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Baraka

Baraka es una película puramente visual dirigida por Ron Fricke y producida por Mark Magidson en 1992. Aunque generalmente es calificada como documental, la película pertenece a un nuevo estilo de cinematografía, cuyos máximos exponentes son Koyaanisqatsi (1982), Baraka y su secuela, Samsara (2011).

Documental filmado en 24 países que narra, en términos eminentemente visuales, aurales y musicales, la evolución de la Tierra y de la Humanidad, al mismo tiempo que señala las formas en que el ser humano se ha relacionado con su medio ambiente. La aparente fragilidad de la vida humana es contrastada con la grandeza de sus obras, al mismo tiempo que se subraya la desigual relación entre hombre y naturaleza. En medio de estos contrastes, la espiritualidad de la humanidad surge como el elemento más importante que la distingue de otras especies. En pequeños fragmentos muestra religiones, tribus, culturas enteras, lo que la hace interesante; aunque algunos argumenten que no es realmente un documental, ya que no cumple principalmente con el requisito de descripción que manejan estos filmes, es realmente uno.

El documental se centra en la visión antropológica de la relación entre Ser Humano y Ambiente. Se podría decir que es una descripción de la Era Antropogénica. Carente de palabras y con una línea temporal fragmentada, la música se ha constituido en elemento esencial de la nueva tradición documental y la banda sonora de «Baraka» no es la excepción. Las composiciones de Michael Stearns contribuyen a aumentar la intensidad con que se perciben las imágenes de la cinta, proporcionando al espectador una experiencia casi extra-sensorial.

La conducta humana

Muchos han oído hablar de la naturaleza humana, una teoría filosófica falaz que ya fue refutada por la ciencia. La realidad es que no existe algo llamado naturaleza humana, existe el comportamiento o conducta humana. Explicaremos algunas nociones básicas para que el lector entienda de que se trata.

Interesantes conceptos básicos

A partir del momento en que un ser humano nace, se encuentra inserto en un medio ambiente social y en un medio ambiente natural. Desde ese momento y aun durante toda su vida, estará en constante relación con dicho medio.

De este modo el ambiente lo influirá, lo estimulará. Cada objeto que toque, la forma en que lo alimenten y cuiden, los seres que entren en contacto con él, le mostrarán al niño las características del mundo en que nació. Ese medio puede ser hostil o amigable, rudimentario o tecnificado, indiferente o protector.

Pero en esta relación, no se manifiesta el sujeto como elemento pasivo; no recibe las influencias sin reacción alguna. Por el contrario, el sujeto reacciona, elige cosas, rechaza otras, e incluso modifica el medio de acuerdo con sus necesidades. Es decir, se manifiesta como sujeto actuante:

Esta relación entre el sujeto y el ambiente es, entonces, bidireccional: el, medio influye sobre el hombre y éste selecciona, rechaza y aun modifica o transforma el medio. Se presenta, por lo tanto, bajo la forma de interacción.

Así, durante el transcurso de su vida, el hombre es modificado por el medio, el que a su vez, lo modifica. Esta interacción presenta dos momentos:

  1. Las características que poseemos, nuestra manera de comportarnos, nuestros gustos y preferencias, dependen del ambiente en que nacimos: de haber ocurrido esto en otro tiempo o lugar, nuestra manera de pensar o de sentir serían muy distintas. Estas variaciones se dan aun dentro de las diversas zonas de nuestro país; por ejemplo: el niño de la Patagonia, que debe recorrer varias leguas a pie para llegar a la escuela, recoge influencias muy distintas a las del niño de la ciudad, que viaja en subterráneo, trenes, utiliza escaleras mecánicas, etc.
  2. Por otro lado, el hombre se manifiesta como activo transformador del medio, adaptándolo a sus necesidades. Al mirar un paisaje ve la mano del hombre como transformador de la naturaleza. Crea un mundo social y cultural que, además, modifica a lo largo de la evolución histórica.

En esa interacción o intercambio, las acciones del hombre se manifiesta como una búsqueda de equilibrio entre sus necesidades y las posibilidades que le brinda el medio. El equilibrio que logra es dinámico; una vez logrado, se rompe, restableciéndose luego a través de nuevas acciones.

¿Que es la conducta?

Las conductas son las acciones del hombre en relación con el medio, manifestándose como una búsqueda de equilibrio; por ellas se integran nuestras necesidades con las posibilidades que nos presenta el medio. Dichas acciones no son siempre visibles desde el exterior, sino que se manifiestan de dos dimensiones: la exterior y la interior. La dimensión exterior se refiere a las conductas observables, tales como, una expresión de júbilo. La interior, a las conductas que no se ven, pero que acontecen, tales como las de un sujeto que permanece quieto pero que piensa. La conducta, a la vez, se manifiesta en tres áreas:

  • En la de las expresiones del cuerpo.
  • En la de las relaciones sociales.
  • En la de las expresiones mentales.

En realidad la conducta se manifiesta en las tres, pero, según las circunstancias, predomina la manifestación en alguna de ellas.

La conducta es el vínculo entre los seres. Desde que nacemos no dejamos de conducirnos. Surge una necesidad y con ella una conducta que busca satisfacerla a través del vínculo con los demás. La forma en que logremos vincularnos dependerá de lo que los demás nos posibiliten y de nuestra capacidad de acción.

A lo largo de su vida, cada ser humano va desarrollando una forma peculiar de conducirse, de vincularse con el medio, fruto de la interacción entre ambos. La experiencia que adquiera no se líjenle, sino que se incorpora a él influyendo en sus conductas posteriores.

La conducta se manifiesta en tres áreas la intelectual, la social y la corporal. Aunque determinada conducta puede abarcar más de un área, siempre hay preponderancia de alguna de ellas.

De esta manera se irá conformando un estilo propio de conducirse o vincularse, resultado de esa experiencia previa. El término personalidad designa, precisamente, esa forma particular de vínculo con los otros seres. Cada persona, estructura su persona a través de las conductas.

Conducta y homeostasis

Los demás seres de la naturaleza -las plantas, los animales- también establecen una relación de equilibrio dinámico con el medio ambiente físico.

En el plano biológico, la homeostasis expresa ese equilibrio que se da en forma de una regulación automática. Por ejemplo, si la temperatura del medio exterior baja, se produce en el organismo la vasoconstricción, que impide la pérdida de calor del cuerpo y produce un aumento del metabolismo interno. Los ejemplos en este plano serían numerosísimos. De hecho, todo organismo vivo está en proceso de intercambio con el medio, tendiendo a lograr con este un equilibrio, para poder llegar a una mejor adaptación.

Del mismo modo, en el plano psicológico la conducta cumple una reguladora que la homeostasis a nivel biológico.

La conducta no solo implica aquellas acciones observables exteriormente, sino también todos los procesos internos, que no son directamente captados desde el exterior.

La conducta es una forma de adaptación. Por la conducta el hombre procura una adecuada adaptación al medio.

Adaptación no significa aceptación pasiva de las limitaciones, por el contrario, por su naturaleza de proceso dinámico, implica la respuesta activa del sujeto para canalizar sus necesidades según las posibilidades que el medio pueda brindarle y, aún, la necesaria modificación de este último para satisfacerlas.

Como el intercambio es continuo, cada conducta es una nueva adaptación o, mejor dicho, una readaptación.

Conducta y personalidad

Las conductas no están aisladas e inconexas respecto del sujeto que las realiza, sino que están unidas a él, se hallan referidas al marco de su “persona”. Dicho de otro modo, las conductas no son ciegas ni se dan por azar, sino que representan acciones típicas de un sujeto, son expresión peculiar de él. Podemos reconocer que determinadas conductas son propias de tal o cual sujeto: son sus modos de resolver una determinada situación.

Por lo tanto, las conductas son una manifestación de la persona, de un “yo” particular, o sea, expresan su personalidad.

La personalidad no es visible, sino explicable a través del estudio de las conductas, y sobre todo, del estudio evolutivo de estas, de la historia personal del sujeto.

Las conductas son lo observable, lo visible de la personalidad, cuya estructura o conformación subyace a las conductas.

Conducta y personalidad, como términos indisolublemente unidos, marcan el campo de estudio de la psicología.

La conducta, al ser observable, puede ser analizada, controlada, e incluso puede experimentarse sobre ella.

En cambio, la personalidad, al ser inferida a partir del análisis de la conducta, puede ser explicada a través de teorías.

Caracteres básicos de la conducta

La psicología pretende estudiar la conducta, no como cosa aislada de la persona que la manifiesta ni del marco social en que se desarrolla; para analizarla tiene en cuenta las siguientes características básicas:

  1. La conducta solo puede comprenderse en función del medio en que se manifiesta. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta la situación en que dicha conducta aparece para poder interpretarla.
  2. La conducta implica conflicto. Toda conducta surge por una necesidad que se genera en el sujeto. Esa necesidad representa un desequilibrio entre él y su situación. Veamos dos ejemplos:
    1. La necesidad de aprobación social motiva al sujeto a actuar de determinado modo, ya sea cumpliendo los dictados de la moda comportándose como un buen estudiante, etc.
    2. El hambre provoca la necesidad de conseguir alimento. El sujeto deberá, entonces, movilizarse para obtenerlo. En el ejemplo 1 se presenta un conflicto entre el sujeto y el medio social. En el ejemplo 2 el conflicto se produce entre el sujeto y su organismo, (medio natural o físico).
  3. La conducta es una acción readaptadora. Las conductas del hombre tienden a restablecer el equilibrio roto. En los ejemplos anteriores, las acciones que el sujeto realice le devuelven, ya en lo biológico como en lo social, la adaptación al medio.
  4. La conducta es un intercambio funcional entre el hombre v su ambiente. Hasta ahora vimos que la conducta representa un intercambio entre el hombre y su ambiente. Estos intercambios pueden ser de dos tipos:
    1. Materiales. Los materiales implican intercambios de sustancias físicas o químicas; por ejemplo, en la alimentación se produce un “traspaso” de sustancias entre el organismo y los alimentos (medio natural).
    2. Funcionales. Los funcionales implican cambios o transformaciones que no ocupan un lugar en el espacio, como las conductas humanas. En la evolución de éstas se va logrando una mayor independencia respecto de lo material para llegar al manejo de los símbolos abstractos. A este tipo de intercambios, más liberados de lo concreto, se los denomina funcionales.
  5. La conducta tiende a preservar un estado de integración o consistencia interna de la persona. A través de la conducta el sujeto procura preservar la integración de su personalidad Al existir conflicto, la estructura del “yo” buscará resolver!: sin lesionarse a sí mismo, sin desintegrarse o entrar en franca contradicción entre lo que aspira hacer y lo que hace. Por le tanto, el sujeto tiende a fortalecer su personalidad a través de sus conducías.

Nuestras conductas y los procesos inconscientes

Es común creer que somos totalmente dueños de nuestros actos. De este modo nos auto convencemos de nuestra racionalidad, lo que nos hace sentir más seguros y efectivos en nuestras relaciones con el mundo. Sin embargo, sin que el sujeto lo perciba, impulsan su conducta factores para él desconocidos: éstos son de origen inconsciente.

Un ejemplo de ellos son los comentarios fallidos. Perder un objeto una vez puede deberse a una simple distracción, pero la frecuente pérdida de dicho objeto no puede deberse a una falta de atención. Olvidar el nombre de una persona puede acontecer por azar, pero olvidarlo sistemáticamente no es producto de la casualidad. Los errores que comete el oficinista en su trabajo suelen adjudicarse a la fatiga o cansancio: sin embargo, si en condiciones normales se equivoca constantemente, debernos suponer que el origen se encuentra en el otro aspecto.

Llamamos actos fallidos a las acciones que ejecuta el sujeto a pesar de haber querido actuar de otra manera. Pueden manifestarse a través de errores al hablar o escribir u olvidos o pérdidas involuntarias. Para que los actos fallidos sean verdadera expresión de la actividad inconsciente, deben ser reiterados o significativos, es decir, deben repetirse o por lo menos deben tener un sentido en sí mismos. Resulta gráfico al respecto recordar el ejemplo del empleado que en el discurso de despedida a su jefe que había sido ascendido le dice: “Tenemos el placer de despedirlo…” en lugar de decir: “Tenemos el deber de despedirlo…”

Los actos fallidos ponen de manifiesto las verdaderas intenciones del sujeto. Es el caso, por ejemplo, del empleado que al despedir a su jefe, en lugar de decir: “tenemos el deber de despedirlo”; dice: “tenemos el placer de despedirlo”.

No sólo apreciamos la influencia del inconsciente en los actos fallidos. Muchas de nuestras conductas también tienen su origen en situaciones vividas en la: infancia y que, sin embargo, no recordamos; mejor dicho, creemos haberlas olvidado pero están presentes en nuestra vida psíquica e influyen directamente en nuestra vida actual. Veremos cómo funciona la dinámica de la vida psíquica para aclarar este importante aspecto del análisis de las conductas.

Lo consciente y lo inconsciente

Un joven vendedor de productos eléctricos debe viajar a otra ciudad para promover en ella dichos productos. Con ese motivo, se dirige a la estación de trenes y compra un boleto. Al subir al tren observa a los demás pasajeros que viajan con él, al guarda y a las demás características de la estación. Escucha el silbato que indica la iniciación del viaje. En ese momento, una sensación de angustia y temor se apodera de él. Se siente muy incómodo por esta situación y trata de sobreponerse, pero le resulta muy difícil: cada vez que se inicia un viaje le ocurre lo mismo y, lo peor, es que no puede explicarse el porqué ni puede remediarlo.

En el ejemplo anterior, podemos marcar dos tipos de procesos: los conscientes y los inconscientes.

  1. El joven sabía cuál era el objeto de su viaje, tuvo una clara imagen de la estación de ferrocarril, percibió sin problemas a los pasajeros, al guarda, a la estación, en fin todo lo que conformaba la situación real que estaba viviendo. Fueron éstos, en él, procesos conscientes: Incluso él es consciente de su intranquilidad.
  2. El mismo joven se siente desasosegado al iniciar el viaje y esta desagradable situación es común que se repita cada vez que inicia uno. Sin poder determinar la causa, ésta se halla en procesos inconscientes.

Son conscientes las imágenes que se obtienen de la realidad, el infundo exterior.

Son inconscientes las imágenes de situaciones vividas anteriormente y que el sujeto cree haber “olvidado”. En realidad no los ha olvidado sino que están presentes en la vida psíquica en lumia latente, pero influyendo en la vida actual.

El estudio de lo inconsciente

Las investigaciones del psiquiatra austríaco Sigmund Freud descubrieron la existencia de lo inconsciente en el psiquismo humano y dieron lugar a un método para estudiarlo: el psicoanalítico.

Esto abrió un enorme campo de estudio a la psicología, pues hasta comienzos del siglo XX se estudiaban solamente los procesos conscientes, desconociendo los de carácter inconsciente y la influencia de los mismos en la conducta.

En realidad, los procesos conscientes son sólo una parte o fracción de la vida psíquica total. Incluso pueden faltar, como acontece al dormir o en los estados de hipnosis, donde la conciencia desaparece y, sin embargo, la vida psíquica continúa.

Luego de sus intensos estudios, Sigmund Freud llegó a numerosas conclusiones respecto del inconsciente; comenzaremos mencionando las siguientes:

  1. El hombre, al nacer, trae tendencias instintivas que podrían calificarse como impulsos de búsqueda de placer. Dichas tendencias exigen satisfacción.
  2. El hombre es un ser social, y para poder vivir en sociedad e integrarse a ella se ve obligado a sacrificar, en mayor o menor grado, dichas tendencias de búsqueda del placer. El primer grupo social al que el hombre pertenece es la familia que, por el proceso de la educación, irá modelando su conducta según las normas de conducta del grupo. Así, los padres apelarán frecuentemente a premios para consolidar ciertas conductas en los niños, y a castigos para eliminar otras.
  3. Por lo mencionado en los puntos 1 y 2, el sujeto quitará de MI conciencia ciertos recuerdos o experiencias que le resultan molestas y perturbadoras para su adaptación al grupo. Le resultará ventajoso “olvidarlas”. En realidad, no las olvida ni las destruye, sino que continuarán presentes con carácter de inconscientes. Este “olvido” no es voluntario, sino que es un mecanismo inconsciente de autodefensa de la conducta.
  4. Estas experiencias no se “borraron” sino que continúan actuando fuerte y eficazmente, determinando muchas de nuestras conductas presentes e incluso, originando trastornos mentales.

El proceso de represión. Existen experiencias —acciones, pensamientos, imágenes, etc.— que aportan al sujeto satisfacción de su impulso de placer, pero que impiden su adaptación al grupo social, ya que éste las considera indeseables.

¿Cuál será el destino de dichas experiencias? Será necesario reprimirlas. Se denomina represión al proceso por el cual se rechaza de la conciencia o se mantiene en el inconsciente a las experiencias que representan un peligro para la adaptación del sujeto al grupo social. Dichas experiencias permanecerán en el inconsciente por un mecanismo de autodefensa, como ya ha sido señalado.

El proceso de sublimación. Pero las tendencias instintivas no satisfechas y reprimidas en el inconsciente siguen actuando, en busca de su satisfacción. Son, en sí mismas, fuerzas vitales; como todo lo que es vivo, tienden a crecer, manifestarse, producir. Estando, entonces, reprimidas, buscarán surgir de algún modo. Una de las maneras de hacerlo será el proceso de sublimación por el cual se aplicarán como energía creativa a las actividades del hombre.

Por la sublimación se derivará la energía vital hacia fines socialmente valorados. De esta manera, el sujeto logrará desarrollar conductas aceptadas por el grupo social y, por lo tanto, el reconocimiento por parte del mismo. Dicha energía podría encaminarse hacia el trabajo, la investigación científica o la actividad artística, haciendo sentir al sujeto socialmente útil.

Fuente consultada: Psicología General Davini – Gellon de Salluizzi – Rossi

Conclusiones

Debido a las siguientes palabras podemos asegurar que, si bien los primeros seres humanos fueron moldeados por el medio ambiente en el que nacieron, la influencia del ser humano fue modificando el medio para su propia adaptación. El hombre primitivo se encontró en un escenario de abundancia de recursos para su supervivencia, pero con conocimientos precarios y herramientas rudimentarias para su explotación adecuada.

En el día de hoy existen herramientas avanzadas y conocimiento adecuado, pero no existe un avance de la conciencia humana para obtener una explotación, utilización y distribución adecuada de los recursos, por culpa de teorías económicas construidas artificialmente, para adoctrinar a las personas a servir a un sistema que beneficia a cierto sector de poder elitista.

Ningún comportamiento o conducta humana es fija, inalterable. Es evidente que la personalidad del ser humano es moldeada por la educación (tanto institucional como familiar), las reglas artificiales del entorno y el medio ambiente que se encuentra. Por lo tanto, para mejorar la conducta del ser humano se debe cambiar tales ejes, elaborar nuevos formatos de educación que dará origen a personas con mejor personalidad, que cambiaran los sistemas artificiales existentes como el sistema económico, que generará mayor sustentabilidad con el medio ambiente; en consecuencia, con tales factores llevaran a un cambio de conducta o comportamiento humano… La educación holística, empática o emocional puede ser una buena herramienta para implementar.

El problema que la psicología no puede resolver

Diez años después de que un trabajo seminal pusiera al descubierto el sesgo blanco, acaudalado y occidental de la psicología, no ha cambiado mucho. De hecho el feminismo sufre del mismo problema debido a que su base es esta misma psicología.

Cuando Cristine Legare da charlas a grupos de investigadores de psicología, le gusta hacer una encuesta rápida en la sala. ¿Cuántos de ellos, pregunta, se consideran «etnopsicólogos occidentales»? La pregunta no va bien. «Es como, ‘¿Qué?’ dice Legare, una psicóloga del desarrollo de la Universidad de Texas en Austin.» No tiene ninguna resonancia.

Esa confusión es precisamente el punto de Legare. Durante décadas, la abrumadora mayoría de la investigación psicológica ha examinado a personas que viven en los Estados Unidos y otros países occidentales prósperos. Al centrarse en una población tan reducida, Legare y otros críticos argumentan que los investigadores de psicología han presentado, en su mayoría sin quererlo, una visión sesgada de la mente humana.

«No es que no sea interesante o útil estudiar a su población americana de clase media. Pero no quieren afirmar que sólo están estudiando esa población», dice Legare. «Quieren afirmar que los humanos son lo suficientemente parecidos como para que no importe qué población se estudie». Muchos trabajos de psicología ni siquiera mencionan la nacionalidad, la situación socio-económica u otras estadísticas demográficas básicas de las poblaciones a las que se refieren.

En muchos casos, según otras investigaciones, la población estudiada sí importa -a menudo de manera sutil y profunda- y Legare no es el primer investigador que expresa estas preocupaciones. Los debates sobre la diversidad de temas de psicología llegaron a su punto álgido alrededor de 2010, cuando un artículo ampliamente leído afirmó que la excesiva dependencia de la investigación de las sociedades occidentales, educadas, industrializadas, ricas y democráticas -a menudo acortada a la sigla «WEIRD»- se convirtió en una crisis para las ciencias del comportamiento. En ese momento, parecía posible que el campo se sometiera a grandes reformas1.

Sin embargo, una década más tarde, muchos psicólogos dicen que poco ha cambiado. En el proceso, están planteando preguntas sobre cómo los investigadores de la psicología deben dar cuenta de la nacionalidad, la clase, la sexualidad, la raza y otras identidades en su trabajo, y expresan su frustración por la falta de una reforma concreta.

«Es el tema del que a todos nos gusta hablar», dice el psicólogo de la Universidad de Kentucky, Will Gervais, «pero a nadie le gusta cambiar realmente».

A principios del siglo XX, los investigadores de psicología, que en las primeras décadas del campo habían experimentado a menudo consigo mismos, comenzaron a buscar muestras más grandes. En muchos casos, recurrieron a las poblaciones cautivas más convenientes que tenían a mano: escolares locales o estudiantes universitarios de sus propias universidades. Dado que el reclutamiento de personas para participar en los estudios puede ser difícil y costoso, ese reclutamiento cercano al hogar ha persistido hasta el día de hoy, aunque ahora a veces se incrementa con servicios como el Turco Mecánico, o MTurk, una plataforma del Amazonas que conecta a trabajadores independientes (léase sujetos) con tareas de bajo salario y de poca importancia.

Cualquiera que sea la fuente, estas muestras, al menos en los campus universitarios, suelen inclinarse hacia las poblaciones blancas y ricas. También se basan en gran medida en las sociedades occidentales industrializadas. Sin embargo, los investigadores suelen restar importancia a la identidad social de sus sujetos en las investigaciones publicadas, una táctica que sirve para destacar la universalidad de sus resultados. «Se ha hecho costumbre enfatizar la identidad experimental de las fuentes de datos humanos a expensas de su identidad personal y social ordinaria», escribe el historiador Kurt Danziger en «Construyendo el sujeto», un estudio clásico de 1990.

Los investigadores tenían algunas buenas razones para dudar de la conveniencia de enfatizar identidades como la raza o la nacionalidad. Hay una larga historia de científicos que tratan de reforzar los argumentos racistas y xenófobos planteando, sin ninguna prueba real, diferencias profundamente arraigadas entre los grupos. Especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, las corrientes intelectuales giraron en la dirección opuesta, haciendo hincapié en la universalidad de la experiencia humana.

Y a menudo esas otras identidades no importan particularmente. «Mucho de lo que hacemos es consistente entre las personas», dice Daniel Simons, un psicólogo de la Universidad de Illinois que ha escrito sobre la generalización en la psicología.

Las primeras investigaciones psicológicas, señala Simons, a menudo se centraban en comportamientos básicos que no eran susceptibles de ser influenciados por la cultura o el entorno. Con el tiempo, la investigación comenzó a estudiar comportamientos sociales más complejos, y «continuó asumiendo que se trataba del mismo tipo de principios universales». Hoy en día, muchas investigaciones psicológicas examinan temas en los que la cultura o las experiencias particulares pueden dar forma o informar de los resultados; de hecho, la cultura y el entorno pueden estar en el centro mismo de la cuestión. Y en muchas preguntas, Simons dice, «simplemente no sabemos».

Dada esa laguna de conocimientos, algunos psicólogos han estado dando la voz de alarma durante años. A finales del decenio de 1990, el psicólogo Stanley Sue expresó su preocupación por el hecho de que en su campo se prestaba muy poca atención a las experiencias de los grupos étnicos no blancos. En un estudio realizado en 2008, en el que se comprobó que las investigaciones de seis importantes revistas de psicología sólo rara vez examinaban a personas de fuera de Occidente, se propuso irónicamente que una revista importante se rebautizara como «Revista de la personalidad y la psicología social de los estudiantes universitarios estadounidenses de psicología introductoria».

El tema cobró fuerza en 2010, cuando Joseph Henrich y dos colegas de la Universidad de Columbia Británica reunieron pruebas de docenas de estudios para demostrar que las personas que crecieron en las denominadas sociedades RARAS actúan a menudo de forma muy diferente a las personas de otras partes del mundo. Por ejemplo, ciertas ilusiones ópticas que engañan constantemente a la gente de los países industrializados simplemente no engañan a las personas que crecen en sociedades rurales no industrializadas. O cuando se les pide que jueguen a un juego que implica compartir dinero con un extraño, los estudiantes universitarios americanos actúan de forma muy diferente a los miembros del pueblo Tsimane, que viven en la Amazonia boliviana.

«Si la base de datos de las ciencias del comportamiento consistiera enteramente en sujetos Tsimane, los investigadores estarían probablemente bastante preocupados por la posibilidad de generalizar», escribieron Henrich y sus colegas. ¿Por qué, se preguntaban, estaban los investigadores menos preocupados cuando sus bases de datos estaban compuestas casi en su totalidad por americanos y europeos?

El documento generó innumerables respuestas, reuniones y llamamientos a la reforma. Ampliamente cubierto por los medios de comunicación, desde entonces ha sido citado miles de veces en la literatura académica. Pero Henrich, ahora profesor en Harvard, dice que hasta ahora el documento ha tenido poco efecto en la investigación de la psicología como disciplina. «En un nivel, siento que hay mucho más entusiasmo en cuanto a la variabilidad de la muestra», dice Henrich. «Pero si realmente miras los números, los últimos números de los últimos años no muestran ningún cambio en la diversidad de las muestras.»

Algunas investigaciones lo respaldan. Un reciente análisis de los artículos publicados en la revista líder Psychological Science encontró que, de los estudios que incluso señalaban la nacionalidad de los participantes, el 94% se centraba exclusivamente en muestras RARAS. Y más del 90 por ciento no ofrecía ningún dato sobre el estatus socio-económico de los participantes.

En los últimos 10 años, la psicología ha sufrido un cambio sísmico, pero no exactamente el que Henrich y otros previeron. Los investigadores comenzaron a darse cuenta de que, cuando volvieron a hacer muchos estudios importantes en el campo, no pudieron replicar los resultados. Las prácticas experimentales deficientes y los malos hábitos estadísticos, que ayudaron a que las fluctuaciones aleatorias de los datos parecieran resultados grandes y significativos, fueron en gran parte culpados por esta crisis de replicación. Pero otro culpable menos frecuente, según algunos psicólogos, es la falta de diversidad en las muestras de la investigación original: Los estudios probados en una población simplemente no funcionaban en otras poblaciones.

«En mi mente, esas dos cosas siempre han ido juntas», dice Neil Lewis Jr., un psicólogo de la Universidad de Cornell, sobre la relación entre la diversidad de las muestras y la crisis de la replicación2.

Sin embargo, cuando los psicólogos lanzaron grandes esfuerzos para replicar viejas investigaciones y reformar sus prácticas experimentales, los críticos dicen que prestaron menos atención a la falta de diversidad en sus muestras. «Averiguar si el hallazgo que tienes hoy en día funciona realmente en todos los lugares y con todas las poblaciones no ha sido realmente incentivado», dice Lewis.

En cambio, algunos psicólogos reformistas sugieren que puede parecer que el campo sigue favoreciendo la investigación rápida y llamativa en lugar de las mejoras concienzudas en el diseño del estudio. En muchas instituciones, «la estructura de recompensas es tal que yo saldría adelante publicando 20 estudios de mierda de MTurk en lugar de uno grande e intercultural», dice Gervais, el psicólogo de Kentucky. «No creo que aprendamos 20 veces más, pero mi currículum se vería mejor».

También hay presión, dicen algunos investigadores, para sacar grandes lecciones universales de los estudios. «Nos sentimos realmente alentados a hacer estas grandes y audaces afirmaciones, y a tener lo que se siente como estos documentos innovadores», dice Jasmine DeJesus, una psicóloga de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro que ha documentado la prevalencia de amplias afirmaciones sin fundamento en los documentos de psicología.

Además, desde que comenzó la crisis de la replicación, se espera que los investigadores de psicología utilicen cada vez más muestras de mayor tamaño en sus investigaciones. Esas nuevas normas han sido ampliamente elogiadas por el aumento del rigor en las ciencias sociales, pero pueden suponer una carga adicional para los investigadores que estudian poblaciones poco representadas, lo que puede resultar más difícil y costoso de reclutar.

En conjunto, estos desafíos pueden ser formidables. Sarah Gaither, psicóloga de la Universidad de Duke, estudia la identidad, incluida la forma en que las personas conceptualizan las categorías raciales. Gran parte de su trabajo se centra en los niños birraciales, un grupo que a menudo es desviado a una categoría racial, o simplemente excluido de los estudios por completo. Pero las experiencias de los niños birraciales, según la investigación de Gaither, subvierten algunas suposiciones sobre cómo las mentes de las personas llegan a conceptualizar la diferencia.

«En el momento en que se mira a las personas no blancas, se encuentran efectos muy diferentes en la forma en que ven estos rostros multirraciales», dice Gaither, quien señaló que la mayor parte del trabajo sobre la psicología de la categorización racial ha tenido lugar en muestras predominantemente blancas. «Sin tener una muestra diversa, nunca se sabría eso, porque la mayoría de nuestros trabajos ni siquiera informan adecuadamente sobre la raza y la etnia».

Gaither dice que entró en el campo de la psicología porque quería estudiar los grupos subrepresentados. Sin embargo, al carecer de titularidad, dice que siente la necesidad de publicar con frecuencia, lo que la obliga a dedicar más tiempo a los estudios que se centran en muestras predominantemente blancas, reclutadas en línea.

E incluso cuando se realizan estudios sobre grupos insuficientemente representados, añade Gaither, normalmente atraen menos la atención. «Si estudias un grupo subrepresentado, naturalmente no vas a tener el mismo número de citas que alguien que estudia una cuestión más convencional», dice. Esto se debe a que los investigadores que, por lo demás, se apresuran a extrapolar a partir de muestras predominantemente blancas, según su experiencia, pueden ser menos propensos a hacerlo cuando la muestra es más diversa. En cambio, el estudio termina en una revista especializada que se centra en los grupos minoritarios, donde puede obtener menos citas. «Si no se estudia a los negros, no hay razón para que se quiera citar un trabajo que examine los resultados de los participantes negros, por ejemplo».

Se están llevando a cabo algunos esfuerzos de reforma. El Acelerador Científico Psicológico es un nuevo esfuerzo global que toma hallazgos experimentales específicos y los pone a prueba en docenas de contextos culturales alrededor del mundo. Como informó Dalmeet Singh Chawla en Undark en noviembre, el esfuerzo publicó recientemente su primer estudio, en el que se utilizó a más de 11.000 sujetos de 41 países para replicar un influyente experimento en 2008 sobre la forma en que los humanos juzgan los rostros de los extraños.

Otros intentos más modestos de abordar el tema se centran en reformas en las revistas académicas que publican los trabajos de los científicos. Simons, el psicólogo de Illinois, ha sugerido que los artículos de psicología adopten una sección totalmente nueva para lo que él llama «restricciones a la generalidad», o COG, declaraciones, que requieren que los investigadores definan exactamente a qué poblaciones se aplican sus investigaciones. Otros psicólogos han instado a las revistas a que establezcan políticas explícitas que favorezcan las investigaciones que incluyan muestras subrepresentadas y no pertenecientes a WEIRD, incluso, tal vez, estableciendo cuotas para asegurar que la investigación represente una porción más amplia de la humanidad3.

Algunos líderes de las instituciones más influyentes del campo han escuchado esas críticas. «Tenemos que aceptar la necesidad de una mayor diversidad en nuestras muestras», dice Patricia Bauer, una psicóloga de la Universidad de Emory que este mes comenzó un período de cuatro años como editora en jefe de Ciencia Psicológica.

Aun así, Bauer enfatizó que los cambios tomarán tiempo. Señaló los recientes llamamientos para que el 50 por ciento de los artículos de la revista incluyan temas no relacionados con la ciencia en 2020. «No creo que pueda alcanzar esa meta», dijo a Undark. «Creo que es demasiado alto. Pero teniendo eso en mente, eso me hará tomar ciertos pasos».

Bauer, que aún no había asumido la dirección de la revista cuando fue entrevistado por Undark, compartió algunas ideas sobre cuáles podrían ser esos pasos. Incluyeron el nombramiento de un consejo editorial más diverso; enviar señales de que la investigación en poblaciones no pertenecientes a WEIRD es un trabajo importante, un tema que Bauer planteó con fuerza en su primera nota de editor de la revista; y, quizás, empujar a los autores a hacer más para justificar por qué escogen las muestras que hacen. Propuestas como las declaraciones obligatorias del COG u otras políticas fijas, sin embargo, le dan una pausa: «No me gustan los requisitos», dijo.

Bauer subrayó que los investigadores tienen que equilibrar las necesidades que compiten entre sí, citando algunas de sus propias investigaciones recientes sobre los resultados educativos en una comunidad del sur de América que es aproximadamente un tercio negra, un tercio latina y un tercio blanca. Al agrupar a todos, Bauer tiene una muestra lo suficientemente grande como para hacer el tipo de análisis que permite a los investigadores identificar resultados significativos a partir del ruido estadístico. Pero, si tratara de desglosar la población por raza, o por estatus socioeconómico, cada grupo sería demasiado pequeño para ser analizado realmente.

«A veces les digo a mis estudiantes que no pongan información sobre su muestra que haga que un revisor les pida que analicen sus datos por subgrupos, porque nuestros estudios no están impulsados [estadísticamente] de esa manera», dijo Bauer.

Es poco probable que este tipo de sugerencias ganen apoyo entre las personas que presionan para que se preste más atención a la diversidad de las muestras, que podrían querer más divulgación o tamaños de muestra más grandes, en lugar de simplemente dejar fuera la información. «Eso es sombrío», dijo Henrich cuando le hablé del consejo de Bauer a los estudiantes.

Cabe recordar que la mayoría de los estudios sociológicos utilizados por el movimiento feminista se basan en estas mismas fuentes sesgadas de la psicología. Por lo que a menudo se mide la sociedad mundial y el parámetro de libertad, según los mismos parámetros occidentales.

Para algunos psicólogos reformistas, los líderes en este campo no pueden responder con suficiente rapidez. Legare, el psicólogo de Texas, dice que todavía existe la suposición tácita de que los estudios más legítimos -los que mejor apuntan a las verdades universales- son los que utilizan sujetos blancos de habla inglesa.

«Hay un etnocentrismo realmente incómodo asociado con este tema que hace que la gente se retuerza», dice Legare. «Todos deberíamos retorcernos mucho más».

Legare
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