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Interceptor de The Ocean Cleanup saca 50.000 kg de plástico al día de los ríos

El Interceptor es la solución de The Ocean Cleanup, para la basura plástica de los ríos. Interceptor es una plataforma acuática recolectora de basura creada por Boyan Slat, un joven adolescente que quería cambiar las condiciones del agua de los mares.

Es la primera solución escalable para evitar que el plástico llegue a los océanos del mundo desde los ríos.

¿Quién es el joven genio Boyan Slat?

Boyan Slat (27 de julio de 1994), es un prodigioso inventor y empresario holandés que crea soluciones tecnológicas para problemas globales. Es el fundador y CEO de The Ocean Cleanup; una fundación holandesa que desarrolla sistemas avanzados para eliminar el plástico de los océanos del mundo.

Su primer diseño de la plataforma Interceptor lo realizó a la corta edad de 16 años, siendo todo un éxito comercial en el cuidado de los cauces acuíferos.

A los 18 años, Boyan ideó un concepto que utiliza las fuerzas oceánicas naturales para atrapar y concentrar pasivamente el plástico oceánico, a través del cual el tiempo de limpieza teórico podría reducirse de milenios a meros años. En febrero de 2013 abandonó sus estudios de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Técnica de Delft para comenzar la limpieza de los océanos y fundar su nueva empresa.

Como director general de The Ocean Cleanup, Boyan actualmente dirige un equipo de unas 80 personas, pero pasa la mayor parte de su tiempo en investigación e ingeniería, a través de la cual es coautor de una docena de artículos científicos y múltiples patentes de todo tipo, la mayoría de ellas para el cuidado y limpieza del ambiente.

Después de 4 años de expediciones de reconocimiento, pruebas y muchas iteraciones de diseño, el 8 de septiembre de 2018 se lanzó comercialmente el primer sistema de limpieza de océanos del mundo desde San Francisco, poco después se desplegó dentro de la Gran Mancha de Basura del Pacífico.

Describiendo el Interceptor

Alimentado 100 % por energía solar, extrae el plástico de forma autónoma por medio de sensores inteligentes y es capaz de operar en la mayoría de los ríos más contaminantes del mundo sin necesidad de que un operador este encima del mismo.

La plataforma The Ocean Cleanup ha desarrollado un nuevo proyecto en su lucha contra la basura plástica, una nueva versión de Interceptor que saca el plástico de los ríos y es capaz de atraparlo antes de que llegue hacia el océano en menor tiempo que otros métodos.

El director ejecutivo de Ocean Cleanup, Boyan Slat, afirmó que el nuevo modelo de Interceptor se usará para limpiar 1.000 de los ríos más contaminantes de plástico del mundo. Estos ríos son responsables de aproximadamente el 80% de la contaminación plástica del océano.

El Interceptor puede extraer 50.000 kg de basura al día y podría recoger hasta 100.000 kg al día en condiciones óptimas. El dispositivo está diseñado para ser respetuoso con el ambiente, no utiliza sustancias químicas que puedan contaminar las corrientes acuíferas y utiliza fuentes de energía sustentables. Sus baterías de energía solar y de iones de litio le permiten trabajar día y noche sin producir ruido ni gases contaminantes.

El Interceptor de The Ocean Cleanup ya está funcionando en dos lugares: Yakarta, Indonesia, y Klang, Malasia. Un tercer sistema se dirige a Can Tho en el delta del Mekong en Vietnam, un cuarto está destinado a la República Dominicana.

Un poco más sobre el Interceptor

Los residuos del río que fluyen con la corriente son guiados por la banda hacia la apertura del Interceptor. Gracias al diseño del catamarán del Interceptor, el camino del flujo de agua está optimizado para pasar a través del sistema, llevando el plástico a la cinta transportadora. La corriente mueve los desechos a mencionada cinta transportadora, que continuamente extrae los desechos del agua y los deposita en los depósitos del transbordador.

El transbordador distribuye automáticamente los basurales recogidos a través de seis contenedores. Utilizando los datos de los sensores, los contenedores se llenan por igual hasta que alcanzan su plena capacidad.

El Interceptor puede almacenar hasta 50m³ de basura antes de necesitar ser vaciado. Esto significa que es capaz de operar incluso en los ríos más contaminados de todo el mundo.

Cuando el interceptor está casi lleno, envía automáticamente un mensaje de texto a los operadores locales para que vengan a recoger los residuos. Los operadores entonces retiran el transbordador, lo llevan a la orilla del río, vacían los residuos, envían los desechos a las instalaciones locales de gestión de residuos, y devuelven el transbordador al Interceptor™.

El Interceptor ha sido diseñado para la producción en masa y puede ser aplicado en cualquier parte del mundo. Es escalable, por lo tanto pueden trabajar varios Interceptores a la vez, estando conectados por medio de software entre ellos.

Toda la electrónica del Interceptor, incluyendo la cinta transportadora, el transbordador, las luces, los sensores, la transmisión de datos, son alimentados por energía solar. La batería solar esta protegida por capas de aislamiento altamente resistentes, por lo que es amigable con el ambiente. Esto le otorga una autonomía al sistema para operar las 24 horas del día, los 365 días al año sin parar.

Los Interceptores están conectados a Internet, lo que nos permite reunir datos continuos de rendimiento y recolección. También permite a Interceptor notificar automáticamente a los operadores locales una vez que los contenedores están llenos. Posee un software que permite la interconexión y coordinación entre varios Interceptors a la vez, además un sistema de guía por GPS muy preciso para indicar recorridos automáticos sin necesidad de operadores. El software, además de recoger datos sobre su rendimiento y datos estadísticos, puede decidir por inteligencia artificial cuál es el mejor plan a realizar para limpiar los ríos.

Geoingeniería y modificación del clima, el nuevo capricho capitalista

Una manipulación con muchos riesgos, que genera la expectativa de no tener que cambiar el patrón de desarrollo. Pero la verdad es muy distinta a la que nos cuentan.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la geoingeniería es la manipulación deliberada a gran escala del ambiente planetario. Sus métodos pueden clasificarse en dos grupos generales: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2.

La geoingeniería es la manipulación tecnológica deliberada, a gran escala, de los sistemas de la Tierra –los océanos, los suelos y/o la atmósfera–, incluyendo los relacionados con el clima1. Sus defensores la presentan como un remedio para mitigar el cambio climático, lo cual es una visión reduccionista, que ignora la complejidad de los sistemas naturales y no tiene en cuenta los graves daños colaterales que puede generar. Al mismo tiempo, elude abordar el origen y las causas del problema del calentamiento global, que no son otras que el actual sistema global industrial capitalista.

Recientemente asistimos a una ofensiva mediática de los promotores de la geoingeniería para vender sus propuestas. Dicha ofensiva ha coincidido con la publicación el pasado 10 de febrero por parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de dos informes que recomiendan invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. Dichos informes parece ser que son resultado del estudio Geoingeniería del clima: evaluación técnica y discusión de los impactos (con un coste inicial de 630.000 dólares, financiado por la CIA y la NOAA, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de ese país)2. También en febrero de este año, la revista científica Nature ha publicado un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que piden que no solo se haga investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados “en caso de necesitarlas”3.

Tal como denuncia Rachel Smolker (de Biofuelwatch), “la gente está comprendiendo que la crisis climática va en aumento al tiempo que los líderes hacen poco o nada; los grupos en favor de la geoingeniería aprovechan la situación para promover sus manipulaciones planetarias, sus remiendos tecnológicos. Algunos de los promotores más entusiastas de la geoingeniería están vinculados o con la industria de los combustibles fósiles o con instituciones que han respaldado la postura científica que niega el cambio climático”4.

La geoingeniería incluye tecnologías tan descabelladas tales como la cubrición de grandes extensiones de desiertos con plásticos reflectantes; megaplantaciones de cultivos transgénicos con hojas reflectantes; almacenamiento de CO2 comprimido en minas abandonadas y pozos petroleros; inyección de aerosoles de sulfatos (u otros materiales, como el óxido de aluminio) en la estratosfera para bloquear la luz del sol y blanqueamiento de las nubes para reflejarla; desvío de corrientes oceánicas; fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro para incrementar el fitoplancton y, así, capturar CO2; enterrar enormes cantidades de carbón vegetal (biochar) para eliminar CO2; etc.

Los métodos de geoingeniería pueden clasificarse a grandes rasgos en dos grupos: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2. En este artículo nos centraremos en el primer grupo y, en concreto, en la SAG (Stratospheric Aerosols Geoengineering).

Manejo de la radiación solar

Las tecnologías para el manejo de la radiación solar están dirigidas a contrarrestar el efecto de los gases de efecto invernadero (GEI) reflejando la radiación de la luz solar de vuelta al espacio exterior. Incluyen técnicas como usar “contaminación reflectante” para modificar la atmósfera o bloquear la luz solar con pantallas en el espacio. Un rasgo común de todas ellas, es que no reducen la concentración de los GEI.

El manejo de la radiación solar puede ocasionar daños ambientales significativos como la liberación adicional de gases de efecto invernadero a la atmósfera, cambios en los patrones climáticos y la reducción de las lluvias; puede dañar la capa de ozono, afectar a la biodiversidad, reducir la fotosíntesis y la producción de las células fotovoltaicas; provocar inseguridad alimentaria, riesgo de aumentos bruscos de temperaturas si se detienen las actividades, con o sin intención.

La explosión del volcán Pinatubo (Filipinas, 1991) arrojó a la estratosfera 20 millones de toneladas de dióxido de azufre y por unos días disminuyó la temperatura terrestre en 0,4-0,5 ºC. Científicos como David Keith y Ken Caldeira proponen crear “volcanes artificiales” mediante la inyección de aerosoles con partículas de azufre (o de otros materiales) en la estratosfera (a una altura de al menos 20 km de la tierra), a razón de 100.000 toneladas por año, asumiendo que durarían a lo sumo 10 años5.

Bill Gates proporcionó 4,6 millones de dólares a científicos como David Keith y Ken Caldeira para investigar en geoingeniería y control climático. Nathan Myhrvord (jefe de tecnología de Microsoft) se dedica a patentar tecnologías de geoingeniería con Intelectual Ventures, con programas del manejo de la radiación solar, apoyados por la Royal Society6.

Antecedentes históricos y situación actual de la modificación climática

La pretensión de actuar intencionadamente sobre el clima tiene sus antecedentes en la utilización de métodos para producir lluvia, con orígenes en la última década del siglo XIX (cuando se registró la primera patente conocida sobre el tema) y, posteriormente, ya en 1940, cuando el meteorólogo Bernard Vonnegut descubrió que el yoduro de plata podría provocar la lluvia si había nubes.

A partir de ese momento son muchos los países que reconocen que han llevado a cabo la siembra de yoduro de plata en nubes: EE UU, Tailandia, China, Australia, Sudáfrica, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, México, España, Colombia, Venezuela, etc. En algunos casos se ha especulado sobre la relación de esta práctica con inundaciones catastróficas (Lynmouth Devon, 19527; Rapid City, 19728). En el Estado español, concretamente en la isla de Gran Canaria, se llevó a cabo entre 1984-85 y de forma intermitente hasta el 1992, un programa de investigación para incrementar las precipitaciones9, que según la prensa pudo tener relación con un episodio de inundaciones. El Estado de Israel lleva más de 40 años de modificación climática con yoduro de plata haciendo siembra de nubes para aumentar la precipitación, hasta el punto que Esperanza Aguirre fue a visitar Israel interesándose por la siembra de nubes para aumentar la lluvia en la Comunidad de Madrid10.

Desde 1974 también se han llevado en el levante ibérico cabo experimentos con yoduro de plata en el marco de la lucha contra el granizo, financiados por el Ministerio de Agricultura y Agroseguro11. Es conocido que durante el año 2008 el Gobierno chino recurrió a la modificación climática para alejar nubes durante la realización de los Juegos Olímpicos de Beijing. En 2009, 260 técnicos y 18 aeronaves aseguraron un cielo sin nubes ni lluvia el día del desfile militar del 60 aniversario de la República Popular China.

En algunas ocasiones los experimentos han tenido finalidades puramente militares. Así, un programa secreto de las fuerzas aéreas norteamericanas, hoy desclasificado, tuvo lugar en la guerra del Vietnam entre el 1966-1971. Consistió en 2.300 misiones de vuelo para hacer siembra de nubes con aerosoles de yoduro de plata para prolongar los monzones y provocar inundaciones, con el objetivo de hacer intransitable la ruta de abastecimiento Ho Chi Minh y destruir la cosecha de arroz, vital para el pueblo vietnamita.

El 10 de diciembre de 1976 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles12. A pesar de ello, no hay que olvidar que la manipulación del clima como arma de guerra ha estado en la agenda de las fuerzas militares de EE UU –y otras grandes potencias– durante décadas. En 1996, la Universidad del Aire de Alabama elaboró para la Fuerza Área de Estados Unidos un informe sobre la manipulación climática con el elocuente título El clima como multiplicador de fuerza: Poseyendo el clima en 202513.

La reconocida científica, fallecida en 2012, Rosalie Bertell confirmaba que “los científicos militares estadounidenses están trabajando en los sistemas climáticos como un arma potencial”. Los métodos incluyen la intensificación de tormentas y la desviación de ríos de vapor en la atmósfera terrestre (a 3 km) para producir sequías o inundaciones”14.

Geoingeniería e ingeniería genética: una sinergia peligrosa

Las empresas agrobiotecnológicas, de combustibles agroindustriales y de biología sintética participan en la carrera de desarrollar “cultivos climáticos” que teóricamente secuestrarían dióxido de carbono, reflejarían los rayos solares o soportarían presiones ambientales atribuibles al cambio climático, como calor extremo, sequía, radiación UV y salinidad. Así, un informe del 2008 del grupo ETC identificó 532 solicitudes de patentes sobre rasgos diseñados con ingeniería genética para adaptación al cambio climático. Las más grandes empresas químicas del mundo (BASF, Monsanto, DuPont, Dow, Bayer y Syngenta) están desarrollando “cultivos OGM climáticos”.

En 2008, BASF y Monsanto se lanzaron juntas en una empresa de riesgo compartido a financiar la investigación agrícola más cara de la historia, 1.500 millones de dólares para desarrollar cultivos “climáticos”, y en 2010 invirtieron 1.000 millones de dólares más en el desarrollo de semillas OGM listas para el cambio climático.

En octubre de 2013 Monsanto compró Climate Corp. por 930 millones de dólares. Se trata de una empresa líder en acumulación histórica de datos de cosechas ligadas los eventos meteorológicos, y que se dedicaba a los seguros meteorológicos agrarios en EE UU15.

Según un informe del ISAAA (International Service for Acquisition of Agro-biootech Applications), entre 2013-2014 en EE UU se pasó de 50.000 hectáreas del maíz tolerante a sequía Droughtgard a 250.000.

Como advierte el grupo ETC, que se produzcan industrialmente cultivos “listos para el cambio climático”, controlados por un pequeño número de empresas transnacionales apoderadas de la cadena industrial de alimentos, tendrá consecuencias muy serias tanto para el cambio climático como para la seguridad alimentaria.

Presentan 830 trabajos que prueban la toxicidad del glifosato

Se llama Antología toxicológica del glifosato y es una respuesta a la defensa que hicieran del herbicida las empresas que lo producen y el ministro de Ciencia Lino Barañao. Más de 100 de los trabajos son de universidades públicas.

Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con glifosato para que no crezca nada salvo los transgénicos.

“No hay pruebas de que el glifosato sea nocivo”, repiten una y otra vez los defensores del agro transgénico en referencia al herbicida más utilizado del mundo. “Es como agua con sal”, afirmó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Una reciente recopilación de investigaciones científicas, Antología toxicológica del glifosato, da cuenta de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta del químico y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras afecciones.

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, más de 200 millones de litros cada año. Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó el uso del glifosato, desarrollado y comercializado por Monsanto desde la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

“Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación y resúmenes de congresos que han sido objeto de publicación en revistas científicas. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos”, explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe.

De 182 páginas, se puede acceder vía Internet, cuenta con la descripción y link de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre “mecanismo de fisiopatología celular de cáncer”. El capítulo tres se dedica a “toxicidad en los sistemas orgánicos”, con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto “en la biodiversidad”, con 336 investigaciones.

“No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad”, alerta el trabajo. Y recuerda que en 1996, cuando el gobierno de Carlos Menem aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto), se aplicaban tres litros de glifosato por hectárea. En la actualidad se utilizan hasta quince litros, incluso junto a otros agrotóxicos (como el 2-4D).

La recopilación, que contó con la colaboración y edición del abogado especializado en ambiente Fernando Cabaleiro (de la organización Naturaleza de Derechos), recuerda que Monsanto publicitó “con información falsa que el glifosato era biodegradable”. En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa. Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida “es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua”.

Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.

La antología denuncia que la autorización de los agrotóxicos (llamado “fitosanitarios” por las empresas y funcionarios) se realiza con base en estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, “Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores”. Con base en ese estudio, la empresa definió que el herbicida no producía efectos adversos.

“Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores”, explica la recopilación.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) es el organismo estatal que evalúa y autoriza el uso de agrotóxicos. Es denunciado por las organizaciones socioambientales, ONG y por los propios trabajadores del Senasa de estar dominado por las grandes empresas del agronegocio. “La última revisión de seguridad ambiental e inocuidad alimentaria del glifosato en Argentina fue en el 2000. Para esa fecha no existían protocolos para evaluar los riesgos crónicos y cancerígenos”, denuncian los autores de la recopilación. Y exigen que el Senasa revalúe la autorización del glifosato, con base en estudios independientes (no de las empresas).

La guerra del fracking

El término fracking es la técnica por la cual se logra la extracción de petróleo y gas natural mediante la fracturación o perforación de los suelos hasta alcanzar los yacimientos no convencionales.

Este documental de origen argentino, con producción y guión del director Fernando Pino Solanas, el cual fue estrenado en el año 2013, muestra como la explotación de los recursos naturales en Argentina y otras partes del mundo están generando graves problemas ambientales y abusos hacia los pobladores y trabajadores que ejercen sus profesiones en la industria.

La práctica del fracking contamina de manera que al perforar el suelo, quedan residuos tóxicos químicos que contaminan el agua que se encuentra en el subsuelo, la cual es considerada como las únicas reservas existentes de agua potable que pueden salvar nuestras vidas en un futuro. Una práctica que los movimientos ecológicos y ambientalistas rechazan de plano por su alto indice de contaminación.

La producción dura 85 minutos y muestra como viaje al yacimiento petrolero de Vaca Muerta en Argentina, genera una gran preocupación debido a la recopilación de imágenes sorprendentes y testimonios de los habitantes de la zona que afirman que los niveles de contaminación han alcanzado un nivel perjudicial impresionante, afectando directamente a muchas personas y lo cual podría ser aún peor en el futuro. Las compañías que poseen estos pozos no están a favor de que se les prohiba el uso de esta técnica, ya que es una de las más efectivas para lograr extraer todos los frutos fósiles que se encuentran debajo del suelo.

¿Por qué están pulverizando en el mundo?

Why in the World are They Spraying en ingles, es un documental ilustrativo y atractivo de lo que está sucediendo en el mundo y que el 98% de la población desconoce. Proporciona explicación clara y bien apoyada en evidencias sobre las agendas relacionadas con la geoingeniería y como está misma está creando un impacto en el ambiente y el mundo.

Durante mucho tiempo me he interesado en realizar una investigación sobre este asunto y saber mas sobre las implicatorias de esta ciencia y los Chemtrails o el rocío de aerosol sintéticos, es demasiado inquietante. El documental es un gran seguimiento de lo que se esta pulverizando en el mundo y la información adicional sobre el cambio climático presentado en este documental.

Ya sea que este familiarizado con estos conceptos o no, el documental proporciona una visión convincente y apoyado por documentación gubernamental como científica de donde se dirige esta mencionada ciencia y las consecuencias relaciones que podemos experimentar, intoxicación, envenenamiento, contaminación, etc.

Si bien muchas personas sin conocimiento tildan a este tema como “teoría de la conspiración” de manera peyorativa, varios documentos clasificados que pertenecen al Pentágono y la CIA que fueron difundidos por periodistas de investigación, ponen en evidencia que es algo real y preocupante.

Asecho a la ilusión

El Director del documental “Asecho a la ilusión” es Patricio Schwaneck. En el trabajo de investigación de este audiovisual el realizador catarmarqueño nos retrotrae a la década del 90 en Argentina y a su economía liderada por mercados de capitales multinacionales.

La minería genera más de ochocientos mil millones de dólares anuales de ganancia, siendo la segunda industria económica después de la venta de armas para la guerra. Solo cinco empresas controlan todos los recursos minerales en el mundo. Todas ellas son poseedoras de yacimientos mineros en Catamarca, Argentina. Al cabo de diez años de la implantación de leyes favorables a la inversión minera y de ocho años de la instalación del más grande emprendimiento minero del país, el documental emprende la tarea de evaluar las consecuencias actuales de la minería, los costos y beneficios provocados.

Asecho a la ilusión cuenta en paralelo la historia de la minería en la Argentina y la historia de la familia Flores Salas, quienes fueron echados injustamente del lugar donde vivían a partir de la llegada del mayor emprendimiento minero del país, Minera Alumbrera.

El documental contiene la voz de las comunidades cercanas a la mina La Alumbrera, de especialistas en el tema y la reflexión propia. Además de documentos fílmicos y testimonios nunca antes vistos, que nos ubican ante la oportunidad de escuchar y analizar las razones históricas del imaginario colectivo acerca de los beneficios de la minería, su realidad actual y las consecuencias que genera.

La investigación demandó dos años de trabajo. Su registro visual sitúa al espectador en la vida cotidiana de los protagonistas, convirtiendo a este documental en un claro manifiesto ante los hechos, en el momento histórico que así lo demanda.

Sanciones a Porta Hnos

Porta Hnos

La historia de Porta Hnos es una historia de pasión por hacer y mejorar, por caminar en la ilegalidad y cubrir su contaminación publicitando eventos gubernamentales, hasta en los contextos más críticos de la historia argentina. No poseen ningún compromiso con el futuro, ni con los vecinos en el barrio, ni con las soluciones de las distintas problemáticas. Su único compromiso es con el lucro monetario y político.

En 1882 integrantes de la familia Porta llegan a Argentina desde la Lombaría, Italiana y fundan en Córdoba una fábrica de licores, aprovechando su experiencia en el arte licorista.

Cinco generaciones han pasado desde entonces, pero el espíritu emprendedor se mantiene intacto. Sin embargo este espíritu emprendedor se choca con la legalidad y comienzan a recorrer un camino oscuro.

Dicen que transforman la producción primaria de nuestra tierra en productos de valor agregado. Hacen desde productos medicinales y alimenticios hasta desarrollos biotecnológicos. Mencionan que aprovechan integralmente la materia prima para no generar residuos, 100% comprometidos con la calidad y el lucro, pero no con el entorno y el Planeta Tierra, ya que está comprobado técnicamente que su planta contamina.

Así se fueron sumando actividades a la empresa como:

  • Producción y elaboración de alcoholes.
  • Elaboración de vinagres y acetos balsámicos.
  • Fabricación de etanol y eteno.
  • Diseño y construcción de plantas de etanol.
  • Provisión de soluciones de ingeniería a otras empresas.
  • Innovaciones tecnológicas que permiten agregar valor a la producción primaria de nuestra tierra, por ejemplo agroquímicos.

La historia de Porta Hnos es una historia de pasión por hacer y mejorar, por caminar en la ilegalidad y cubrir su contaminación publicitando eventos gubernamentales, hasta en los contextos más críticos de la historia argentina. No poseen ningún compromiso con el futuro, ni con los vecinos en el barrio, ni con las soluciones de las distintas problemáticas. Su único compromiso es con el lucro monetario y político.

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