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Food Inc.

Food, Inc. es un documental estadounidense de 2008 dirigido por el cineasta ganador de un Emmy Robert Kenner.​ El filme está ligeramente basado en el superventas de no ficción del 2001 Fast Food Nation, de Eric Schlosser, y The Omnivore’s Dilemma de Michael Pollan.

La trama parte del punto de vista de la industria alimentaria estadounidense, relatada con mucho realismo, entrevistas en primera persona con los productores, agricultores y granjeros, comandados por las grandes multinacionales con las que tienen contrato de servicio. Un contrato que les pone numerosas cláusulas estudiadas sobre cría, alimentación y aspectos claves del crecimiento y desarrollo de los animales. Por ejemplo, la alimentación sobre la base de piensos manipulados específicamente en laboratorio para que los animales se desarrollen de forma más voluminosa (con más carne), en mucho menos tiempo.

Se empleó tres años en realizar el filme.​ El director, Kenner, afirma haber gastado grandes cantidades de su presupuesto para defenderse de las demandas legales de los productores industriales de comida, pesticidas y fertilizantes, y otras compañías criticadas en el filme.

Presentan 830 trabajos que prueban la toxicidad del glifosato

Se llama Antología toxicológica del glifosato y es una respuesta a la defensa que hicieran del herbicida las empresas que lo producen y el ministro de Ciencia Lino Barañao. Más de 100 de los trabajos son de universidades públicas.

Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con glifosato para que no crezca nada salvo los transgénicos.

“No hay pruebas de que el glifosato sea nocivo”, repiten una y otra vez los defensores del agro transgénico en referencia al herbicida más utilizado del mundo. “Es como agua con sal”, afirmó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Una reciente recopilación de investigaciones científicas, Antología toxicológica del glifosato, da cuenta de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta del químico y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras afecciones.

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, más de 200 millones de litros cada año. Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó el uso del glifosato, desarrollado y comercializado por Monsanto desde la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

“Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación y resúmenes de congresos que han sido objeto de publicación en revistas científicas. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos”, explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe.

De 182 páginas, se puede acceder vía Internet, cuenta con la descripción y link de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre “mecanismo de fisiopatología celular de cáncer”. El capítulo tres se dedica a “toxicidad en los sistemas orgánicos”, con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto “en la biodiversidad”, con 336 investigaciones.

“No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad”, alerta el trabajo. Y recuerda que en 1996, cuando el gobierno de Carlos Menem aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto), se aplicaban tres litros de glifosato por hectárea. En la actualidad se utilizan hasta quince litros, incluso junto a otros agrotóxicos (como el 2-4D).

La recopilación, que contó con la colaboración y edición del abogado especializado en ambiente Fernando Cabaleiro (de la organización Naturaleza de Derechos), recuerda que Monsanto publicitó “con información falsa que el glifosato era biodegradable”. En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa. Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida “es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua”.

Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.

La antología denuncia que la autorización de los agrotóxicos (llamado “fitosanitarios” por las empresas y funcionarios) se realiza con base en estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, “Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores”. Con base en ese estudio, la empresa definió que el herbicida no producía efectos adversos.

“Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores”, explica la recopilación.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) es el organismo estatal que evalúa y autoriza el uso de agrotóxicos. Es denunciado por las organizaciones socioambientales, ONG y por los propios trabajadores del Senasa de estar dominado por las grandes empresas del agronegocio. “La última revisión de seguridad ambiental e inocuidad alimentaria del glifosato en Argentina fue en el 2000. Para esa fecha no existían protocolos para evaluar los riesgos crónicos y cancerígenos”, denuncian los autores de la recopilación. Y exigen que el Senasa revalúe la autorización del glifosato, con base en estudios independientes (no de las empresas).

Un método para detener la contaminación por agroquímicos sin detener la producción

Los métodos actuales de cultivo implican la fumigación con grandes cantidades de herbicida de forma indiscriminada sobre campos llenos de cultivos que han sido modificados genéticamente (generalmente por la misma compañía que fabrica el herbicida) para resistir los químicos.

La industria de semillas transgénicas y pesticidas es enorme, con un valor de U$S 100.000 millones de dólares en todo el mundo. De eso, las ventas de herbicidas por sí solas representan U$S 26 mil millones de dólares.

El daño ambiental y problemas de salud que produce el sistema de producción de alimentos primario actual es abismal. Según informes de la Universidad de La Plata y el Conicet, se han encontrado herbicidas hasta en los hielos atlánticos, siendo una de las causas de su derretimiento.

Pero podría haber una solución a corto plazo para que la producción de alimentos primarios no le cueste vida al planeta. Los robots cazadores de malezas, malas hierbas y plagas impulsados por la Inteligencia Artificial pronto podrían reducir la necesidad de herbicidas y cultivos genéticamente modificados.

EcoRobotix, un robots cazador de malezas y hierbas malas
ecoRobotix

Los robots como el creado por ecoRobotix (mostrado arriba), utiliza la energía renovable limpia, es solar y autónomo, podría recorrer los campos de cultivo, usando la visión computarizada para apuntar y eliminar malas hierbas de forma individualizada a medida que avanzan. EcoRobotix afirma que su brigada de robots reducirá el uso total de herbicidas en un 95%. Puede ser que incluso se pueda conseguir una versión más pequeña para tu jardín de casa.

Después de la preparación inicial del cultivo para controlar las malezas, entra en acción esta maquina “ecológica” para controlar el suelo de una manera muy precisa, pues puede aplicar controladores de maleza ecológica y orgánicos con la dosis justa y necesaria en aquellos lugares donde se encuentran malezas, detectados por su sistema operativo.

¿Como funciona?

Esta “demalezadora robótica” funciona sin la necesidad de un operario que la maneje. Se desplaza por el terreno y se ubica para desmalezar gracias a una cámara, GPS y sensores.

Este sistema permite seguir las hileras de cultivo y detectar la presencia de malezas entre y en las mismas hileras. En función de esto, los dos “brazos robóticos” aplican microdosis de controladores de maleza orgánicos en los focos de malezas detectados por los sensores.

Esta maquina es 100% autónoma al depender exclusivamente de la energía solar, incluso trabaja cuando esta nublado debido que almacena energía en las baterías. La velocidad de trabajo es en función de la densidad y cobertura de malezas en el terreno. Por lo tanto, los creadores recomiendan su utilización en suelos “de moderado enmalezados”.

A la vez, recomiendan utilizar esta máquina después de una aplicación inicial de herbicida para reemplazar las aplicaciones posteriores y así ahorrar una cantidad importante del producto.

Para concluir, su funcionamiento puede ser configurado y controlado por un Smartphone a través de la app. Aseguran que es muy fácil de utilizar y a la vez de transportar la maquina.

LadyBird Farmbot
LadyBird

El profesor Salah Sukkarieh, experto en robótica de la Universidad de Sydney, ha sido galardonado como «Investigador del Año» por el máximo organismo de la industria hortícola australiana, Ausveg, por su trabajo en robots agrícolas inteligentes, en particular la «Ladybird».

LadyBird fue diseñado y construido específicamente para la industria de las verduras con el objetivo de crear un robot de tierra con software con inteligencia artificial de apoyo y con la capacidad de llevar a cabo la vigilancia y cuidado autónomo de la granja, cartografía, clasificación y detección de una variedad de diferentes verduras.

Según él, la automatización de los procesos en las explotaciones agrícolas está llamada a desempeñar un papel decisivo en la minimización de los insumos y la maximización de la producción de la agricultura del futuro. La automatización puede ayudar a aumentar la eficiencia y el rendimiento, ya que muchas de las tareas manuales de la agricultura se realizan mediante dispositivos robóticos agrícolas especialmente diseñados. Ademas que puede ser útil para reducir la contaminación por agroquímicos y aumentar la vida de los suelos.

«Ladybird se centra en una amplia superficie agrícola y funciona con energía solar-eléctrica. Dispone de una serie de sensores para detectar el crecimiento vegetal y las especies de plagas, ya sean vegetales o animales. Después de la clasificación y el mapeo el robot puede elaborar una serie de medidas para combatir y eliminar las malas hierbas y plagas por medio de un brazo robótico, el cual posee distintos elementos para acabar con los intrusos”. Dice Sukkarieh

Según el profesor Sukkarieh, la primera excursión de LadyBird realizada el año pasado en Cowra fue un éxito total. Este éxito se repitió en todo el año, por lo tanto ya se terminó la etapa de pruebas.

«El robot era capaz de conducir de forma totalmente autónoma arriba y abajo de las filas y de una fila a otra, a la vez que recopilaba datos de los sensores. Los sensores incluyen láseres, cámaras y cámaras hiper-espectrales.

Parte de nuestro programa de investigación es encontrar nuevas formas de proporcionar información valiosa a los cultivadores sobre el estado de sus potreros y eliminar la mayor cantidad de amenazas posibles de los cultivos”.

El Robot alimentado por energía solar eléctrica fue cargado antes de dirigirse a las granjas de cebollas, remolachas y espinacas de Cowra y estuvo plenamente operativo durante tres días consecutivos en la granja sin parar.

El brazo robótico hizo su trabajo con gran precisión, pudiendo eliminar las malas hierbas de los cultivos sin dañar las plantas beneficiosas. Nuestro siguiente paso es mirar hacia la cosecha automatizada, queremos que el robot no solamente elimine las malezas y la plaga, sino también que ayude a plantar y cosechar.

El experto internacional en robótica de campo y sistemas inteligentes, el profesor Sukkarieh habló en la conferencia de PMA Fresh Connections, celebrada en Auckland, Nueva Zelanda – Australasia – la feria más grande de la industria de frutas frescas, verduras y flores. Donde puso a pruebas mas rígidas su robot.

Como parte de las nuevas colaboraciones de investigación del Centro Charles Perkins de la Universidad, el Profesor Sukkarieh también está trabajando con colegas de las Ciencias Veterinarias, la Agricultura, la Ciencia y la Empresa, para desarrollar nuevas ideas y tecnologías que mejorarán nuestros complejos sistemas de producción de alimentos.

Conclusiones

El uso de estos robots no están lejos, están a la vuelta de la esquina. John Deere se incorporó al desarrollo de esta tecnología el año pasado, adquiriendo la empresa de pulverización de precisión Blue River, lo que significa que sus tractores podrían equiparse con esta tecnología muy pronto.

Las grandes empresas agroquímicas están tratando de adquirir desesperadamente empresas que trabajan en tecnologías similares, para prepararse para una disminución en la demanda de sus productos químicos ya que no son viables para la salud ambiental y humana.

Los robots han resultado ser mas eficientes, utilizándose aproximadamente un 80% menos de herbicidas. A diferencia de los vehículos actuales de fumigación, los robots son 100% autónomos y pueden ser utilizados un día entero con energía solar. Significa un ahorro enorme de combustibles fósiles y sin la necesidad de operarios que arriesguen sus vidas.

Comparados con un maquinarias agrícolas son sumamente livianos. El peso de estos robots son de aproximadamente 150KG. Estos diseños livianos de maquinaria ayudan a minimizar la compactación del suelo.

Son extremadamente mas baratos que una maquinaria agrícola similar, en total cuestan un 30% mas barato y pueden cumplir las mismas funciones.

Solo actúan en la zona que realmente se necesita, las contra medidas aplicadas se realizan sobre el blanco detectado y no en todo el terreno, por tal motivo es mas amigable con el ambiente.

Los nuevos sistemas robóticos no solamente ayudan al usuario a controlar las malezas y plagas, ademas ayudan a cartografiar y clasificar los distintos elementos de nuestros cultivos sin necesidad de recurrir a tecnologías adicionales.

Niños orinan agrotóxicos en México

Estudios de investigadores de la Universidad de Guadalajara (UDG) y Ciesas Occidente han encontrado repetidamente que niñas, niños y adolescentes en varias comunidades rurales de Jalisco tienen residuos en orina de dos o más (¡hasta 12!) agrotóxicos altamente peligrosos. Esto se refleja en diversos problemas de salud, que van de dolores de cabeza, vómitos y náuseas a problemas graves, como insuficiencia renal y, potencialmente, cáncer.

El gobierno de Jalisco presenta la entidad como gigante agroalimentario, pero nada menciona sobre esto. Con casi 12 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, principalmente industrial, la entidad es terreno asiduo de las mayores trasnacionales de agroquímicos y semillas, que son cobijadas por gobiernos locales, estatales y federal. Esta relación, que no tiene que ver con alimentar a la gente y sí con aumentar las ganancias empresariales vendiendo veneno, trata de ocultar una grave realidad: la extendida contaminación con agrotóxicos de suelo, agua y aire que ha provocado este modelo de producción, que envenena a los pobladores, especialmente los más vulnerables: niños y niñas.

A principios de 2019 un estudio de Erick Sierra-Díaz, de la UDG; Humberto González-Chávez, de Ciesas Occidente, y otros investigadores, publicado en la revista científica international Journal of Environmental Research and Public Health (https://tinyurl.com/rda57tj) mostró que de 281 muestras de orina tomada a niñas, niños y adolescentes en las comunidades de Agua Caliente, cerca del lago Chapala, y Ahuacán, próxima a Autlán, todas tenían residuos de dos o más plaguicidas.

Seis agrotóxicos fueron recurrentes en 70 por ciento de los casos: malatión, metoxuron, glifosato, dimetoato, uniconazole y acetoclor. Los investigadores explican que en ambas comunidades hay exposición a siembras industriales, pero además, en el caso de la comunidad de Agua Caliente, el riego y consumo de agua contaminada con químicos del lago Chapala aumentó el nivel de ciertos tóxicos. La mayor prevalencia fue de herbicidas, seguida de funguicidas e insecticidas. En Ahuacán, todas las muestras contenían residuos de glifosato.

El equipo de investigadores de la UDG y del Ciesas Occidente continuó tomando muestras de orina en niñas y niños escolares y prescolares en otras zonas de Jalisco en 2019. Una de las áreas seleccionadas, por la alta frecuencia de enfermedades que allí ocurren, fue El Mentidero, próxima a Autlán, Jalisco.

Allí, las madres de los alumnos de secundaria les solicitaron que incluyeran en los análisis de orina de sus hijos, explicando que, desde que comienzan los cursos, los jóvenes se sienten mal y sufren constantes dolores de cabeza, vómitos y náuseas. La secundaria está al lado de un campo de siembra, donde fumigan varias veces a la semana, incluso cuando están los alumnos en clase o en el patio. El equipo de investigadores tomó 146 muestras a adolescentes, escolares y prescolares. El 100 por ciento de las muestras arrojó residuos de dos a seis agrotóxicos. Los principales fueron el glifosato y el 2-4 D, ambos inventados por Monsanto y declarados cancerígenos por la Organización Mundial de la Salud.

Debido al estudio y a la movilización de las madres para detener el uso de agrotóxicos, o como mínimo que no se aplique cerca de secundarias y escuelas, las empresas de venta de venenos están en campaña para desprestigiar los estudios y poder seguir contaminando. La asociación civil Proccyt, en realidad fachada de la industria trasnacional de agrotóxicos (sus miembros son Syngenta, Bayer-Monsanto, Corteva, FMC, Basf y otras), ofreció al gobierno de Jalisco y a autoridades de Autlán dar talleres de capacitación, especialmente en las áreas donde se han realizado los estudios que muestran la presencia de agrotóxicos en la orina de los niños. Las autoridades lo aceptaron e incluso patrocinaron su estadía. La reportera Mayra Vargas documentó cómo el capacitador de Proccyt aseguró en esos talleres que solamente si le hubieran dado a beber Faena (nombre comercial del glifosato) antes de tomar la muestra a los niños, podrían aparecer residuos en la orina. (11/11/19, Letra Fría, https://tinyurl.com/wn6xlgc). Los estudios muestran que el Proccyt miente, pero además hay casi 43 mil juicios contra Bayer-Monsanto en Estados Unidos por haber causado cáncer con glifosato a sabiendas de su peligrosidad. Tres juicios le han otorgando razón y millones de dólares en indemnización a los demandantes. Pero en México, las secretarías de Agricultura (estatales y federal) le abren espacio y pagan gastos a esta burda fachada de las empresas para atacar con mentiras los estudios científicos de investigadores de universidades públicas de México y así engañar a los agricultores y pobladores sobre su inocuidad.

No necesitamos echar veneno a nuestra comida. Hay muchas alternativas buenas y sanas en la producción local, campesina y agroecológica. Relata Humberto González que son las madres las que insisten en la denuncia y están empujando un cambio, las que no tienen miedo y no se van a dar por vencidas, como no la han hecho en muchos otros temas. Defienden a sus hijos e hijas y el derecho a la salud de todos.

Bayer

Bayer AG (pronunciación del alemán: [baɪə]) (TYO: 4863) es una empresa químico-farmacéutica alemana fundada en Barmen, Alemania en 1863. Hoy en día, tiene su sede en Leverkusen, Renania del Norte-Westfalia, Alemania. Es bien conocida por su marca original de la aspirina.

Desde 1925 formó parte del conglomerado IG Farben hasta que en 1951, después de la Segunda Guerra Mundial, fue disuelto por los Aliados debido a que utilizó trabajo esclavo en sus procesos de fabricación.

Bayer AG fue fundada principalmente como una fábrica de tintes en Barmen (hoy parte de Wuppertal), Alemania en 1863 por Friedrich Bayer y su socio, Johann Friedrich Weskott. Tiempo después descubren que el tinte contiene algún medio curativo y deciden investigar sobre el tema descubriendo tiempo después el ácido acetil salicílico, el compuesto de la aspirina.

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