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De la servidumbre moderna

De la servidumbre moderna es un libro y un documental de 52 minutos producidos de manera totalmente independiente; el libro (y el DVD que contiene) es distribuido gratuitamente en algunos sitios alternativos de Francia y de América Latina. El texto fue creado en Jamaica en octubre de 2007 y el documental fue terminado en Colombia en Mayo de 2009. Existe de él una versión en francés, en inglés y en español. La película ha sido elaborada a partir de fragmentos malversados de películas de ficción y de documentales.

El objetivo central de esta película es poner al día la condición del esclavo moderno en el marco del sistema totalitario mercantil y dar a conocer las formas de mistificación que ocultan esta condición servil. Fue concebida bajo la única intención de atacar de frente la organización dominante del mundo. En el inmenso campo de batalla de la guerra civil mundial, el lenguaje constituye una de nuestras armas. La intención es llamar las cosas por su nombre y revelar la esencia escondida de la realidad a través de la manera como es llamada. La democracia liberal, por ejemplo, es un mito porque la organización dominante del mundo no tiene nada de democrático ni de liberal. Es, entonces, urgente sustituir el mito de la democracia liberal por su realidad concreta de sistema totalitario mercantil; se trata de divulgar esta nueva expresión a modo de una línea de pólvora dispuesta a incendiar las mentes con el desenmascaramiento de la naturaleza profunda de la dominación presente.

Algunos querrán encontrar aquí soluciones o respuestas preconcebidas del género «¿Cómo hacer la revolución?». Este no es el propósito de esta película. Se trata más bien de hacer la crítica precisa de la sociedad a la que debemos combatir. Esta película es ante todo una herramienta militante cuyo propósito es hacer que la mayoría se cuestione y que la crítica se propague allí donde no tiene acceso. Las soluciones y los elementos del programa debemos construirlos juntos a través de la práctica. No necesitamos un gurú que venga a explicarnos cómo debemos actuar: la libertad de acción debe ser nuestro rasgo característico. Quienes desean continuar siendo esclavos esperan su mesías o la obra que bastaría seguir al pie de la letra para lograr ser libre. Ya hemos visto muchas de esas obras o de esos hombres en la historia del siglo XX que se propusieron constituir la vanguardia revolucionaria y conducir al proletariado hacia la liberación de su condición; los resultados de esa pesadilla hablan por sí mismos.

Por otro lado, condenamos todas las religiones, ya que son generadoras de ilusiones que nos invitan a aceptar nuestra sórdida condición de dominados y nos mienten o des-racionalizan casi todo. Pero también condenamos toda estigmatización de cualquier religión en particular. Los adeptos del complot sionista o del peligro islamista son mentes mistificadas que confunden la crítica radical con el odio y el desdén. Solo son capaces de producir lodo. Si algunos de ellos se llaman revolucionarios es más con respecto a las revoluciones nacionales de los años 1930 – 1940 que con respecto a la verdadera revolución liberadora a la que aspiramos. La búsqueda de un chivo expiatorio, en función de su religión o de su pertenencia étnica, es vieja como la civilización y no es más que el producto de las frustraciones de aquellos que buscan respuestas rápidas y simples para el mal que nos agobia. No puede haber ambigüedad en la naturaleza de nuestra lucha. Estamos de parte de la emancipación de la humanidad entera, y en contra de toda forma de discriminación. Todo para todos es la esencia del programa revolucionario al que nosotros adherimos.

Las referencias que inspiraron este trabajo, y en general mi vida, están explícitas en esta película: Diógenes de Sinope, Etienne de la Boétie, Karl Marx y Guy Debord. No las escondo ni pretendo haber descubierto que el agua moja. Se me reconocerá simplemente el mérito de haberme servido de ella para limpiarme de la propaganda del sistema. Aquellos que dirán que esta obra no es lo suficientemente revolucionaria o realmente radical o incluso una incitación a la violencia, que propongan su propia visión del mundo en el que vivimos. Entre más difundamos estas ideas, más podrá surgir la posibilidad de un cambio radical.

La crisis económica, social y política ha revelado el fracaso patente del sistema totalitario mercantil. Una brecha se ha abierto. Ahora se trata de atreverse (lanzarse) sin miedo pero de manera estratégica. Sin embargo, hay que reaccionar rápidamente, ya que el poder, perfectamente informado sobre el estado de la radicalización de las contestaciones, prepara un ataque preventivo sin precedentes. La urgencia de los tiempos nos impone la unidad más que la división, porque lo que nos une es más profundo que lo que nos separa. Es siempre muy cómodo criticar lo que hacen las organizaciones, los individuos o los diferentes grupos inspirados por la revolución social, pero, en realidad, estas críticas provienen de la voluntad inmovilista que intenta convencernos de que nada es posible. No hay que equivocarse de enemigo. Las viejas discusiones bizantinas en el campo revolucionario deben dar lugar a la unidad de acción de todas nuestras fuerzas. Hay que dudar de todo, incluso de la duda.

El texto y la película están libres de derechos, y pueden ser copiados, difundidos y proyectados sin la menor duda. Son además gratuitos y no pueden ser vendidos ni comercializados bajo ninguna circunstancia. Sería incoherente proponer una crítica de la omnipresencia de las mercancías con otra mercancía. La lucha contra la propiedad privada, intelectual u otra, es nuestra fuerza de ataque contra la dominación presente.

Esta película, difundida por fuera de cualquier circuito legal o comercial, no puede existir sin el apoyo de las personas que organizan la difusión o la proyección. No nos pertenece, pertenece a quienes quieran tomarlo para lanzarlo a la línea de fuego.

Sobre la obsolescencia programada

Darkcrizt comentó la noticia de que muchos dispositivos dejarían de funcionar adecuadamente por no contar con certificados actualizados. Por mi parte, escribí varios artículos exteriorizando mi enojo contra Microsoft por no dejar instalar Windows 11, haciendo un análisis objetivo y mesurado de la errónea decisión de Microsoft de establecer restricciones artificiales a la instalación de Windows 11.

Dado que ambos son claros ejemplos, es un buen momento para hablar sobre la obsolescencia programada.

Concepto

La obsolescencia programada es un conjunto de estrategias deliberadas destinadas a asegurarse que la versión actual de un determinado producto quedará desfasada o inservible en un plazo de tiempo predeterminado. De esta manera, los fabricantes se aseguran que los consumidores se verán obligados a reemplazarlo aunque funcione adecuadamente.

La obsolescencia puede lograrse mediante la introducción de un modelo con características superiores o diseñando intencionadamente un producto para que deje de funcionar correctamente en un plazo determinado. En cualquiera de los dos casos, se espera que los consumidores opten por el nuevo producto de la misma marca.

Muchas veces la obsolescencia no es sobre el propio producto, sino aplicando restricciones al producto de un competidor con la ayuda de una tercera empresa.

Tipos de obsolescencia programada

Podemos dividir la obsolescencia programada en 4 tipos:

  1. Establecimiento artificial del plazo de duración

Los productos se fabrican con piezas cuya duración tienen una vida útil limitada cuando, si se usaran otras de calidad superior, ese plazo se extendería.

  1. Actualizaciones de software

Los desarrolladores de software sacan nuevas versiones de sus aplicaciones que en un momento determinado dejan de ser compatibles con dispositivos antiguos. En muchos casos se ha podido comprobar que esa incompatibilidad es absolutamente artificial, ya que al «engañar» al software este funcionaba sin problemas.

Recuerdo que tuve un PDA de la línea Palm (No recuerdo el modelo) La mía no se podía conectar a Internet, aunque el siguiente modelo (Obviamente más caro) sí. Solo tuve que descargarme los módulos que alguien amablemente subió a Internet y funcionaron sin problemas.

Otra cosa muy común que nos pasaba a los linuxeros hace una década era la cantidad de sitios que no funcionaban con Firefox y exigían Internet Explorer. Solo bastaba con cambiar la variable User Agent a «Internet Explorer» para navegar sin inconvenientes.

  1. Obsolescencia percibida

Esta es una táctica psicológica, se trata de convencer al consumidor mediante publicidad y el uso de influenciadores de que el producto que se tiene actualmente está viejo y que se necesita uno nuevo. ¿Cuántos megapíxeles necesitas en tu teléfono para sacar una buena foto de tu gato?

  1. Trabas a la reparación

Hace tiempo tuve un teléfono que estaba en las últimas. Ya no tenía botones y la pantalla táctil funcionaba como quería. Sin quererlo terminé llamando a alguien con quien no quería hablar. Como no podía cortar, abrí el teléfono para sacarle la batería, pero no pude porque estaba incorporada. Finalmente, terminé metiéndolo en el congelador para bloquear la señal.

Cuento esto, porque lo de impedir sacar la batería (Con la excusa de hacer los teléfonos más delgados) es una forma de obligar a los consumidores a recurrir a los servicios oficiales y a disuadirlos de reemplazarlas por sustitutos más económicos.

Otras tácticas son la utilización de piezas no estándar o que necesitan herramientas específicas para la reparación. Muchas veces se suele restringir el acceso a estas piezas.

Dos ejemplos de obsolescencia programada

  • Celulares cada vez más lentos: La Justicia francesa comprobó que actualizaciones de software hacían cada vez más lento el rendimiento de los modelos más viejos. La empresa le echó la culpa a las baterías, pero pagó una compensación de 27 millones de dólares. Además, rebajó los precios de sus baterías de repuesto para que los teléfonos fueran más rápidos con el nuevo software, y se comprometió a hacer más en el futuro para garantizar que los teléfonos no volvieran a ser más lentos. Con la salida de un nuevo iPhone cada año, estoy seguro de que hay algo de obsolescencia planificada en alguna parte.
  • Impresoras: Esto es algo que todos conocemos. Muchas veces nos encontramos con impresoras a precio rebajado, pero al momento de tener que comprar un cartucho de tinta nos encontramos conque este tiene un precio igual o superior a comprar una nueva. Además, se ponen restricciones a la recarga o al uso de cartuchos alternativas. Hubo denuncias de que algunos modelos dejaban de funcionar a partir de cierta cantidad de páginas impresas o cierto tiempo desde la primera impresión.

Codicia

Poder y dinero, ¿pueden hacernos felices? Nuestro deseo constante de más es parte de nuestra naturaleza humana. ¿Cuál debería ser el límite? Unos dicen que es un legado útil de la evolución; otros, que es un error en el programa genético. El viejo pecado capital de la codicia parece más actual que nunca. ¿Por qué algunos seres humanos no tienen nunca suficiente? ¿A dónde conduce tal desmesura? ¿Se puede romper el círculo vicioso de la satisfacción de las necesidades? «A las personas les gusta poseer cosas, pues les da la sensación de vivir eternamente». Son palabras del psicólogo social estadounidense Sheldon Solomon, para quien el fetichismo de la mercancía y la fiebre consumista actual son nefastos.

En la era del ego, quien no consigue satisfacer sus deseos materiales, recibe el sello de «perdedor». Pero, con una población mundial de más de 7000 millones de personas, las consecuencias del consumo de recursos desmedido son manifiestas. ¿El estado deplorable de nuestro planeta no demuestra que el «programa de la codicia», que nos ha hecho adictos a la propiedad, al estatus y al poder, toca a su fin? O, ¿es la sed de poseer un ingrediente inseparable de la naturaleza humana? Indagamos en la esencia de la codicia. Y les contamos las historias de personas, que, de forma activa, como víctimas o consumidores desenfrenados, son partes integrantes de un paulatino cambio de valores.

La educación ambiental o la educación para el desarrollo sostenible: su interpretación desde la visión sistémica-holística del concepto de medioambiente

El 90% de los problemas que hoy existen en el mundo es por culpa del modelo educativo predominante, un modelo que tiene como factor de predominancia el capitalismo. Este modelo deficiente es sistémico, individualista, competitivista y mercantilista. Está basado en la restricción del saber, la acumulación de datos, la propiedad privada y el lucro. Los resultados están a la vista, un mundo lleno de violencia, de contaminación, de destrucción del medioambiente y a punto de condenar a la raza humana a su propio aniquilamiento.

En el presente trabajo se analizan las causas del fracaso de la Educación Ambiental o la Educación para el Desarrollo Sostenible, considerando el modelo económico que predomina en la actualidad, la interpretación de la educación como un proceso, la definición sistémica del Medio Ambiente y el significado del Desarrollo Sostenible. Asimismo, se describen algunas medidas, cuya puesta en práctica, podría contribuir a crear una auténtica y eficaz Educación para el Desarrollo Sostenible.

La era del robot en el capitalismo

«The beginning of the mistake is from growing meat for the king and wine for the church»

Fukuoka

«La inteligencia artificial podría significar el fin de la raza humana»

Stephen Hawking

Ponerse apocalíptico en la “era de la tecnología” parece que está de moda y no solo porque se haya apuntado el mismísimo Stephen Hawking.

Pero juguemos a la “ciencia ficción”, imaginemos una planificación del futuro de la humanidad basada en la tecnología para acabar con la lucha de clases, ¿tendría sentido?

Algunos datos: 12,5 % de los trabajadores de la Unión Europea son pobres, en España es el 15% y en EEUU es el 25% y no ha parado de subir en los últimos años.

Otro dato curioso es el incremento de suplementos salariales y subvenciones para la supervivencia de una clase media cada vez más anoréxica. Si no existiera este suplemento salarial, un porcentaje importante de adultos con trabajos a jornada completa vivirían por debajo del umbral de la pobreza. ¿Es que el trabajo está perdiendo valor?

James Livingston, en Fuck Work afirma: “los economistas de Oxford que estudian las tendencias laborales nos dicen que casi la mitad de los trabajos existentes, incluidos los que conllevan tareas cognitivas no rutinarias (pensar, básicamente) están en peligro de muerte como consecuencia de la informatización que tendrá lugar en los próximos 20 años” y “los tipos de Silicon Valley que dan charlas TED han comenzado a hablar de excedentes humanos como resultado del mismo proceso: la producción cibernética.” Recomienda el libro Rise of the Robots (El alzamiento de los robots), 2016, al que considera un libro de ciencias sociales más que de ciencia ficción.

Habitualmente vemos noticias de cómo se están sustituyendo empleados por robots e inteligencia artificial. Y no solo el trabajo físico, según un informe de Nomura de 2015, cerca de la mitad de todos los trabajos de Japón podrían ser realizados por robots e inteligencia artificial para el 2035.

Una historia de ciencia ficción

Pues aquí nuestro argumento de una historia de ciencia ficción: Hoy la humanidad se prepara para reemplazar grandes porciones de trabajo humano por trabajo robotizado. En las próximas décadas, veríamos cómo cada vez será menos necesaria la mano de obra humana y la mente del ser humano en gran parte de los segmentos productivos.

En esta historia de ciencia ficción partiremos de la idea de que el capitalismo planea derrotar la lucha de clases destruyendo o marginando el valor del trabajo para reducir su dependencia con el capital.

La primera ofensiva para diluir el valor del trabajo estaría ligada al auge de la economía financiera frente a la economía industrial. Le siguió el aumento de la deuda como forma de ingreso negativo para aumentar el consumo. Ahora, en una nueva ofensiva, lo financiero se ha combinado con lo tecnológico para suerte un cóctel diabólico contra el valor del trabajo.

Si debido al desarrollo tecnológico no fueran necesarias grandes masas de trabajadores y el trabajo perdiera valor, nuestra primera reacción podría ser positiva: no necesitaremos trabajar tanto. Podríamos dedicarnos a actividades placenteras, artísticas, educativas, etc., o, simplemente, seguir incrementando la comunicación banal en las redes sociales.

El segundo pensamiento es siniestro: por primera vez en la historia de la humanidad hay un riesgo claro de que los capitalistas rompan la dependencia con la clase trabajadora para producir bienes y servicios, que tampoco podrán consumirlos, dado que en el esquema actual quien no trabaja no puede consumir.

Así «los ricos» podrían dedicar toda su nueva fuerza «laboral» tecnológica a construir productos de lujo para ellos mismos y más robots productivos. Alcanzarían su sueño de terminar con la lucha de clases. Además, limitarían el consumo de recursos naturales solo para sus productos de autoconsumo, “salvarían” la biósfera y dispondrían de recursos en abundancia.

Esta estrategia podría correr el riesgo de provocar una rebelión global. «Los ricos» necesitarían “paz social” y pondrían en marcha un tercer instrumento consistente en dejar una porción de sus robots y vieja maquinaria produciendo bienes de consumo elementales para mantener una clase consumidora, el “consumariato”, e instrumentar para ello planes de ingreso básico universal que mantengan ese bajo consumo de supervivencia.

La humanidad se transforma

La nueva humanidad de esta historia estaría formada por habitantes residuales y poseedores dominadores.

Imaginen una gigantesca inversión en ciencia y tecnología con un fantástico desarrollo en el ámbito privado, avances que serían propiedad de los capitalistas. Solo los más ricos tendrían los derechos de estos avances. La crionización, el trans-humanismo, la inteligencia artificial, la ingeniería genética, la biónica, las mentes transferidas a sistemas electrónicos, se crearía una “especiación” hacia «superhumanos» que podrían extinguir a la humanidad residual.

Para poner en marcha este plan necesitarían desarrollar más avances tecnológicos y, sobre todo, una enorme inversión de capital en robots y tecnología. En un momento económico en que el capital financiero se ha desinflado, con intereses negativos en varias economías importantes, los robots permitirían un «despertar» del capital.

En «Crisis y Revolución», ya vimos como «los ricos» mediante la crisis del 2008 debilitaban las clases medias en diversas partes del mundo uniformizando la explotación.

En nuestra historia de ciencia ficción, el proyecto se ha tornado aún más ambicioso: con el estandarte de la robotización de todo trabajo humano y la eliminación de partes cada vez mayores de la población mundial mediante guerras y desastres ambientales, «los ricos» no necesitarían trabajo humano, ya no necesitarían trabajadores y estos ya no tendrían con qué negociar, perdiendo de forma definitiva la lucha de clases tal como la conocemos desde los albores de la humanidad.

Y las fronteras se levantarían de nuevo de la mano del fascismo

A un proyecto de esta naturaleza no le servirían los inmigrantes, ya no sería necesaria mano de obra humana barata y tampoco controlar a los trabajadores nativos. La derecha occidental tendría que volver a levantar las fronteras y criminalizar al inmigrante, el proyecto de «los ricos», otrora globalizante, pasa a otra fase.

«Los ricos» cerrarían fronteras y estabilizarían “islas” con potencial militar para contener a los países controlados por intereses ajenos a sus planes. Así evitarían el avance de estos sobre los recursos que disfrutan.

La imposibilidad de incluir a todo el planeta en su plan, por la existencia de poderosos países no alineados, les obligaría a instrumentar el neo-fascismo. Para evitar que las democracias instalen la distribución de lo producido por los robots, se requeriría el rescate de una nueva ola fascista en los países centrales. «Los ricos» ya no necesitarían usar la “democracia”, recuperarían el fascismo.

En estos países-isla controlados por «los ricos», los pocos humanos que disfruten de serlo, evolucionarían de forma independiente y se “especiarían” (nuevas especies), junto con la selección artificial, la genética y la biónica, alcanzando cada vez más tiempo de vida y más potencial de desarrollo. Los que puedan pagarlo dispondrán de increíbles recursos de una medicina transformativa que pueda alargar considerablemente la vida. Los habitantes residuales quedarían abandonados a su suerte.

¿Cómo luchar contra este plan?

Toda historia de planes perversos tiene a los buenos que resisten.

El Software Libre permitió romper con la apropiación del conocimiento del sistema capitalista evitando la dominación a través de los sistemas de información y comunicación convirtiéndose en una forma de lucha. Se hacía necesario buscar fórmulas para acceder al cómo estaban programados los sistemas, en un mundo donde todos los procesos cotidianos comenzaban a controlarse con software. Nació el movimiento de Software Libre que permitió a miles de programadores asociarse para hacerle frente a las grandes industrias del software que trataban de apropiarse de la producción de conocimiento de sus trabajadores.

Los robots no son bienes intangibles, como el software. En ese sentido, no pueden ser libres debido a que su fabricación consume recursos finitos. Sin embargo, el plan sería que en un futuro los robots, con inteligencia artificial, se puedan fabricar a sí mismos. Si a esto se le suma que se pretenda reducir la población mundial, que se instrumente la ecología y la “salvación del planeta” para los fines de este maquiavélico proyecto, la energía y otros recursos volverían a ser abundantes dejando de ser limitantes. Así que podrían alcanzar un umbral productivo donde podrían ser prácticamente libres.

La forma de combatir este plan sería luchar por regular el concepto de propiedad de la era industrial aplicado al conocimiento. Lucha que ya fue iniciada en el siglo XX en el marco del Software Libre y el Conocimiento Libre.

Mientras los derechos de propiedad intelectuales aseguren a los poseedores de los robots el control de todo lo que estos produzcan, incluyendo más robots, sería imposible que la humanidad en conjunto partícipe de sus beneficios.

El hackeo de los robots y su posible uso por intereses favorables a la humanidad residual será fundamental en la lucha de resistencia. Habría que pensar en lograr una masa importante de robots públicos al servicio de la población general desarrollados por territorios libres o por países “gamberros”. Habría que contener la destrucción ambiental, controlando el consumismo, para poner en riesgo el proyecto de los billonarios.

Las estrategias de hackeo y acumulación política pueden ser útiles para bloquear este proyecto dominador. Los robots deben convertirse en aliados de la clase trabajadora frente a los robots enemigos de clase instrumentalizados por los capitalistas.

Todo dependería del poder relativo de los actores y de su capacidad de articular políticas. Los nuevos movimientos políticos de liberación basarían sus estrategias en la gestión del conocimiento y en la naturaleza de la propiedad de la producción de los robots para evitar la derrota en la lucha de clases. Ambas clases se disputarían el control y la regulación de los robots como medios de producción con su particular naturaleza «auto-replicante».

Cuando pensamos que iban a dominar el mundo con software, construimos el Software Libre. Hoy sería más necesario que nunca liberar las fuerzas de la robótica y la inteligencia artificial para ponerlos al servicio de toda la humanidad.

Y puestos a conspirar, habría que evitar que las futuras inteligencias artificiales se apropien de la producción de riqueza y reemplacen a la mismísima humanidad, la de «los ricos» y la de la humanidad residual, ¿verdad Stephen?

Trabajadores, jubilaciones y tecnología

Para comenzar con la nota, citamos un texto como introducción:

«Son los ahorros de millones de estadounidenses los que propician las inversiones en las nuevas tecnologías. Los fondos de pensiones son, en la actualidad, los mayores grupos de inversión en la economía nacional. Estos fondos, con más de cuatro billones de dólares, representan los ahorros de millones de trabajadores americanos. Los fondos de pensiones representan el 74% de los ahorros netos individuales, alrededor de un tercio de la totalidad de las acciones de las empresas y cerco del 40% de la totalidad de los bonos de las empresas en circulación. Los fondos de pensiones representan cerca de un tercio de la totalidad de los activos financieros de la economía de los Estados Unidos. Tan solo en 1993, estos fondos realizaron nuevas inversiones por un valor comprendido entre un billón y un billón y medio de dólares. Los activos en manos de estos fondos superan, en la actualidad, la totalidad de los activos en manos de la banca comercial de los Estados Unidos, convirtiéndolos en una formidable herramienta de inversión.

Por desgracia, los trabajadores tienen poco o nada que decir sobre cómo son invertidos sus ahorros. En consecuencia, durante más de cuarenta años, los bancos y las compañías de seguros han invertido miles de millones de dólares de los fondos de los trabajadores en nuevas tecnologías que permiten el ahorro de tiempo y mano de obra, tan solamente para eliminar los puestos de trabajo de aquellos cuyo dinero está siendo empleado».

(El fin del trabajo. Jeremy Rifkin. 1994)

El resumen es sencillo: los trabajadores han estado costeándose durante décadas su propio despido, subvencionando la investigación en tecnologías destinadas a hacerlos prescindibles, que significan la automatización de sus puestos de trabajo, con la agravante de que los beneficios económicos de los aumentos de la productividad derivados de su desempleo se han ido quedando en manos de los empresarios, es decir, de aquellos que utilizaban los fondos de pensiones de sus trabajadores para encontrar la forma de prescindir de su trabajo.

Obscenamente paradójico, ¿no?

Para quienes estéis pensando que esto que Rifkin decía en los años 90 solo es aplicable a EEUU, pensad que la tecnología tiene un ámbito global. No importa el país en el que se invente; las empresas lo aplican sin consideraciones fronterizas.

Lo curioso es que esto lleva a un posible callejón sin salida: a mayor automatización, menos trabajadores, por lo tanto, menos consumidores capaces de comprar todo lo que esas empresas automatizadas producen, así que: ¿para quién producirán? Ya estamos viendo hoy que debido a las enormes tasas de paro y a la bajada de los salarios, el consumo interno en España está completamente deprimido. ¿Nos imaginamos esta situación extendida a todo el área occidental?

¿Dónde está el problema? El problema no está en el crecimiento tecnológico que remplaza la mano de obra. Tarde o temprano casi todos los empleos serán remplazados por máquinas, haciendo del trabajo, algo obsoleto en el futuro. El problema está en el sistema capitalista, monetarista y mercantilista y en algunas de sus reglas.

Hoy en día nos basamos en formatos privativos de empresas, con estructuras democráticas piramidales, poco participativos. Por lo tanto, mientras la maquinaria remplaza al hombre, sus trabajos no son requeridos y deben ser eliminados bajo los sistemas actuales. Para complicaciones, en muchas compañías sus representantes no administran los recursos humanos capacitándolos para servir en otras áreas que requieran personal para el crecimiento de la empresa. De algo estamos seguros, los únicos que no remplazan las máquinas, son a los dirigentes de la empresa que ejecutaran medidas arbitrarias contra el personal e inclusive contra el buen funcionamiento de la empresa.

Mientras se elimina el sistema capitalista, monetarista y mercantilista y se aplica una Economía Basada En Recursos en su totalidad, como propone Proyecto Venus lo propone. Debemos pensar en proyectos intermedios utilizando algunos factores actuales, de eso se trata el método sistémico-holístico. Unas de esas alternativas intermedias para solucionar parte del problema, es sin dudas eliminar los sistemas privativos empresariales por completos y eliminar las licencias privativas. Únicamente permitir las licencias libres y de código abierto y las creaciones de cooperativas abiertas con sistemas de estatutos democráticos horizontales.

Para lograr dar los primeros pasos, hay que promocionar las patentes libres y de código abierto para ir concienciando a las personas, educándolas a la contribución y cooperación y no al individualismo propuesto por las patentes privativas. Es necesario prohibir las patentes privativas en todos los aspectos sociales, ya sea en investigaciones científicas y tecnológicas, productos y servicios, etc. Esta medida garantizará que los usuarios puedan acceder a la información de las distintas características que contiene cada producto y a sus investigaciones científicas, En base de esta acción el usuario conocerá si un producto es malo para la salud y el medio ambiente y podrá sugerir cambios para mejorar el producto. No solamente será un beneficio para la empresa, sino también para el avance de la sociedad.

Posteriormente, se puede avanzar eliminando algunas razones sociales comerciales, como por ejemplo las Sociedades Anónimas, Sociedades de Responsabilidad Limitadas, etc. Proponer prohibir que las compañías vendan las acciones a terceros, las compañías deberán repartir sus acciones por igual a sus empleados; si un empleado es echado de la compañía, lo mismo será dueño de las acciones de la compañía y podrá obtener beneficios de la empresa, también obligaciones hacia la misma y garantizara su participación dentro de la empresa. Si una empresa cierra por su quiebra, podrá recibir el pago de su liquidación para su compensación.

Seguidamente, transformar las compañías en cooperativas abiertas, bajo estatutos de democracia participativa directa o cyber democracia directa, que otorgara horizontalidad y descentralización a las decisiones y, por lo tanto, eliminara los sistemas de poder y la arbitrariedad en la cooperativa. Los sindicatos ya no serán necesarios porque no existirán medidas arbitrarias de grupos de poder, sino por la voluntad de los trabajadores en su totalidad. El empleado al no perder su poder de decisión y estar en igualdad de condiciones que otros empleados, podrá tener la libertad de capacitarse y trasladarse a otra área que sea requerido más personal para el crecimiento de la cooperativa, por si es remplazado en sus actuales funciones por una máquina. El empleado seguirá teniendo participación en la cooperativa y seguirá obteniendo beneficios de la misma y otras ventajas más.

Para que esto suceda, seguramente se necesitara actuar sobre áreas como la política, la economía y la educación social para transmitir estas ideas. Se puede concretar esto desde varios puntos, realizando acciones sociales, educación y otros que lleven estas medidas para su aprobación. Destacaré como una parte muy importante las acciones sociales, se pueden crear ONG o Fundaciones que promocionen estos cambios sociales y eduquen a la sociedad sobre las ventajas de este tipo de medidas, se pueden empezar a crear cooperativas con estas reglas que sirvan de ejemplo a otros y promover la creación de redes cooperativas para restar el poder de las empresas, se puede promover boicots económicos educativos y sociales a empresas que dañen el medio ambiente y violen los derechos de los trabajadores y los usuarios, etc.

La sociedad consumista, una sociedad enferma

Una crítica a los valores inherentes a la sociedad capitalista: Como son usados por el poder para someter la voluntad de los ciudadanos, y como afectan negativamente a millones de ciudadanos en todo el mundo, que, por unos motivos u otros, no son capaces de dar lo que el sistema espera de ellos.

El consumismo perturba la mente

En estos días que corren no es demasiado difícil encontrar argumentos para creer, de una u otra manera, que vivimos en una sociedad cada vez más enferma y deshumanizada. A poco que dediquemos unos minutos de nuestro tiempo a observar el mundo que nos rodea, los ejemplos para contrastar tal creencia fluyen a borbotones en todos los ámbitos de la vida. Pocos son ya los espacios de nuestra cotidianidad donde no podamos detectar algún síntoma de la decadencia a la que irremediablemente parece abocada nuestra civilización. En nuestras propias vivencias en las relaciones familiares e interpersonales, en las noticias trágicas que a diario invaden nuestros medios de comunicación, en el discurrir rutinario por las calles de nuestros pueblos y ciudades, en todos sitios se vislumbran síntomas de una crisis que nos conduce hacia un futuro poco esperanzador. La perdida de valores humanitarios, la inexistencia de un sentido de lo moral en el quehacer común solidario, es cada vez más una incipiente realidad que nos atropella a todos como un rodillo que no podemos esquivar y que, conducido por no se sabe bien quién o qué, pretende no dejar títere con cabeza. La triste realidad de una vida cada vez más competitiva e individualista, de un mundo cada vez más alejado de utopías emancipadoras, y de una sociedad cada vez más vuelta sobre su propio egocentrismo, se impone sobre nuestras consciencias como un proyecto de vida del cual no podemos, no queremos, o no sabemos escapar.

La sociedad de consumo

El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.

El desarrollo económico y político actual se caracteriza, según el último informe del Worldwatch, más que por la victoria del capitalismo sobre el comunismo, por el consumismo. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.

El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos. El consumo y el crecimiento económico sin fin es el paradigma de la nueva religión, donde el aumento del consumo es una forma de vida necesaria para mantener la actividad económica y el empleo. El consumo de bienes y servicios, por supuesto, es imprescindible para satisfacer las necesidades humanas, pero cuando se supera cierto umbral, que se sitúa en torno a los 7.000 euros anuales por persona, se transforma en consumismo.

En el mundo la sociedad de consumo la integran 1.728 millones de personas, el 28% de la población mundial: 242 millones viven en Estados Unidos (el 84% de su población), 349 millones en Europa Occidental (el 89% de la población), 120 millones en Japón (95%), 240 millones en China (apenas el 19% de su población), 122 millones en India (12%), 61 millones en Rusia (43%), 58 millones en Brasil (33%) y solo 34 millones en el África subsahariana (el 5% de la población). En total en los países industrializados viven 816 millones de consumidores (el 80% de la población) y 912 millones en los países en desarrollo (exclusivamente el 17% de la población del Tercer mundo).

Mientras los 1.700 millones de consumidores gastan diariamente más de 20 euros, hay 2.800 millones de personas que tienen que vivir con menos de 2 euros diarios (lo mínimo para satisfacer las necesidades más básicas) y 1.200 millones de personas viven con menos de 1 euro diario en la extrema pobreza. Mientras el estadounidense medio consume cada año 331 kilos de papel, en India usan 4 kilos y en gran parte de África menos de 1 kilo. El 15% de la población de los países industrializados consume el 61% del aluminio, el 60% del plomo, el 59% del cobre y el 49% del acero. Cifras similares podrían repetirse para todo tipo de bienes y servicios.

Consumismo y pobreza conviven en un mundo desigual, en el que no hay voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan. La clase de los consumidores comparte un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, donde los grandes supermercados y centros comerciales son las nuevas catedrales de la modernidad.

Las importantes ganancias en eficiencia se ven rápidamente absorbidas por el aumento del consumo. Las viviendas son cada vez mayores y los automóviles cada vez más potentes.

¿Por qué y para qué consumimos?

El objetivo primordial es la necesidad de supervivencia y en segundo plano el consumo por capricho o deseo de algo.

¿Necesitamos todo lo que consumimos? ¿Es lo mismo necesitar que desear?

No necesitamos todo lo que consumimos; sin embargo, en la sociedad que nos encontramos y el estado de vida que vivimos, el acto de consumir algo por deseo pasa de ser un deseo a una necesidad, tanto para relacionarnos con los demás como para pasar desapercibido. Necesitar se basa en lo mínimo que necesita una persona para sobrevivir; Y desear es un capricho de cada persona, una ilusión.

¿En las sociedades de consumo, se produce para atender las necesidades de las personas o las personas terminan necesitando todo lo que se produce?

En un principio supongo que lo esencial era abastecer a las personas productos o servicios de su necesidad, sin embargo, el mercado por fuerza ha tenido que ir mejorando e innovando para cada vez ofrecer a las personas algo nuevo. Porque las personas por naturaleza nos aburrimos con facilidad una vez que ya conocemos, o lo sabemos utilizar. Es simplemente el instinto de mejorar como ser humano aunque no siempre sea ese el buen camino.

Si fueras multimillonario. ¿Qué harías con el dinero? ¿Piensas que serías más feliz que ahora? ¿Por qué?

La mayoría de las personas lo emplearían en satisfacer sus necesidades y deseos, y los de su familia, Quizás sería más feliz por tener una tranquilidad económica.

Porque el dinero no da la verdadera felicidad, pero la disimula, ya que en el estado de sociedad en el que nos encontramos la supervivencia del individuo como persona tristemente depende y mucho de su estado económico.

¿Qué hay de las personas consumidoras?

Pondré un ejemplo, si alguien que va a comprar una computadora nos pregunta como debe ser, cuáles son las especificaciones del equipo para que sea muy rápido y nosotros siempre les decimos que entre más RAM, mejor sea el microprocesador, más espacio tenga en disco duro, que tenga compatibilidad con las últimas tecnologías en más evolución, que la computadora va a necesitar espacio para expansión, pero aquí le estamos diciendo implícitamente, compra, pero tiene por seguro que en el futuro no te va a satisfacer el rendimiento de la máquina por el software de última generación y vas a necesitar comprar más para que tu máquina funcione mejor. Es decir, nosotros mismos seguimos en este ciclo vicioso de comprar cada vez lo último, lo mejor, lo más rápido que a propósito, ¿alguien se ha dado cuenta de que antes las cosas duraban más y que parece que cada vez los componentes electrónicos son más frágiles?

Pondré otro ejemplo con los teléfonos celulares: yo tengo mi teléfono celular ladrillo tiene con un display monocromático ese teléfono es muy resistente (hasta se me ha caído de una cuarta planta sin daños, traten con un J7 o con un G3 y a ver como quedan), no lo cambio porque no tengo dinero y hasta el momento no tengo necesidad. Pero que hay de las demás personas, aquellas que pueden conseguir un teléfono inteligente (smartphone) última generación móvil que aparte de llamadas y sms, reproduce música, videos pueden tomar fotos y videos, utilizarlos como agendas y otro sin fin de opciones que les brindan este tipo de teléfonos (que más que teléfonos son como micro portátiles), y un último ejemplo, tengo un amigo que se consiguió un teléfono no tan sencillo (un Motorola F7 creo) puede hacer todo lo mencionado anteriormente le costó alrededor de 200 dólares, sin embargo, lo que él hace con dicho teléfono, es escuchar música, ver algunos videos, tomar fotos de vez en cuando (por cierto, la calidad de las fotos no es muy buena) usarla como alarma, cosas sencillas, ¡hey! No digo que esté mal, él puede hacer lo que quiera con su dinero; sin embargo, con todas las posibilidades que le ofrece un teléfono ocuparlo regularmente para esas tareas y ni siquiera considerar sacarle más potencial al teléfono, ciertamente si me parece un desperdicio de recursos, pero bueno, estoy seguro de que si pudiera me compraría uno pero por cuestiones de tener un teléfono bonito y poder mostrárselo a alguno de mis amigos… mmm… Mostrar mi teléfono a mis amigos… y así ellos compran uno mejor para decir que tienen lo último… y luego yo… y… ¿Otra vez el ciclo vicioso?, alguien debe de comenzar a cambiar eso. Ese alguien debemos de ser nosotros, como detener o en lentecer este ciclo para darnos cuenta de que no tiene sentido, es decir, dejar de ser consumistas irracionales que cada que sale un nuevo producto corremos a comprarlo.

Conclusión

El consumismo en la sociedad actual es ¿un problema, una enfermedad o simplemente algo que está a la moda?

Actualmente, todas las personas de la sociedad compran y compran; todo por una satisfacción personal y algunos que otros por necesidad.

Es muy importante conocer mejor acerca de esta problemática que del consumismo pues cada día se vuelve más fuerte en la sociedad.

Existen varios factores que influyen e inducen a la compra y uno de ellos son los avances tecnológicos y la publicidad. El avance tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos.

Es necesario tomar conciencia y controlar esta situación, saber cuanto y que debemos comprar y no caer a la tentación de comprar sin necesidad de hacerlo pues es el primer paso para ser parte de los consumidores compulsivos.

Hoy es necesario un nuevo paradigma basado en la sostenibilidad, lo que supone satisfacer todas las necesidades básicas de todas las personas, y controlar el consumo antes de que este nos controle. Entre las medidas más inmediatas hay que eliminar las subvenciones que perjudican el medio ambiente (850.000 millones de dólares anuales que incentivan el consumo de agua, energía, plaguicidas, pescado, productos forestales y el uso del automóvil), realizar una profunda reforma ecológica de la fiscalidad, introducir criterios ecológicos y sociales en todas las compras de bienes y servicios de las administraciones públicas, nuevas normas y leyes encaminadas a promover la durabilidad, la reparación y la «actualización» de los productos en lugar de la obsolescencia programada, programas de etiquetado y promoción del consumo justo. Y todo ello dentro de una estrategia de «des-materialización» de la economía, encaminada a satisfacer las necesidades sin socavar los pilares de nuestra existencia.

El colapso de la civilización tiene aroma de consumismo y capitalismo

El consumismo es la peor de las adicciones por el daño al planeta y la violencia que realizan sus impulsores, los empresarios.

Es tan institucional que se lo hecho benéfico, legal y socialmente normal y deseable.

En la historia ha estado largo tiempo. El robo de tierras y trabajo indígena de los europeos durante la conquista de América fue por consumo.

Pero nunca fue antes tan masivo y final para el futuro en la Tierra.

El consumismo es socio de la explotación brutal del medio ambiente tras materias primas. La civilización de los empresarios contamina el aire y el agua, cambia el clima, extingue especies siempre por producir bienes para vender a consumidores.

La humanidad necesita casas, alimentos, ropas, medicamentos, cultura, entretenciones y debe ir a la naturaleza. Miles de millones de personas no lo consiguen. Pero miles de millones compran de un modo desmedido, irracional; no solo el 1%.

Por primera vez en la historia, 3.800 millones de personas, la mitad de la población mundial, vive en hogares que ganan lo suficiente como para ser considerados de clase media o millonarios. A “cada segundo, cinco personas son de clase media”. Eso sí, la otra mitad del planeta, es decir, 3.800 millones de personas, son pobres. Según el diario Financial Times, se proyecta que la clase media crezca hasta alcanzar los 5.300 millones en 2030.

La Tercera.

El consumismo, es una fuerza oscura que modela desde arriba y el lado la vida de los pueblos.

La inseguridad de los mexicanos, solo un ejemplo, proviene del consumismo de presidentes, militares, policías, narcos, jueces, que constituyen el crimen organizado. Sin dinero a cambio para comprar objetos inútiles no participarían.

Se ha vendido uno; la segunda unidad está en una muestra de un evento privado en Los Angeles, y el tercero está siendo embotellado para su próximo dueño. Le Monde sur Mesure es el nombre del perfume. Vale US$1,5 millones. El envase lleva incrustaciones de oro y otras joyas, y tiene que ser entregado con un jet privado y todo un despliegue de seguridad para su protección. Además de pesar un poco más de dos kilos, cada una viene con un brazalete de 18 quilates de regalo para la persona que lo adquiera.

Emol.

Una isla flotante artificial para veranear o vivir un tiempo prolongado, equipada con su propia playa, piscina, discoteca, cine, salones de belleza y de masaje, jacuzzi con piso transparente, un ‘penthouse’ a 80 metros de altura e incluso una minijungla. Un proyecto de la compañía austriaca Migaloo Private Submarines. La plataforma mide 117 por 78 metros y puede desplazarse a una velocidad de 15 kilómetros por hora.

RT.

Algo hay que hacerle al planeta y la sociedad para acceder a estos consumos. Que son de muy pocos pero los miles de millones de sectores medios adquieren más abajo autos, casas grandes, viajes lejanos, ropas caras… Estilos de vidas sin pensar en el futuro y las otras especies hermanas.

El negocio para proveer a los consumistas es el más violento que existe, usa la guerra.

Al menos cuatro de cada 10 conflictos internos en diferentes países, en los últimos 60 años, han tenido relación con la explotación de los recursos naturales, tanto por su valor, como la madera, los diamantes, el oro, los minerales o el petróleo; como por su escasez, como la tierra fértil y el agua (ONU Medio Ambiente).

El Ciudadano.

El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó el martes ante el Consejo de Seguridad de esta organización de que el cambio climático puede aumentar el riesgo de guerras por el control de recursos naturales. «La explotación de recursos naturales, o la competencia por ellos, puede y lleva a conflictos violentos…». Según estudios de la ONU, más del 40 por ciento de los conflictos armados internos en los últimos 60 años han estado vinculados a recursos naturales.

La Vanguardia, Rebelión.

Documentos oficiales recientemente desclasificados han revelado planes ideados en la década de 1960 por EE.UU. para «destruir a la Unión Soviética y a China como sociedades viables» mediante ataques nucleares destinados a eliminar el potencial industrial soviético y aniquilar a la mayoría de los habitantes en ambos países.

RT.

La irrupción de la nueva civilización de recursos en declinación cambiará esa adicción, pero la actitud y conducta de moderación en la naturaleza puede realizarse desde ahora junto a una actividad social colectiva.

Por un Movimiento para una NUEVA CIVILIZACIÓN solidaria, voluntaria y sustentable.

Victimas de la moda

Casi todas las marcas del textil fabrican sus ropas en China, Bangladesh o India; los salarios son bajos y la legislación para proteger el medio ambiente es permisiva. Pero no solo en los países con salarios bajos los trabajadores están siendo envenenados; trabajadores del textil y consumidores en Europa también entran en contacto con peligrosas sustancias químicas y caen enfermos.

La moda es la segunda industria más contaminante del mundo después de la aérea y, sin embargo, sigue aumentando debido al auge de la “moda rápida”, que se basa en la fabricación barata, el consumo frecuente y el uso de prendas de corta duración.

En concreto, este sector produce más de 92 millones de toneladas de desechos y consume 1,5 billones de toneladas de agua al año. Así lo recoge una revisión de estudios liderada por la Universidad de Aalto (Finlandia) y publicada hoy en la revista Nature Reviews Earth & Environment.

Comprar, tirar, comprar

Comprar, tirar, comprar, es el título de un documental dirigido por la alemana Cosima Dannoritzer, sobre obsolescencia programada, es decir, la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo.

El documental comienza cuando Marcos se da cuenta de que una pieza de su impresora falla y de como en todos los establecimientos a los que acude le recomiendan comprar una nueva. Si hubiese aceptado, hubiera sido otra de las víctimas de la obsolescencia programada, el motor secreto de nuestra sociedad de consumo, pero sin embargo intenta arreglarlo y descubre un vídeo que explica que el fallo de su impresora fue provocado por un microchip contador explicándonos al final como consiguió repararlo.

Toda esta historia de la obsolescencia programada comenzó con las bombillas. En el 1924, se crea Phoebus, que controlaba toda la producción de bombillas e ideaba un plan para sostener a la economía, bajando la vida útil de las bombillas a 1.000 horas multando severamente a los fabricantes del cartel que no cumplieran esa norma. Para mantenerse en la sombra, iban cambiando de nombre continuamente.

También nos habla de las linternas, fabricadas para que la bombilla y la pila duren lo mismo y del Ford T, que era un coche rudo, pero fiable y de como los de Chevrolet, salen con unos coches más bonitos pero menos fiables, vendiendo muchos más. Además nos cuenta como tras el crack del 29, Bernard London se opone al New Deal con un sistema de obsolescencia programada obligatoria, pero nunca se llevó a la práctica, sino que apareció unos años después la obsolescencia percibida, en la que se persuade al cliente a comprar algo que no necesita, pero “sin obligarle”. Sigue narrando varios ejemplos como el de las medias Dupont, creadas con un nailon muy resistente, pero que enseguida se vuelven a fabricar frágiles.

En lo que respecta a la lucha contra la obsolescencia programada, destacan los hermanos Neistat, que fueron por las calles tachando a los de Apple de diseñar las baterías para fallar. Un grupo genera una demanda colectiva, pero al final no se lleva a juicio, sin embargo ambas partes llegan a un acuerdo donde Apple se dedicará a ofrecer servicios de reemplazo y ampliar la garantía de los productos. Casi al final del documental nos comenta sobre el desecho ilegal de los residuos en Ghana, de como venden productos de segunda mano cuando no funcionan y de como algunos luchadores como Mike Anane, que etiqueta los residuos por origen para llevarlo a juicio, intentan parar este sistema de economía. El documental termina con las nuevas propuestas de economía sostenible y con el decrecimiento, para los más radicales.

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