing o gas fracking).

En mayo de 2008, Josh Fox recibe una carta de una compañía de gas natural ofreciéndole 100.000 dólares a cambio de su permiso para explotar su terreno familiar en Milanville, Pensilvania, para la extracción de gas natural.

Tras la recepción de dicha oferta, Josh Fox estuvo consultando información sobre la extracción de gas natural en las formaciones geológicas de esquisto que se encuentran bajo vastas regiones de los estados de Pensilvania, Nueva York, Ohio y Virginia Occidental. Fox visitó Dimock, en el condado de Susquehanna, Pensilvania, donde ya se estaba realizando la extracción de gas natural mediante fracturación hidráulica. Allí conoció a familias que podían prender fuego al agua del grifo de sus casas, a la vez que padecían diversos problemas de salud (neuralgia, mareos, falta de apetito), que achacaban a que sus pozos de agua habían sido contaminados por los procedimientos de extracción del gas.

La tragedia electrónica

El uso de dispositivos inteligentes y aparatos electrónicos en general, han generado un adormecimiento cerebral que preocupa gravemente no solo a los padres, sino a cualquier persona que observa cómo la tecnología influencia nuestras vidas.

La obsolescencia electrónica sucede tan rápido como lo que tardamos en escoger un nuevo teléfono celular, por lo que solemos comprar lo que está de moda y cuando la temporada pasa, nos deshacemos de todo aquello ya no está al día.

El documental español “La Tragedia Electrónica” se encarga de explicar cómo suceden estas situaciones y por qué nos afectan tanto personalmente, pero lo que no vemos realmente es que estamos haciendo un gran daño al medio ambiente, ya que la generación de basura no reciclable es cada vez más preocupante.

La directora del largometraje, Cosima Dannoritzer, nacida en Alemania, realizó este proyecto con la colaboración de la cadena televisiva de TVE, Al Jazeera y Arte France, el cual busca profundizar en el tema que preocupa a las grandes naciones hoy en día, la contaminación electrónica.

La industrialización ha llegado a su auge, por lo que, en conjunto con la demanda incontrolable de dispositivos de última tecnología, crean esta problemática social que está inundando cada vez más al mundo en una pila de basura entre carcasas, viejas computadoras, teléfonos celulares y televisores que ya no consideramos como aptos para nuestro entretenimiento.

La investigación recorre las más grandes naciones capitalistas, como Estados Unidos, donde cada media hora una nueva idea es generada con el fin de crear un producto tecnológico que satisfaga las necesidades creadas por el mismo.

Este aspecto es expuesto al público durante los 50 minutos que dura el documental, estrenado en 2014.

El arte de la guerra, el arte de la inmadurez

Un número de personas poseen una mirada superficial de lo que ocurre en una guerra y de la problemática que conlleva tales acciones, solo ven ejércitos armados que matan personas por razones económicas, territoriales, por recursos estratégicos o por razones de poder. Algunos pretenden hacer creer que existen razones religiosas en los conflictos, pero mencionado hecho solamente es una escusa utilizada como cortina de humo, para esconder las verdaderas razones por las cuales ocurren los nombrados conflictos bélicos. Si mantenemos una mirada más profunda, nos daremos cuenta de que los conflictos bélicos son un signo de inmadurez de la actual civilización; además arrastra problemáticas muy ondas para el medio ambiente, como también para el ser humano y las distintas sociedades.

Derroche de recursos monetarios y naturales

Miles de organismos internacionales calculan los gastos de recursos monetarios y naturales militares en cifras increíblemente elevadas. Las cifras son tan altas que según organismos como el Banco Mundial, calcula que se podría haber fabricado la infraestructura de otro mundo igual que el planeta tierra. Para la mayoría le parecerá exagerado, pero es una verdad evidente.

El centro de investigación militar Sueco SIPRI, especialista en la materia, situó el gasto monetario militar mundial en 1,75 billones de dólares en el 2013. En 2012, estos gastos habían caído por primera vez desde 1998, en 0,4%, pero el año pasado el descenso global alcanzó a 1,9%, según los cálculos del Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI).

Sin embargo, los países emergentes y en vías de desarrollo, el aumento del gasto militar está en subida, por lo que este año podría aumentar el gasto militar hasta llegar a 2,0 millones de dólares, subraya en un comunicado el director de investigación de presupuestos militares del SIPRI, Sam Perlo-Freeman.

«Aunque en algunos casos se trata de la consecuencia natural del crecimiento económico o una respuesta real a necesidades de seguridad, en otros casos constituye una verdadera dilapidación de los ingresos procedentes de la explotación de recursos naturales, como ocurre en regímenes autocráticos o por la aparición de carreras armamentistas regionales», nos dice el organismo.

El calculo del gasto militar mundial realizado por nuestra organización desde 1900 hasta el 2000 basándose en documentaciones oficiales presentadas por distintos países sobre sus gastos militares, podría haber llegado a los 214 billones de dólares; tan solo en 100 años de historia de la humanidad. Si analizamos que la humanidad tiene más de 5000 años de historia conocida como civilización, en los cuales fueron construidos en relación con conflictos bélicos, la cifra de gasto monetario se vuelve incalculable.

Sumado a este problema, hay que agregarle los gastos de recursos naturales. Tomaremos como ejemplo algunos datos promedios presentados por algunos países. Estados Unidos posee 18.900 aeronaves en servicio, si tomamos en cuenta que un avión promedio pesa 12.000 kilos, nos da como resultado que se utilizaron la cantidad de 226.800.000 kilos de recursos naturales para su construcción. El total de vehículos blindados que posee es de 27.573 unidades, si tomamos en cuenta que en promedio un tanque pesa 34.000 Kilos, obtenemos como resultado que 937.509.573 Kilos utilizados en recursos naturales para su construcción promedio. En la marina se posee 521 embarcaciones, desde portaaviones hasta fragatas, una embarcación promedio pesa 8.215.000 Kilos, es decir que se utilizaron 4.280.015.521 Kilos para su elaboración.

Estos son datos promedios del armamento activo de una sola nación; hay que sumarle a estos datos otros pertrechos como municiones, bombas, misiles, la cantidad de vehículos que han sido destruidos, el armamento ya utilizado y anulado, los vehículos fuera de servicio y que se amontonan en campos de chatarra, las estructuras edilicias fabricadas para fines miliares; el combustible utilizado tanto para la construcción como en cada conflicto bélico, muestra de poder, exhibiciones militares, etc. Cifras que llegan a desquiciar a cualquier mente que piense claramente sobre una humanidad avanzada y sana.

Los recursos utilizados en el área militar, son recursos que se pierden en otras áreas como la salud, educación, industrias, etc. se calcula que con la cantidad de recursos gastados militarmente en estos últimos 50 años, se podrían haber automatizado todas las áreas de producción de elementos primarios, para la sustentabilidad de toda la civilización humana, sin necesidad del empleo de recursos humanos en los puestos de trabajo.

En un conflicto bélico, no solamente son gastados toneladas de recursos monetarios y naturales, también son destruidos un sin número de infraestructuras civiles, casas, comercios, hospitales, escuelas, edificios gubernamentales, etc. En el último ataque del Régimen Sionista a Gaza, se destruyeron aproximadamente 15.000 infraestructuras, entre ellas casas, mezquitas, hospitales, edificios gubernamentales, industrias, comercios, etc. sin embargo, otro sinnúmero de infraestructuras han sido dañadas, en total se calculan que 250.000 han quedado inutilizadas. Estas son las cifras de un solo conflicto bélico, desde el 2001 hasta la fecha se mantienen abierto más de 23 conflictos bélicos, siendo el más grave actualmente el de Iraq y Siria, la destrucción de infraestructura se cuentan por billones de dólares.

Perdida de recursos humanos

En los conflictos bélicos no solamente mueren simples personas, las víctimas en muchos casos son, técnicos, ingenieros, constructores, científicos, médicos, profesores, etc. Las cifras de muertos en Gaza fue de 2.200 personas aproximadamente, otras 11.000 han sufrido heridas de graves consideraciones, varias han quedado lisiadas, en el conflicto de Iraq, se calcula que 1.033.000 han muerto en el 2007 según estudios realizados por Globalresearch en el 2007; hoy las cifras se calculan que son alrededor de 1.400.000 personas. En el conflicto Sirio se estima que la cantidad de muertos asciende a 350.000 personas. Si tomamos en cuenta que desde el 2001 a la fecha existen 23 conflictos armados abiertos, las perdidas humanas podrían ser superiores a los 9 millones de personas.

Las perdidas de capital humano entorpecen el crecimiento de las naciones y por ende de la civilización entera; las áreas más afectadas siempre suelen ser las básicas, educación, salud, alimentación, etc. Hay que recordar que sin estas áreas básicas, cuya mayor potencia de producción es humana, puede generar catástrofes humanitarias incalculables, inclusive llevar a un país a la edad de piedra. Semejantes escenarios, al perder el potencial humano para la reconstrucción, pueden durar años, inclusive

Hay que tener en cuenta que cientos de proyectos de investigación se ven detenidos o perdidos por culpa de la matanza del capital humano, proyectos que podrían haber salvado a la humanidad de la misma contaminación generada por la carrera bélica. El mossad (agencia de inteligencia israelí) con la participación de los ocupantes estadounidenses en Irak, ha logrado hasta el momento asesinar a 350 científicos nucleares iraquíes y más de 200 profesores universitarios de los diferentes campos científicos, según un informe del Departamento de Estado de EU. Esto se puede traducir como el genocidio científico conocido más grande de los últimos años.

En nómina actualizada hasta el 14 de marzo pasado, el Comité de Solidaridad con Irak del Tribunal Bruselas precisa las circunstancias en las que fueron torturados y asesinados 141 profesores de varias instituciones y centros de enseñanza superior: universidad de Bagdad, al-Mustansiriya, Tecnológica y al Bahrein, todas de la capital iraquí: Hilla (Babilonia), Mosul (Nínive), Diwaniya (Quadisiya), Instituto Técnico, y de Basora (Basora), Saladino (Tikrit), Baquba (Diyala), Ramada (Al-Anbar), Kufa (Nayaf), Mosul (Mosul), entre otras instituciones académicas. Se calcula que gracias a estas matanzas se perdieron por lo menos 4 proyectos de energía libre que podrían haber llevado al país a un nivel de sustentabilidad energética único en el mundo.

Envenenamiento y contaminación

El ejército estadounidense es responsable de la contaminación más atroz y extendida del planeta. Aun así, esta información y los documentos que la acreditan prácticamente no se publican. A pesar de las evidencias, el impacto del ejército estadounidense sobre el medioambiente para nada es un tema tratado por las organizaciones medioambientalistas; tampoco fue el centro de ninguna de las discusiones o de las propuestas de restricciones en la reciente Conferencia sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas en Copenhague. No obstante no es el único ejército que envenena y contamina el mundo, la mayoría de las grandes potencias contribuyen a la contaminación del mundo con su maquinaria bélica.

Este impacto incluye el uso indiscriminado de combustibles fósiles, gran producción de gases de efecto invernadero y una gigantesca emisión de contaminantes radiactivos y químicos en el aire, agua y suelo. Tales compuestos causan en el ser humano y el animal un sin número de malformaciones y enfermedades terminales. Los recursos alimenticios quedan expuestos a agentes tóxicos por varios años, en algunos casos siglos.

La investigadora política Sara Flounders escribió: «De cualquier forma que se mida, el Pentágono es el más grande consumidor de productos petroleros y de energía en general. Aun así, el Pentágono sale totalmente exonerado en todos los acuerdos internacionales sobre el clima».

Los informes oficiales de Estados Unidos informan el uso militar de 320,000 barriles diarios de petróleo (50,9 millones de litros), no incluye el combustible consumido por los contratistas, o en instalaciones arrendadas o privadas, o en la producción de armas. Steve Kretzmann, director de Oil Change International, dice claramente «la guerra de Iraq fue responsable de por lo menos el equivalente a 141 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono (MMTCO2e) desde marzo de 2003 a diciembre de 2007″. Es decir que es responsable del consumo del 60% promedio mundial.

De acuerdo con Barry Sanders, autor del libro The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism (La zona verde: costos medioambientales del militarismo): «La más grande agresión contra el medioambiente, contra todos nosotros alrededor del mundo, proviene de una sola agencia: las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos». Sin embargo, esto no aparece en los informes de cambio climático, que en cierta medida, fueron utilizados como escusa para tapar una verdadera realidad, el belicismo es el verdadero generador del cambio climático.

Tal como están las cosas, el Departamento de Defensa es el contaminador más grande del mundo, produciendo desechos más peligrosos que las cinco más grandes compañías químicas de Estados Unidos juntas. Uranio empobrecido, petróleo, combustibles, pesticidas, agentes defoliantes (como el Agente Naranja, fósforo blanco), plomo, silicio, cobalto y grandes cantidades de radiación derivadas de la producción, prueba, demostraciones de fuerza y uso de armas, son solo algunos de los agentes contaminantes con los cuales el ejército estadounidense está contaminando el medio ambiente.

La mayoría de los elementos que son utilizados por la carrera bélica no son recuperados, muchos se pierden en el mar, generando desastres ecológicos y sociales a grandes escalas. En 2010, el pueblo de Guam se preparó para una militarización catastrófica, casi sin paralelo en la historia más reciente. Se podría decir que debido a la contaminación en la isla por la militarización, hoy la isla es considerada zona peligrosa para la vida humana. Estas construcciones significarán, entre otras cosas: la destrucción de mesetas de caliza arbolada y la profanación de sitios de enterramiento de unos 3.500 años; también la restricción para el acceso a áreas ricas en plantas indispensables para la práctica de la medicina indígena; la negación de acceso a lugares de culto y zonas de pesca tradicionales; la destrucción de unas 28 hectáreas de arrecife de coral florecientes, que hoy sirven de hábitat indispensable para muchas especies en peligro de extinción; y el sobre consumo de las reservas de agua de Guam, incluyendo la perforación de otros 22 pozos adicionales. Además, aumentará enormemente la probabilidad de accidentes relacionados con la actividad militar. De hecho esto ya ocurrió y derivo en grandes contaminaciones en la isla.

Conclusiones

Tales datos nos lleva a concluir que, la muestra más clara de incivilización, inhumanidad, inmadurez, falta de sabiduría, etc. comienza a relucir cuando observamos que el ser humano sigue apostando al militarismo y las carreras bélicas, siendo que son por estas mismas, que la humanidad está al borde de su propia extinción.

El ser humano debe entender que el conformismo y el silencio contra las militarizaciones de los conflictos no es una opción; debe actuar contra el sistema impuesto actualmente basado en el monetarismo y la militarización y trasladar el uso de esos recursos al ámbito social, en áreas más útiles como la educación, la salud, la alimentación, el medioambiente, etc. Es conveniente tener ejércitos para la ayuda social y medioambiental, antes que ejércitos asesinos y contaminantes. Hasta que la humanidad no entienda tales cuestiones y sobre todo que actué sobre este problema, me temo que seguiremos siendo una humanidad lisiada e impotente.

Baraka

Baraka es una película puramente visual dirigida por Ron Fricke y producida por Mark Magidson en 1992. Aunque generalmente es calificada como documental, la película pertenece a un nuevo estilo de cinematografía, cuyos máximos exponentes son Koyaanisqatsi (1982), Baraka y su secuela, Samsara (2011).

Documental filmado en 24 países que narra, en términos eminentemente visuales, aurales y musicales, la evolución de la Tierra y de la Humanidad, al mismo tiempo que señala las formas en que el ser humano se ha relacionado con su medio ambiente. La aparente fragilidad de la vida humana es contrastada con la grandeza de sus obras, al mismo tiempo que se subraya la desigual relación entre hombre y naturaleza. En medio de estos contrastes, la espiritualidad de la humanidad surge como el elemento más importante que la distingue de otras especies. En pequeños fragmentos muestra religiones, tribus, culturas enteras, lo que la hace interesante; aunque algunos argumenten que no es realmente un documental, ya que no cumple principalmente con el requisito de descripción que manejan estos filmes, es realmente uno.

El documental se centra en la visión antropológica de la relación entre Ser Humano y Ambiente. Se podría decir que es una descripción de la Era Antropogénica. Carente de palabras y con una línea temporal fragmentada, la música se ha constituido en elemento esencial de la nueva tradición documental y la banda sonora de «Baraka» no es la excepción. Las composiciones de Michael Stearns contribuyen a aumentar la intensidad con que se perciben las imágenes de la cinta, proporcionando al espectador una experiencia casi extra-sensorial.

El glifosato es carcinogénico: Autoridades reguladoras de la UE que colaboran con la industria agroquímica

Ya en 2016, planteé la cuestión en The Ecologist de sí los reguladores de la UE estaban actuando como promotores de productos cuando se trataba de revalidar la licencia del glifosato, el ingrediente activo en el herbicida Roundup de Monsanto. La renovación de la licencia para el glifosato en la UE estaba siendo debatida en ese momento y muchas pruebas apuntaban a la colusión entre los reguladores y los intereses corporativos cuyas ventas del herbicida ascienden a muchos miles de millones de dólares al año.

En ese artículo, me referí a las pruebas presentadas en varios documentos escritos por la ambientalista y activista Dra. Rosemary Mason. Ahora, tras un nuevo e importante artículo de Charles Benbrook (14 de enero) en la revista «Environmental Sciences Europe», la Dra. Mason ha presentado una queja ante el Defensor del Pueblo Europeo acusando a las agencias reguladoras europeas de ser cómplices de la industria agroquímica.

Mason ha estado escribiendo a la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA), a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y a la Comisión de la UE durante un período de 18 meses, desafiándoles sobre la clasificación de glifosato de la ECHA. Señala que muchas personas en todo el mundo han luchado por entender cómo y por qué la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos y la EFSA llegaron a la conclusión de que el glifosato no es genotóxico (perjudicial para el ADN) o cancerígeno, mientras que la agencia de lucha contra el cáncer de la Organización Mundial de la Salud, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), llegó a la conclusión contraria.

La IARC declaró que la evidencia del potencial genotóxico del glifosato es «fuerte» y que el glifosato es un probable carcinógeno humano. Mientras que la IARC solo hacía referencia a estudios e informes revisados por pares disponibles en la literatura pública, la EPA dependía en gran medida de estudios regulatorios inéditos encargados por los fabricantes de plaguicidas.

De hecho, 95 de los 151 ensayos de genotoxicidad citados en la evaluación de la EPA provenían de estudios de la industria (63%), mientras que la IARC citó el 100% de fuentes de literatura pública. Otra diferencia importante es que la EPA centró su análisis en el glifosato en su forma química pura, o «glifosato técnico». El problema es que casi nadie está expuesto al glifosato solo. Los aplicadores y el público están expuestos a formulaciones completas de herbicidas que consisten en glifosato más ingredientes añadidos (adyuvantes). Se ha demostrado repetidamente que las formulaciones son más tóxicas que el glifosato de manera aislada.

Mason señala que esto refleja las cuestiones planteadas por el Comité PEST del Parlamento Europeo, creado en respuesta a las preocupaciones planteadas por la Iniciativa Ciudadana Europea para prohibir el glifosato, y los documentos de Monsanto (documentos internos de Monsanto divulgados en litigios sobre el cáncer en los EE.UU. que revelan cómo la industria ha subvertido la ciencia).

En un paso inusual, el editor en jefe de Environmental Sciences Europe, el Prof. Henner Hollert, y su coautor, el Prof. Thomas Backhaus, hicieron una firme declaración en apoyo de la aceptación del artículo del Dr. Benbrook para su publicación. En un comentario publicado en el mismo número de la revista, escriben:

«Estamos convencidos de que el artículo proporciona nuevas perspectivas sobre por qué la EPA y la IARC de los EE.UU. han llegado a diferentes conclusiones con respecto a la carcinogenicidad del glifosato y de los GBH[herbicidas a base de glifosato]. Es una importante contribución a la discusión sobre la genotoxicidad de los GBH».

La evaluación de la IARC se basó en gran medida en estudios capaces de arrojar luz sobre la distribución de las exposiciones en el mundo real y el riesgo de genotoxicidad en las poblaciones humanas expuestas, mientras que la evaluación de la EPA puso poco o ningún peso en dicha evidencia.

Tras la evaluación de la IARC, ha habido un intento orquestado por la industria de desacreditar o incluso destruir la agencia.

Puede leer aquí – Las Autoridades Reguladoras Europeas están en connivencia con una corporación implicada en el Holocausto – el documento que Mason ha presentado al Defensor del Pueblo Europeo. Incluye toda su correspondencia reciente con varias agencias reguladoras (y sus respuestas) que describen las preocupaciones sobre la toxicidad del glifosato y algunos de los métodos que se han utilizado para mantenerlo en el mercado.

Mason también ha escrito una mordaz carta abierta al director general de Bayer, Werner Baumann. Puede leer la carta abierta aquí (Monsanto se incorporó recientemente a Bayer).

Oceans: Le mystere plastique

Generamos 275 millones de toneladas de residuos plásticos, de las que 35 millones acaban en el mar y se dispersan por todos los océanos del planeta, entrando a formar parte de sus ecosistemas. El 99% del plástico que debería estar flotando en los océanos está faltando. Incluso teniendo en cuenta el plástico que se limpia en las playas o está atrapado en el hielo ártico, millones de toneladas simplemente ha desaparecido.

Como la mayoría del plástico nunca se deteriora, simplemente se descompone en partículas cada vez más pequeñas que son invisibles para el ojo humano, lo que le sucede a este plástico del océano que falta es un misterio. En esta investigación, los científicos se embarcan en la búsqueda de los microplásticos. Pequeños, casi invisibles, tóxicos, son el hogar de un nuevo ecosistema: el plastisfera. Pero ¿dónde están? ¿Ingeridos por organismos? ¿Enterrados bajo el fondo del océano? ¿Degradados por las bacterias? ¿Y cuál es su impacto en la cadena alimentaria?

Olvídalos y volverán por más

En este documental filmado en varios países, desde Canadá hasta Argentina, se cuenta cuáles son los impactos de la megaminería como avanzada del neoliberalismo que saquea los territorios donde antes hubo agricultura, contaminando las nacientes de los ríos y explotando las montañas. ¿Cuáles son sus impactos en la salud de la población y la contaminación socio-ambiental en los territorios donde se instala? ¿Cuál es la salida que ven los pobladores frente a este problema?

Como si todo esto fuera poco, el gobierno actual, profundiza los desastres del gobierno anterior, realizando una mega-transferencia de capitales desde la población, con la Suva de los servicios públicos y la devaluación, hacia los sectores privilegiados de la economía como la quita de retenciones al sector minero, entre otros. Este trabajo invita a reflexionar y servirse de la experiencia para no seguir cometiendo errores del pasado.

“Olvídalos y volverán por más”, del Colectivo Documental Semillas, es su tercer, producción ejecutada de manera totalmente independiente (sin apoyo del INCAA). La primera fue «Sin Patrón, una Revolución Permanente», estrenada en noviembre de 2014, y la segunda, “La Jugada del Peón, el agro negocio letal”, en octubre de 2015.

Argentina’s The Bad Seeds

Las consecuencias en la salud pública de la burbuja de la soja argentina son objeto de estudio. En este documental podremos ver el lado negro del crecimiento económico en Argentina, en aquella época el mayor exportador de productos derivados de la soja del mundo. Esto le permitió ser la nación con mayor tasa de crecimiento de Sudamérica, pero el precio de esta burbuja económica ha sido muy alto.

El impulso que tuvo la soja argentina en el mercado económico, generó un gran impacto en la vida de todos los habitantes del país, debido a que la demanda de este producto trajo consigo una cantidad de consecuencias que todavía algunos no comprenden su origen y que otros, por el contrario, están utilizando a su favor.

El documental “Argentina The Bad Seeds”, titulado al español como Argentina Las Malas Semillas, fue rodado en el año 2013. Dirigido por Glenn Ellis y Guido Bilbao, también guionistas, tiene una duración de 25 minutos y fue producido en Argentina.

La cinta muestra cómo la ingeniería genética ha afectado al país debido a que los pesticidas y fertilizantes están perjudicando la salud de las personas que viven e ingieren los productos transgénicos, como es el caso de los granos de soja.

El ingrediente principal, hormona o complemento genético, es el principal causante de graves enfermedades, cáncer e incluso deformidades en los bebés recién nacidos.

El número de niños afectados en los últimos años ha incrementado debido al consumo de glifosato. El documental investiga, reúne datos y evidencias sobre esta tendencia que está afectando y destruyendo la vida de miles de personas.

Los campos de cultivo de soja están inundados de pesticidas que están perjudicando a la planta, por lo que su fruto no es apto para el consumo humano y aun así es vendido en los establecimientos y consumido a diario.

El consumo constante de estos alimentos trae grandes enfermedades, complicaciones médicas como abortos y esterilidad, que no solo te afectan a ti inmediatamente sino que también afectarán a las próximas generaciones.

Además, el incremento de las plantaciones de soja está creando una influencia muy grande en el mercado.

Plastic Planet

Plastic Planet es un impactante documental de investigación, el austríaco Werner Boote nos muestra cómo el plástico se ha convertido en una amenaza global. Sus preguntas nos conciernen a todos: ¿Por qué no modificamos nuestros hábitos de consumo? ¿Por qué la industria no reacciona ante estos aparentes peligros? ¿Quién es el responsable de las montañas de basura amontonada en mares y desiertos? ¿Quién gana en este juego? ¿Y quién pierde?

El plástico es práctico y barato. Nuestro mundo sería muy distinto sin plástico, un material que con poco más de un siglo de vida se ha hecho imprescindible y universal. Somos hijos de la Edad del plástico. Pero su uso excesivo y algunos de sus aditivos se están convirtiendo en un peligro. Las mismas cualidades que hacen de él un producto adaptable y duradero también lo convierten en una pesadilla para el medio ambiente. El plástico es capaz de mantenerse en el suelo y en el agua durante más de 500 años y puede modificar también nuestro sistema hormonal debido a los aditivos tóxicos con los que se elabora.

El film, tal y como reconoce el director no da consejos tales como: no compres más plástico, ya que eso no funciona. “Solo será un consejo eficaz si consigo que reflexiones sobre mi película y eso te sirve para gestionar un consumo más responsable del plástico. Lo que la película dice al espectador es: sé un poco más consciente cuando uses plástico, infórmate, pregunta en los establecimientos qué sustancias hay detrás del plastificado de los productos y por qué no se incluye el listado de toxinas que hay en nuestra comida”. Por eso Werner Boote recuerda que la legislación internacional manifiesta que el consumidor tiene derecho a preguntar al vendedor y que el vendedor debe informar al consumidor sobre lo que hay en los productos.

Home

Home es un documental de 2009 dirigido por el fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand. De perspectiva ecologista, la trama se desarrolla con un narrador en off sobre tomas áreas que muestra la diversidad de paisajes de la Tierra y cómo la explotación económica se han convertido en una amenaza para el equilibrio ecológico del planeta.

La película tuvo un estreno a nivel mundial en cines, se lanzó en el mercado doméstico y se subió a la plataforma YouTube bajo una licencia abierta.

El documental muestra la historia de la Tierra desde sus inicios hasta el presente. El total de la película se compone de tomas de 54 países con perspectiva aérea.

La secuencia de imágenes comienza con escenas de la naturaleza, para luego mostrar otras donde se ve el daño a los ecosistemas por el impacto de la explotación humana. Estos accidentes geográficos se «originan por un estilo de vida que destruye lo esencial para producir lo supérfluo».

En la película se pueden ver secuencias de imágenes de todo el mundo, en las cuales se puede apreciar, comentado por el narrador (Salma Hayek en la versión en español latinoamericano, Glenn Close en la versión en inglés, Juan Echanove en la versión en castellano (España)), cómo el ser humano ha maltratado y está afectando al planeta: el clima, los ecosistemas (deforestación, sobreexplotación de acuíferos, pérdida de biodiversidad, urbanización, etc.) debido a la voracidad de energía y materiales del sistema socioeconómico capitalista.

Se muestran escenas del polo petrolífero de Dubái.

Sobre el fin mismo del documental Arthus-Bertrand comentó que el objetivo no es brindar soluciones, sino exponer la problemática. Comentó que «viviríamos mejor consumiendo menos y compartiendo más»; sobre las políticas como instrumento de cambio declaró necesario «convencer a la gente para que empuje a los políticos a la acción». Una de las conclusiones del documental afirma «en 200 000 años sobre la Tierra, la humanidad ha perturbado el balance sobre el planeta. La humanidad tiene apenas diez años para revertir al tendencia».

Sobre el final se escucha la frase «es demasiado tarde para ser pesimista» y se ofrece una visión distinta.

La Contaminación y la Guerra

A veces olvidamos que la peor forma de contaminación y del deterioro del ambiente es la guerra. A menudo se silencian sus efectos, en nombre de una política mal entendida. Por eso mismo, nos interesa destacar de qué modo y hasta dónde la actividad militar puede ser contaminante, tanto en la guerra declarada como en la preparación para la guerra.

El primer efecto ambiental es el de usar -es decir, inutilizar- enormes superficies de terreno que podrían emplearse para otros fines. Como todavía pensamos en ejércitos como los de San Martín y Bolívar, nos cuesta trabajo darnos cuenta de la medida en que un ejército moderno es un enorme devorador de espacio y lo que ocurre con ese territorio.

Los ejércitos de la época de Alejandro Magno necesitaban apenas un kilómetro cuadrado para ubicar cien mil soldados. Para la misma cantidad de soldados, Napoleón necesitaba no menos de veinte kilómetros cuadrados. En la primera guerra mundial se usaron doscientos cuarenta y ocho; en la segunda guerra mundial ya eran cuatro mil kilómetros cuadrados y los ejércitos actuales requieren cincuenta y cinco mil quinientos kilómetros cuadrados por cada cien mil soldados en maniobras.

Sobre el efecto ambiental de esas maniobras, un estudio hecho en los Estados Unidos, sostiene que «con su violencia coreografiada, las fuerzas armadas destruyen grandes sectores del territorio que en un principio deberían protegen Las tierras utilizadas para juegos bélicos tienden a sufrir una grave degradación. Las maniobras destruyen la vegetación natural, perturban el hábitat natural, erosionan y condensan el suelo, sedimentan corrientes y causan inundaciones.

Los radios de bombardeo convienen el terreno en un desierto lunar marcado de cráteres. Los campos de tiro para tanques y artillería contaminan el suelo y las aguas subterráneas con plomo y otros residuos tóxicos. Algunos proyectiles antitanque, por ejemplo, contienen bastoncillos de uranio. La preparación para la guerra se parece a una política de tierra quemada contra un enemigo imaginario.

«En los frágiles entornos desérticos, pueden hacer falta miles de años para la recuperación de sistemas naturales. El desierto del sur de California sigue mostrando las cicatrices de las maniobras de tanques realizadas por el general George S. Patton a comienzos de los años cuarenta. Y aún mayores son los daños en Libia, donde los ejércitos británico y alemán tuvieron grandes enfrentamientos durante la Segunda Guerra Mundial».

La guerra del Golfo Pérsico -para dar sólo un ejemplo- provocó consecuencias ambientales muy profundas, tanto en espacios naturales como en los urbanos. Inmensos ejércitos desplazándose por los ecosistemas del desierto provocaron daños enormes sobre los suelos, la vegetación natural y la fauna.

Paradójicamente, la misma guerra suministró sus anticuerpos. Las superficies minadas son tan extensas que durante décadas nadie se atreverá a internarse en esos desiertos, lo que, al menos, no obstaculizará los mecanismos de regeneración natural.

La destrucción de las redes de aprovisionamiento de agua de las ciudades provocó epidemias a las que no se pudo hacer frente, ya que los sistemas de salud estaban desarticulados. Algunas enfermedades se difundieron por simple falta de higiene, pero otras a raíz del bombardeo a los arsenales preparados para la guerra bacteriológica.

Una perversa forma de estrategia llevó a disimular instalaciones militares en áreas urbanas o muy pobladas. Muchas de ellas fueron descubiertas por los sistemas de espionaje y bombardeadas. No hace falta insistir mucho en los efectos de esos ataques sobre la población civil: La propaganda sobre los bombardeos «quirúrgicos» no debería ser tomada demasiado en serio.

No conocemos los efectos provocados por contaminación radiactiva debidos al bombardeo de instalaciones nucleares, pero parecen haber existido, lo mismo que la dispersión de gases tóxicos al atacarse sus depósitos y fábricas.

Al iniciarse la primera guerra del Golfo, se advirtió que el eventual incendio de pozos petrolíferos podía provocar grandes nubes que impidieran la llegada de los rayos del Sol a la Tierra. Existía, se dijo, el riesgo de grandes heladas y de pérdida de cosechas por falta de fotosíntesis. Afortunadamente, el cálculo fue inexacto, el incendio de centenares de pozos de petróleo alteró el clima local, pero no llegó a afectar el clima del mundo.

Aún así, sus efectos fueron catastróficos; las enormes nubes de hidrocarburos afectaron amplias zonas. En Oriente Medio se hicieron frecuentes las lluvias negras que mataron la vegetación y contaminaron los cursos de agua y se espera un gran aumento de los casos de cáncer.

Los derrames de petróleo en el mar han llevado a la muerte de los arrecifes de coral, con la pérdida de la fauna marina asociada y la destrucción de un ecosistema que puede tardar miles de años en recuperarse.

En las guerras recientes se utilizaron proyectiles con uranio empobrecido. Se trata de un material radiactivo que tiene la ventaja desde el punto de vista militar, de ser muy pesado, con lo cual puede perforar blindajes con mayor facilidad, y que se incendia al hacer impacto. El efecto ha sido el dispersar enormes cantidades de materiales radiactivos, con las consecuencias previsibles sobre la salud humana y los ecosistemas.

La actividad militar en tiempos de paz tiene efectos menos catastróficos, pero fuertemente negativos. La forma en que los artefactos bélicos consumen recursos naturales escasos suele ser espectacular y muy poco tenida en cuenta por quienes ponen el acento en la superpoblación. Un automóvil corriente puede recorrer unos diez kilómetros por litro de combustible y un tanque Abrams M-1 anda apenas veinte metros por litro.

En una hora de marcha, ese auto gastaría unos diez litros de combustible. En el mismo lapso, el tanque consume mil cien litros, un bombardero B-52 gasta trece mil setecientos litros y un portaaviones consume veintiún mil trescientos litros de combustible. Como resultado, el Pentágono usa en un mes la misma cantidad de energía que gasta en un año todo el sistema de transporte masivo de los Estados Unidos.

Un tema del que nadie quiere hablar es qué se hace con el material bélico que termina su vida útil. Los explosivos -al igual que muchos otros productos químicos, como los antibióticos- tienen una vida útil determinada, después de lo cual ya no actúan adecuadamente. Pueden estallar antes o después de lo previsto, o no hacerlo, o explotar espontáneamente, o hacerlo con una intensidad diferente de la esperada.

Todas las fuerzas armadas y de seguridad del mundo tienen que deshacerse de la munición vencida, operativo extremadamente peligroso y, a menudo, contaminante. En ocasiones se la destruye, pero muchas veces se la venden a otros países, ocultando su calidad o la derivan para usos civiles. Ésa es una causa frecuente de accidentes cuando se emplean explosivos en la minería o para la demolición de edificios.

Con este dato, no sorprende saber que las fuerzas armadas del planeta aportan el diez por ciento del total de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Además, usan el once por ciento del cobre, el nueve por ciento del hierro, el seis por ciento del aluminio que se consume en el mundo, y así, sucesivamente, con muchos otros minerales.

«En su incesante búsqueda de proezas y preparación -dice un estudio ya citado- las fuerzas armadas están envenenando las tierras y a las gentes a las que deberían en principio proteger. Residuos tóxicos militares contaminan el agua utilizada para beber y para el riego, matan a los peces, ensucian el aire y hacen inutilizables vastas extensiones de tierras para las generaciones venideras. Después de haber sido durante décadas los vaciaderos de un caldo letal de materiales peligrosos, las bases militares son ahora para la salud, bombas de tiempo que estallan en cámara lenta».

Producir, almacenar, reparar, transportar y descartar armas convencionales, químicas y nucleares genera enormes cantidades de materias perjudiciales para la salud humana y el ambiente. Estos desechos incluyen combustibles, pinturas, disolventes, metales pesados, materiales radiactivos, pesticidas, bifenilos policlorados, cianuros, fenoles, ácidos, álcalis, propulsantes y explosivos. Las fuerzas armadas de Estados Unidos y de la ex Unión Soviética han sido durante largos años, los principales productores de desechos tóxicos del mundo.

En todos los países, el grado de secreto que rodea estas actividades dificulta el control de la contaminación. Los cambios en el mapa político del mundo y el fin de la guerra fría muestran ahora lo que se ocultó durante décadas. Tanto las bases norteamericanas en Europa Occidental como las soviéticas en Europa Oriental son puntos de muy alta contaminación, en los que se han volcado desechos tóxicos de todo tipo, se han arruinado grandes extensiones de suelos y de napas subterráneas. A punto tal que un tema político delicado es definir quién va a pagar la descontaminación de esos terrenos.

A lo anterior se agregan las enfermedades ocupacionales en el personal que trabaja en las bases militares, manipula sustancias tóxicas de uso bélico o que se desempeña en la industria de armamentos. Es este un tema del cual empieza a hablarse desde hace muy poco tiempo en otros países y aún no se ha mencionado en la Argentina.

Pero los efectos ambientales no se reducen a los provocados por los ejércitos regulares. También los movimientos guerrilleros son responsables de una intensa degradación ambiental. Por ejemplo, los grupos irregulares de Colombia han efectuado numerosos atentados a los oleoductos, para afectar la economía del país. Solamente en 1988 hubo más de medio centenar de estos atentados, con la consiguiente contaminación de suelos, de aguas superficiales y subterráneas.

Agregamos que las instalaciones militares son susceptibles de accidentes y atentados, con graves consecuencias sobre la población civil, como ocurrió en la Fábrica Militar de Río Tercero (Córdoba).

Y cuando los dos bandos actúan conjuntamente, la situación puede empeorar notablemente, como ocurrió en diversos países de América Central, donde gran parte de las tierras en las que se efectuaron combates fue arrasada. Continuos incendios, bombardeos y sabotajes fueron transformando los campos de batalla en un desierto. «El Salvador es un desastre ecológico que ya ha sucedido. Sus vecinos son desastres ecológicos en varias etapas por suceder», sostuvo el periodista Walter Anderson, de Los Angeles Times.

Pero si las guerras convencionales y aún la paz armada provocan serios impactos ecológicos, está claro que la peor situación posible se encontraría en la eventualidad de una guerra nuclear.

A lo que ya se sabía sobre los efectos de las explosiones atómicas y las radiaciones se agregaron en la década del ochenta, una serie de hipótesis sobre la forma en que una guerra atómica podría llegar a afectar el clima mundial. Las conclusiones de diversos estudios sobre este tema reforzaron, en su momento, las políticas de distensión entre el Este y el Oeste. Quedaba claro que el ganador de una guerra nuclear no podría habitar el planeta que tan duramente conquistara.

Veamos por qué.

Una gran cantidad de bombas atómicas provocaría la destrucción casi total de la capa de ozono, con los previsibles efectos devastadores sobre los que sobrevivieran. Se agrega que hoy los huecos de ozono pueden reconstruirse en un verano, pero no sabemos cuánto tiempo tardaría la recomposición completa del ozono atmosférico. ¿Podrían ser tiempos geológicos?

El conjunto de incendios y explosiones inyectaría una gran cantidad de humo y polvo en la estratosfera, la que es enormemente estable. Ese humo y polvo estarían allí durante mucho tiempo, oscureciendo la atmósfera terrestre. La temperatura descendería bajo el punto de congelación y las plantas morirían de frío o por falta de fotosíntesis. La expresión «invierno nuclear» fue el golpe final que terminó por desplazar políticamente a los belicistas de las grandes potencias. Nadie estaba dispuesto a correr ese riesgo.

Victimas de la moda

Casi todas las marcas del textil fabrican sus ropas en China, Bangladesh o India; los salarios son bajos y la legislación para proteger el medio ambiente es permisiva. Pero no solo en los países con salarios bajos los trabajadores están siendo envenenados; trabajadores del textil y consumidores en Europa también entran en contacto con peligrosas sustancias químicas y caen enfermos.

La moda es la segunda industria más contaminante del mundo después de la aérea y, sin embargo, sigue aumentando debido al auge de la “moda rápida”, que se basa en la fabricación barata, el consumo frecuente y el uso de prendas de corta duración.

En concreto, este sector produce más de 92 millones de toneladas de desechos y consume 1,5 billones de toneladas de agua al año. Así lo recoge una revisión de estudios liderada por la Universidad de Aalto (Finlandia) y publicada hoy en la revista Nature Reviews Earth & Environment.

Interceptor de The Ocean Cleanup saca 50.000 kg de plástico al día de los ríos

El Interceptor es la solución de The Ocean Cleanup, para la basura plástica de los ríos. Interceptor es una plataforma acuática recolectora de basura creada por Boyan Slat, un joven adolescente que quería cambiar las condiciones del agua de los mares.

Es la primera solución escalable para evitar que el plástico llegue a los océanos del mundo desde los ríos.

¿Quién es el joven genio Boyan Slat?

Boyan Slat (27 de julio de 1994), es un prodigioso inventor y empresario holandés que crea soluciones tecnológicas para problemas globales. Es el fundador y CEO de The Ocean Cleanup; una fundación holandesa que desarrolla sistemas avanzados para eliminar el plástico de los océanos del mundo.

Su primer diseño de la plataforma Interceptor lo realizó a la corta edad de 16 años, siendo todo un éxito comercial en el cuidado de los cauces acuíferos.

A los 18 años, Boyan ideó un concepto que utiliza las fuerzas oceánicas naturales para atrapar y concentrar pasivamente el plástico oceánico, a través del cual el tiempo de limpieza teórico podría reducirse de milenios a meros años. En febrero de 2013 abandonó sus estudios de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Técnica de Delft para comenzar la limpieza de los océanos y fundar su nueva empresa.

Como director general de The Ocean Cleanup, Boyan actualmente dirige un equipo de unas 80 personas, pero pasa la mayor parte de su tiempo en investigación e ingeniería, a través de la cual es coautor de una docena de artículos científicos y múltiples patentes de todo tipo, la mayoría de ellas para el cuidado y limpieza del ambiente.

Después de 4 años de expediciones de reconocimiento, pruebas y muchas iteraciones de diseño, el 8 de septiembre de 2018 se lanzó comercialmente el primer sistema de limpieza de océanos del mundo desde San Francisco, poco después se desplegó dentro de la Gran Mancha de Basura del Pacífico.

Describiendo el Interceptor

Alimentado 100 % por energía solar, extrae el plástico de forma autónoma por medio de sensores inteligentes y es capaz de operar en la mayoría de los ríos más contaminantes del mundo sin necesidad de que un operador este encima del mismo.

La plataforma The Ocean Cleanup ha desarrollado un nuevo proyecto en su lucha contra la basura plástica, una nueva versión de Interceptor que saca el plástico de los ríos y es capaz de atraparlo antes de que llegue hacia el océano en menor tiempo que otros métodos.

El director ejecutivo de Ocean Cleanup, Boyan Slat, afirmó que el nuevo modelo de Interceptor se usará para limpiar 1.000 de los ríos más contaminantes de plástico del mundo. Estos ríos son responsables de aproximadamente el 80% de la contaminación plástica del océano.

El Interceptor puede extraer 50.000 kg de basura al día y podría recoger hasta 100.000 kg al día en condiciones óptimas. El dispositivo está diseñado para ser respetuoso con el ambiente, no utiliza sustancias químicas que puedan contaminar las corrientes acuíferas y utiliza fuentes de energía sustentables. Sus baterías de energía solar y de iones de litio le permiten trabajar día y noche sin producir ruido ni gases contaminantes.

El Interceptor de The Ocean Cleanup ya está funcionando en dos lugares: Yakarta, Indonesia, y Klang, Malasia. Un tercer sistema se dirige a Can Tho en el delta del Mekong en Vietnam, un cuarto está destinado a la República Dominicana.

Un poco más sobre el Interceptor

Los residuos del río que fluyen con la corriente son guiados por la banda hacia la apertura del Interceptor. Gracias al diseño del catamarán del Interceptor, el camino del flujo de agua está optimizado para pasar a través del sistema, llevando el plástico a la cinta transportadora. La corriente mueve los desechos a mencionada cinta transportadora, que continuamente extrae los desechos del agua y los deposita en los depósitos del transbordador.

El transbordador distribuye automáticamente los basurales recogidos a través de seis contenedores. Utilizando los datos de los sensores, los contenedores se llenan por igual hasta que alcanzan su plena capacidad.

El Interceptor puede almacenar hasta 50m³ de basura antes de necesitar ser vaciado. Esto significa que es capaz de operar incluso en los ríos más contaminados de todo el mundo.

Cuando el interceptor está casi lleno, envía automáticamente un mensaje de texto a los operadores locales para que vengan a recoger los residuos. Los operadores entonces retiran el transbordador, lo llevan a la orilla del río, vacían los residuos, envían los desechos a las instalaciones locales de gestión de residuos, y devuelven el transbordador al Interceptor™.

El Interceptor ha sido diseñado para la producción en masa y puede ser aplicado en cualquier parte del mundo. Es escalable, por lo tanto pueden trabajar varios Interceptores a la vez, estando conectados por medio de software entre ellos.

Toda la electrónica del Interceptor, incluyendo la cinta transportadora, el transbordador, las luces, los sensores, la transmisión de datos, son alimentados por energía solar. La batería solar esta protegida por capas de aislamiento altamente resistentes, por lo que es amigable con el ambiente. Esto le otorga una autonomía al sistema para operar las 24 horas del día, los 365 días al año sin parar.

Los Interceptores están conectados a Internet, lo que nos permite reunir datos continuos de rendimiento y recolección. También permite a Interceptor notificar automáticamente a los operadores locales una vez que los contenedores están llenos. Posee un software que permite la interconexión y coordinación entre varios Interceptors a la vez, además un sistema de guía por GPS muy preciso para indicar recorridos automáticos sin necesidad de operadores. El software, además de recoger datos sobre su rendimiento y datos estadísticos, puede decidir por inteligencia artificial cuál es el mejor plan a realizar para limpiar los ríos.

Geoingeniería y modificación del clima, el nuevo capricho capitalista

Una manipulación con muchos riesgos, que genera la expectativa de no tener que cambiar el patrón de desarrollo. Pero la verdad es muy distinta a la que nos cuentan.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la geoingeniería es la manipulación deliberada a gran escala del ambiente planetario. Sus métodos pueden clasificarse en dos grupos generales: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2.

La geoingeniería es la manipulación tecnológica deliberada, a gran escala, de los sistemas de la Tierra –los océanos, los suelos y/o la atmósfera–, incluyendo los relacionados con el clima1. Sus defensores la presentan como un remedio para mitigar el cambio climático, lo cual es una visión reduccionista, que ignora la complejidad de los sistemas naturales y no tiene en cuenta los graves daños colaterales que puede generar. Al mismo tiempo, elude abordar el origen y las causas del problema del calentamiento global, que no son otras que el actual sistema global industrial capitalista.

Recientemente asistimos a una ofensiva mediática de los promotores de la geoingeniería para vender sus propuestas. Dicha ofensiva ha coincidido con la publicación el pasado 10 de febrero por parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de dos informes que recomiendan invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. Dichos informes parece ser que son resultado del estudio Geoingeniería del clima: evaluación técnica y discusión de los impactos (con un coste inicial de 630.000 dólares, financiado por la CIA y la NOAA, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de ese país)2. También en febrero de este año, la revista científica Nature ha publicado un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que piden que no solo se haga investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados “en caso de necesitarlas”3.

Tal como denuncia Rachel Smolker (de Biofuelwatch), “la gente está comprendiendo que la crisis climática va en aumento al tiempo que los líderes hacen poco o nada; los grupos en favor de la geoingeniería aprovechan la situación para promover sus manipulaciones planetarias, sus remiendos tecnológicos. Algunos de los promotores más entusiastas de la geoingeniería están vinculados o con la industria de los combustibles fósiles o con instituciones que han respaldado la postura científica que niega el cambio climático”4.

La geoingeniería incluye tecnologías tan descabelladas tales como la cubrición de grandes extensiones de desiertos con plásticos reflectantes; megaplantaciones de cultivos transgénicos con hojas reflectantes; almacenamiento de CO2 comprimido en minas abandonadas y pozos petroleros; inyección de aerosoles de sulfatos (u otros materiales, como el óxido de aluminio) en la estratosfera para bloquear la luz del sol y blanqueamiento de las nubes para reflejarla; desvío de corrientes oceánicas; fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro para incrementar el fitoplancton y, así, capturar CO2; enterrar enormes cantidades de carbón vegetal (biochar) para eliminar CO2; etc.

Los métodos de geoingeniería pueden clasificarse a grandes rasgos en dos grupos: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2. En este artículo nos centraremos en el primer grupo y, en concreto, en la SAG (Stratospheric Aerosols Geoengineering).

Manejo de la radiación solar

Las tecnologías para el manejo de la radiación solar están dirigidas a contrarrestar el efecto de los gases de efecto invernadero (GEI) reflejando la radiación de la luz solar de vuelta al espacio exterior. Incluyen técnicas como usar “contaminación reflectante” para modificar la atmósfera o bloquear la luz solar con pantallas en el espacio. Un rasgo común de todas ellas, es que no reducen la concentración de los GEI.

El manejo de la radiación solar puede ocasionar daños ambientales significativos como la liberación adicional de gases de efecto invernadero a la atmósfera, cambios en los patrones climáticos y la reducción de las lluvias; puede dañar la capa de ozono, afectar a la biodiversidad, reducir la fotosíntesis y la producción de las células fotovoltaicas; provocar inseguridad alimentaria, riesgo de aumentos bruscos de temperaturas si se detienen las actividades, con o sin intención.

La explosión del volcán Pinatubo (Filipinas, 1991) arrojó a la estratosfera 20 millones de toneladas de dióxido de azufre y por unos días disminuyó la temperatura terrestre en 0,4-0,5 ºC. Científicos como David Keith y Ken Caldeira proponen crear “volcanes artificiales” mediante la inyección de aerosoles con partículas de azufre (o de otros materiales) en la estratosfera (a una altura de al menos 20 km de la tierra), a razón de 100.000 toneladas por año, asumiendo que durarían a lo sumo 10 años5.

Bill Gates proporcionó 4,6 millones de dólares a científicos como David Keith y Ken Caldeira para investigar en geoingeniería y control climático. Nathan Myhrvord (jefe de tecnología de Microsoft) se dedica a patentar tecnologías de geoingeniería con Intelectual Ventures, con programas del manejo de la radiación solar, apoyados por la Royal Society6.

Antecedentes históricos y situación actual de la modificación climática

La pretensión de actuar intencionadamente sobre el clima tiene sus antecedentes en la utilización de métodos para producir lluvia, con orígenes en la última década del siglo XIX (cuando se registró la primera patente conocida sobre el tema) y, posteriormente, ya en 1940, cuando el meteorólogo Bernard Vonnegut descubrió que el yoduro de plata podría provocar la lluvia si había nubes.

A partir de ese momento son muchos los países que reconocen que han llevado a cabo la siembra de yoduro de plata en nubes: EE UU, Tailandia, China, Australia, Sudáfrica, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, México, España, Colombia, Venezuela, etc. En algunos casos se ha especulado sobre la relación de esta práctica con inundaciones catastróficas (Lynmouth Devon, 19527; Rapid City, 19728). En el Estado español, concretamente en la isla de Gran Canaria, se llevó a cabo entre 1984-85 y de forma intermitente hasta el 1992, un programa de investigación para incrementar las precipitaciones9, que según la prensa pudo tener relación con un episodio de inundaciones. El Estado de Israel lleva más de 40 años de modificación climática con yoduro de plata haciendo siembra de nubes para aumentar la precipitación, hasta el punto que Esperanza Aguirre fue a visitar Israel interesándose por la siembra de nubes para aumentar la lluvia en la Comunidad de Madrid10.

Desde 1974 también se han llevado en el levante ibérico cabo experimentos con yoduro de plata en el marco de la lucha contra el granizo, financiados por el Ministerio de Agricultura y Agroseguro11. Es conocido que durante el año 2008 el Gobierno chino recurrió a la modificación climática para alejar nubes durante la realización de los Juegos Olímpicos de Beijing. En 2009, 260 técnicos y 18 aeronaves aseguraron un cielo sin nubes ni lluvia el día del desfile militar del 60 aniversario de la República Popular China.

En algunas ocasiones los experimentos han tenido finalidades puramente militares. Así, un programa secreto de las fuerzas aéreas norteamericanas, hoy desclasificado, tuvo lugar en la guerra del Vietnam entre el 1966-1971. Consistió en 2.300 misiones de vuelo para hacer siembra de nubes con aerosoles de yoduro de plata para prolongar los monzones y provocar inundaciones, con el objetivo de hacer intransitable la ruta de abastecimiento Ho Chi Minh y destruir la cosecha de arroz, vital para el pueblo vietnamita.

El 10 de diciembre de 1976 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles12. A pesar de ello, no hay que olvidar que la manipulación del clima como arma de guerra ha estado en la agenda de las fuerzas militares de EE UU –y otras grandes potencias– durante décadas. En 1996, la Universidad del Aire de Alabama elaboró para la Fuerza Área de Estados Unidos un informe sobre la manipulación climática con el elocuente título El clima como multiplicador de fuerza: Poseyendo el clima en 202513.

La reconocida científica, fallecida en 2012, Rosalie Bertell confirmaba que “los científicos militares estadounidenses están trabajando en los sistemas climáticos como un arma potencial”. Los métodos incluyen la intensificación de tormentas y la desviación de ríos de vapor en la atmósfera terrestre (a 3 km) para producir sequías o inundaciones”14.

Geoingeniería e ingeniería genética: una sinergia peligrosa

Las empresas agrobiotecnológicas, de combustibles agroindustriales y de biología sintética participan en la carrera de desarrollar “cultivos climáticos” que teóricamente secuestrarían dióxido de carbono, reflejarían los rayos solares o soportarían presiones ambientales atribuibles al cambio climático, como calor extremo, sequía, radiación UV y salinidad. Así, un informe del 2008 del grupo ETC identificó 532 solicitudes de patentes sobre rasgos diseñados con ingeniería genética para adaptación al cambio climático. Las más grandes empresas químicas del mundo (BASF, Monsanto, DuPont, Dow, Bayer y Syngenta) están desarrollando “cultivos OGM climáticos”.

En 2008, BASF y Monsanto se lanzaron juntas en una empresa de riesgo compartido a financiar la investigación agrícola más cara de la historia, 1.500 millones de dólares para desarrollar cultivos “climáticos”, y en 2010 invirtieron 1.000 millones de dólares más en el desarrollo de semillas OGM listas para el cambio climático.

En octubre de 2013 Monsanto compró Climate Corp. por 930 millones de dólares. Se trata de una empresa líder en acumulación histórica de datos de cosechas ligadas los eventos meteorológicos, y que se dedicaba a los seguros meteorológicos agrarios en EE UU15.

Según un informe del ISAAA (International Service for Acquisition of Agro-biootech Applications), entre 2013-2014 en EE UU se pasó de 50.000 hectáreas del maíz tolerante a sequía Droughtgard a 250.000.

Como advierte el grupo ETC, que se produzcan industrialmente cultivos “listos para el cambio climático”, controlados por un pequeño número de empresas transnacionales apoderadas de la cadena industrial de alimentos, tendrá consecuencias muy serias tanto para el cambio climático como para la seguridad alimentaria.

Geoingeniería y modificación del clima, el nuevo capricho capitalista

Una manipulación con muchos riesgos, que genera la expectativa de no tener que cambiar el patrón de desarrollo. Pero la verdad es muy distinta a la que nos cuentan.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la geoingeniería es la manipulación deliberada a gran escala del ambiente planetario. Sus métodos pueden clasificarse en dos grupos generales: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2.

La geoingeniería es la manipulación tecnológica deliberada, a gran escala, de los sistemas de la Tierra –los océanos, los suelos y/o la atmósfera–, incluyendo los relacionados con el clima1. Sus defensores la presentan como un remedio para mitigar el cambio climático, lo cual es una visión reduccionista, que ignora la complejidad de los sistemas naturales y no tiene en cuenta los graves daños colaterales que puede generar. Al mismo tiempo, elude abordar el origen y las causas del problema del calentamiento global, que no son otras que el actual sistema global industrial capitalista.

Recientemente asistimos a una ofensiva mediática de los promotores de la geoingeniería para vender sus propuestas. Dicha ofensiva ha coincidido con la publicación el pasado 10 de febrero por parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de dos informes que recomiendan invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. Dichos informes parece ser que son resultado del estudio Geoingeniería del clima: evaluación técnica y discusión de los impactos (con un coste inicial de 630.000 dólares, financiado por la CIA y la NOAA, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de ese país)2. También en febrero de este año, la revista científica Nature ha publicado un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que piden que no solo se haga investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados “en caso de necesitarlas”3.

Tal como denuncia Rachel Smolker (de Biofuelwatch), “la gente está comprendiendo que la crisis climática va en aumento al tiempo que los líderes hacen poco o nada; los grupos en favor de la geoingeniería aprovechan la situación para promover sus manipulaciones planetarias, sus remiendos tecnológicos. Algunos de los promotores más entusiastas de la geoingeniería están vinculados o con la industria de los combustibles fósiles o con instituciones que han respaldado la postura científica que niega el cambio climático”4.

La geoingeniería incluye tecnologías tan descabelladas tales como la cubrición de grandes extensiones de desiertos con plásticos reflectantes; megaplantaciones de cultivos transgénicos con hojas reflectantes; almacenamiento de CO2 comprimido en minas abandonadas y pozos petroleros; inyección de aerosoles de sulfatos (u otros materiales, como el óxido de aluminio) en la estratosfera para bloquear la luz del sol y blanqueamiento de las nubes para reflejarla; desvío de corrientes oceánicas; fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro para incrementar el fitoplancton y, así, capturar CO2; enterrar enormes cantidades de carbón vegetal (biochar) para eliminar CO2; etc.

Los métodos de geoingeniería pueden clasificarse a grandes rasgos en dos grupos: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2. En este artículo nos centraremos en el primer grupo y, en concreto, en la SAG (Stratospheric Aerosols Geoengineering).

Manejo de la radiación solar

Las tecnologías para el manejo de la radiación solar están dirigidas a contrarrestar el efecto de los gases de efecto invernadero (GEI) reflejando la radiación de la luz solar de vuelta al espacio exterior. Incluyen técnicas como usar “contaminación reflectante” para modificar la atmósfera o bloquear la luz solar con pantallas en el espacio. Un rasgo común de todas ellas, es que no reducen la concentración de los GEI.

El manejo de la radiación solar puede ocasionar daños ambientales significativos como la liberación adicional de gases de efecto invernadero a la atmósfera, cambios en los patrones climáticos y la reducción de las lluvias; puede dañar la capa de ozono, afectar a la biodiversidad, reducir la fotosíntesis y la producción de las células fotovoltaicas; provocar inseguridad alimentaria, riesgo de aumentos bruscos de temperaturas si se detienen las actividades, con o sin intención.

La explosión del volcán Pinatubo (Filipinas, 1991) arrojó a la estratosfera 20 millones de toneladas de dióxido de azufre y por unos días disminuyó la temperatura terrestre en 0,4-0,5 ºC. Científicos como David Keith y Ken Caldeira proponen crear “volcanes artificiales” mediante la inyección de aerosoles con partículas de azufre (o de otros materiales) en la estratosfera (a una altura de al menos 20 km de la tierra), a razón de 100.000 toneladas por año, asumiendo que durarían a lo sumo 10 años5.

Bill Gates proporcionó 4,6 millones de dólares a científicos como David Keith y Ken Caldeira para investigar en geoingeniería y control climático. Nathan Myhrvord (jefe de tecnología de Microsoft) se dedica a patentar tecnologías de geoingeniería con Intelectual Ventures, con programas del manejo de la radiación solar, apoyados por la Royal Society6.

Antecedentes históricos y situación actual de la modificación climática

La pretensión de actuar intencionadamente sobre el clima tiene sus antecedentes en la utilización de métodos para producir lluvia, con orígenes en la última década del siglo XIX (cuando se registró la primera patente conocida sobre el tema) y, posteriormente, ya en 1940, cuando el meteorólogo Bernard Vonnegut descubrió que el yoduro de plata podría provocar la lluvia si había nubes.

A partir de ese momento son muchos los países que reconocen que han llevado a cabo la siembra de yoduro de plata en nubes: EE UU, Tailandia, China, Australia, Sudáfrica, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, México, España, Colombia, Venezuela, etc. En algunos casos se ha especulado sobre la relación de esta práctica con inundaciones catastróficas (Lynmouth Devon, 19527; Rapid City, 19728). En el Estado español, concretamente en la isla de Gran Canaria, se llevó a cabo entre 1984-85 y de forma intermitente hasta el 1992, un programa de investigación para incrementar las precipitaciones9, que según la prensa pudo tener relación con un episodio de inundaciones. El Estado de Israel lleva más de 40 años de modificación climática con yoduro de plata haciendo siembra de nubes para aumentar la precipitación, hasta el punto que Esperanza Aguirre fue a visitar Israel interesándose por la siembra de nubes para aumentar la lluvia en la Comunidad de Madrid10.

Desde 1974 también se han llevado en el levante ibérico cabo experimentos con yoduro de plata en el marco de la lucha contra el granizo, financiados por el Ministerio de Agricultura y Agroseguro11. Es conocido que durante el año 2008 el Gobierno chino recurrió a la modificación climática para alejar nubes durante la realización de los Juegos Olímpicos de Beijing. En 2009, 260 técnicos y 18 aeronaves aseguraron un cielo sin nubes ni lluvia el día del desfile militar del 60 aniversario de la República Popular China.

En algunas ocasiones los experimentos han tenido finalidades puramente militares. Así, un programa secreto de las fuerzas aéreas norteamericanas, hoy desclasificado, tuvo lugar en la guerra del Vietnam entre el 1966-1971. Consistió en 2.300 misiones de vuelo para hacer siembra de nubes con aerosoles de yoduro de plata para prolongar los monzones y provocar inundaciones, con el objetivo de hacer intransitable la ruta de abastecimiento Ho Chi Minh y destruir la cosecha de arroz, vital para el pueblo vietnamita.

El 10 de diciembre de 1976 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles12. A pesar de ello, no hay que olvidar que la manipulación del clima como arma de guerra ha estado en la agenda de las fuerzas militares de EE UU –y otras grandes potencias– durante décadas. En 1996, la Universidad del Aire de Alabama elaboró para la Fuerza Área de Estados Unidos un informe sobre la manipulación climática con el elocuente título El clima como multiplicador de fuerza: Poseyendo el clima en 202513.

La reconocida científica, fallecida en 2012, Rosalie Bertell confirmaba que “los científicos militares estadounidenses están trabajando en los sistemas climáticos como un arma potencial”. Los métodos incluyen la intensificación de tormentas y la desviación de ríos de vapor en la atmósfera terrestre (a 3 km) para producir sequías o inundaciones”14.

Geoingeniería e ingeniería genética: una sinergia peligrosa

Las empresas agrobiotecnológicas, de combustibles agroindustriales y de biología sintética participan en la carrera de desarrollar “cultivos climáticos” que teóricamente secuestrarían dióxido de carbono, reflejarían los rayos solares o soportarían presiones ambientales atribuibles al cambio climático, como calor extremo, sequía, radiación UV y salinidad. Así, un informe del 2008 del grupo ETC identificó 532 solicitudes de patentes sobre rasgos diseñados con ingeniería genética para adaptación al cambio climático. Las más grandes empresas químicas del mundo (BASF, Monsanto, DuPont, Dow, Bayer y Syngenta) están desarrollando “cultivos OGM climáticos”.

En 2008, BASF y Monsanto se lanzaron juntas en una empresa de riesgo compartido a financiar la investigación agrícola más cara de la historia, 1.500 millones de dólares para desarrollar cultivos “climáticos”, y en 2010 invirtieron 1.000 millones de dólares más en el desarrollo de semillas OGM listas para el cambio climático.

En octubre de 2013 Monsanto compró Climate Corp. por 930 millones de dólares. Se trata de una empresa líder en acumulación histórica de datos de cosechas ligadas los eventos meteorológicos, y que se dedicaba a los seguros meteorológicos agrarios en EE UU15.

Según un informe del ISAAA (International Service for Acquisition of Agro-biootech Applications), entre 2013-2014 en EE UU se pasó de 50.000 hectáreas del maíz tolerante a sequía Droughtgard a 250.000.

Como advierte el grupo ETC, que se produzcan industrialmente cultivos “listos para el cambio climático”, controlados por un pequeño número de empresas transnacionales apoderadas de la cadena industrial de alimentos, tendrá consecuencias muy serias tanto para el cambio climático como para la seguridad alimentaria.

Presentan 830 trabajos que prueban la toxicidad del glifosato

Se llama Antología toxicológica del glifosato y es una respuesta a la defensa que hicieran del herbicida las empresas que lo producen y el ministro de Ciencia Lino Barañao. Más de 100 de los trabajos son de universidades públicas.

Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con glifosato para que no crezca nada salvo los transgénicos.

“No hay pruebas de que el glifosato sea nocivo”, repiten una y otra vez los defensores del agro transgénico en referencia al herbicida más utilizado del mundo. “Es como agua con sal”, afirmó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Una reciente recopilación de investigaciones científicas, Antología toxicológica del glifosato, da cuenta de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta del químico y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras afecciones.

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, más de 200 millones de litros cada año. Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó el uso del glifosato, desarrollado y comercializado por Monsanto desde la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

“Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación y resúmenes de congresos que han sido objeto de publicación en revistas científicas. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos”, explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe.

De 182 páginas, se puede acceder vía Internet, cuenta con la descripción y link de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre “mecanismo de fisiopatología celular de cáncer”. El capítulo tres se dedica a “toxicidad en los sistemas orgánicos”, con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto “en la biodiversidad”, con 336 investigaciones.

“No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad”, alerta el trabajo. Y recuerda que en 1996, cuando el gobierno de Carlos Menem aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto), se aplicaban tres litros de glifosato por hectárea. En la actualidad se utilizan hasta quince litros, incluso junto a otros agrotóxicos (como el 2-4D).

La recopilación, que contó con la colaboración y edición del abogado especializado en ambiente Fernando Cabaleiro (de la organización Naturaleza de Derechos), recuerda que Monsanto publicitó “con información falsa que el glifosato era biodegradable”. En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa. Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida “es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua”.

Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.

La antología denuncia que la autorización de los agrotóxicos (llamado “fitosanitarios” por las empresas y funcionarios) se realiza con base en estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, “Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores”. Con base en ese estudio, la empresa definió que el herbicida no producía efectos adversos.

“Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores”, explica la recopilación.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) es el organismo estatal que evalúa y autoriza el uso de agrotóxicos. Es denunciado por las organizaciones socioambientales, ONG y por los propios trabajadores del Senasa de estar dominado por las grandes empresas del agronegocio. “La última revisión de seguridad ambiental e inocuidad alimentaria del glifosato en Argentina fue en el 2000. Para esa fecha no existían protocolos para evaluar los riesgos crónicos y cancerígenos”, denuncian los autores de la recopilación. Y exigen que el Senasa revalúe la autorización del glifosato, con base en estudios independientes (no de las empresas).

La guerra del fracking

El término fracking es la técnica por la cual se logra la extracción de petróleo y gas natural mediante la fracturación o perforación de los suelos hasta alcanzar los yacimientos no convencionales.

Este documental de origen argentino, con producción y guión del director Fernando Pino Solanas, el cual fue estrenado en el año 2013, muestra como la explotación de los recursos naturales en Argentina y otras partes del mundo están generando graves problemas ambientales y abusos hacia los pobladores y trabajadores que ejercen sus profesiones en la industria.

La práctica del fracking contamina de manera que al perforar el suelo, quedan residuos tóxicos químicos que contaminan el agua que se encuentra en el subsuelo, la cual es considerada como las únicas reservas existentes de agua potable que pueden salvar nuestras vidas en un futuro. Una práctica que los movimientos ecológicos y ambientalistas rechazan de plano por su alto indice de contaminación.

La producción dura 85 minutos y muestra como viaje al yacimiento petrolero de Vaca Muerta en Argentina, genera una gran preocupación debido a la recopilación de imágenes sorprendentes y testimonios de los habitantes de la zona que afirman que los niveles de contaminación han alcanzado un nivel perjudicial impresionante, afectando directamente a muchas personas y lo cual podría ser aún peor en el futuro. Las compañías que poseen estos pozos no están a favor de que se les prohiba el uso de esta técnica, ya que es una de las más efectivas para lograr extraer todos los frutos fósiles que se encuentran debajo del suelo.

¿Por qué están pulverizando en el mundo?

Why in the World are They Spraying en ingles, es un documental ilustrativo y atractivo de lo que está sucediendo en el mundo y que el 98% de la población desconoce. Proporciona explicación clara y bien apoyada en evidencias sobre las agendas relacionadas con la geoingeniería y como está misma está creando un impacto en el ambiente y el mundo.

Durante mucho tiempo me he interesado en realizar una investigación sobre este asunto y saber mas sobre las implicatorias de esta ciencia y los Chemtrails o el rocío de aerosol sintéticos, es demasiado inquietante. El documental es un gran seguimiento de lo que se esta pulverizando en el mundo y la información adicional sobre el cambio climático presentado en este documental.

Ya sea que este familiarizado con estos conceptos o no, el documental proporciona una visión convincente y apoyado por documentación gubernamental como científica de donde se dirige esta mencionada ciencia y las consecuencias relaciones que podemos experimentar, intoxicación, envenenamiento, contaminación, etc.

Si bien muchas personas sin conocimiento tildan a este tema como “teoría de la conspiración” de manera peyorativa, varios documentos clasificados que pertenecen al Pentágono y la CIA que fueron difundidos por periodistas de investigación, ponen en evidencia que es algo real y preocupante.

Asecho a la ilusión

El Director del documental “Asecho a la ilusión” es Patricio Schwaneck. En el trabajo de investigación de este audiovisual el realizador catarmarqueño nos retrotrae a la década del 90 en Argentina y a su economía liderada por mercados de capitales multinacionales.

La minería genera más de ochocientos mil millones de dólares anuales de ganancia, siendo la segunda industria económica después de la venta de armas para la guerra. Solo cinco empresas controlan todos los recursos minerales en el mundo. Todas ellas son poseedoras de yacimientos mineros en Catamarca, Argentina. Al cabo de diez años de la implantación de leyes favorables a la inversión minera y de ocho años de la instalación del más grande emprendimiento minero del país, el documental emprende la tarea de evaluar las consecuencias actuales de la minería, los costos y beneficios provocados.

Asecho a la ilusión cuenta en paralelo la historia de la minería en la Argentina y la historia de la familia Flores Salas, quienes fueron echados injustamente del lugar donde vivían a partir de la llegada del mayor emprendimiento minero del país, Minera Alumbrera.

El documental contiene la voz de las comunidades cercanas a la mina La Alumbrera, de especialistas en el tema y la reflexión propia. Además de documentos fílmicos y testimonios nunca antes vistos, que nos ubican ante la oportunidad de escuchar y analizar las razones históricas del imaginario colectivo acerca de los beneficios de la minería, su realidad actual y las consecuencias que genera.

La investigación demandó dos años de trabajo. Su registro visual sitúa al espectador en la vida cotidiana de los protagonistas, convirtiendo a este documental en un claro manifiesto ante los hechos, en el momento histórico que así lo demanda.

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