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El mundo según Monsanto

El mundo según Monsanto, es un documental francés de 2008 de Marie Monique Robin sobre la multinacional Monsanto, la historia de la compañía y sus productos comerciales: como el PCB, los OGM, el Agente Naranja, la Hormona bovina o Somatotropina bovina, y su popular Roundup (Glifosato). Producido por Arte France, Image et Campagnie, Producctions Thalie, Office national du Canadá, WDR, con una duración de 108 minutos.

El mundo según Monsanto también es el título de un libro de investigación escrito por la misma autora, traducido a 11 lenguas. Marie Monique Robin es ganadora del Premio Noruego Rachel Carson de 2009 dedicado a mujeres ambientalistas.

El documental y el libro -que fueron traducidos a 15 idiomas y se difundieron en una veintena de países-, experimentaron un importante éxito público y fueron recibidos por la prensa nacional (francesa) e internacional. En Francia su éxito (1,6 millones de espectadores y 100000 libros vendidos), también se debe a la implicación de numerosas asociaciones locales que organizaron proyecciones de la película y reuniones en torno de los OGM y de Monsanto. En Internet se debatió en foros y blogs sobre OGM luego de la publicación del libro y la película. Marie Monique Rovin afirmo sobre ciertos ataques a foros de Internet «tan sistemáticos que parecen ser orquestados».

El mundo según Monsanto también parece tener una influencia en la escena política. El semanario francés L’Express afirmo que el debut de abril, en pleno debate sobre los OGM, el senador Jean-François Le Grand, el «Sr. OGM» de la mesa redonda del medio ambiente, ha escrito al presidente de su grupo Henri de Raincourt, para denunciar las prácticas lobbisticas que «opera» en los parlamentarios y anunciar su negativa de «la fatalidad de un mundo según Monsanto».»He visto el documental y estoy muy impresionado», testimonió, señalando que algunos de sus colegas, también, estaban «agitados». «Pero no puedo dar nombres». Más recientemente, en Alemania, Robin recibió de la mano de Renate Künast el viejo ministro de medioambiente del gobernador Schröder el «Umwelt-Medienpreis» (premio de medios de comunicación alemanes). En el comunicado de prensa, el jurado del premio afirmo que El documental ha permitido a los ciudadanos hacer preguntas críticas a sus diputados y netamente contribuyo a la prohibición del maíz transgénico en Alemania. Algunos analistas consideran que la película Home de Yann Arthus-Bertrand también impulso a los partidos verdes europeos en las elecciones europeas de 2009.

El informe se ha convertido en una herramienta de comunicación privilegiada de los movimientos anti-OGM, así el 25 de marzo 2008 un DVD fue enviado a cada diputado francés por la organización ecologista Greenpeace a fin de influenciar en el debate de la ley de OGM en la asamblea nacional francesa.

La agricultura negada

Entre las prácticas más antiguas y mayormente conocidas en el mundo, se encuentra la agricultura. El arte de sembrar, atender, proteger y posteriormente cosechar los granos o semillas que pronto se convertirán en árboles de frutos o vegetales aptos para ser consumidos.

La alimentación mundial, entonces, se basa en la extenuante labor que realizan los agricultores a diario, para ofrecer la mayor variedad de productos naturales y que estos a su vez puedan ser consumidos sin el temor de encontrarse ante un alimento de dudosa procedencia.

La agricultura negada es un documental filmado en los años 2011-2013, que muestra la situación en la que se encuentra actualmente el campo de siembra argentino, específicamente en la localidad de Entre Ríos, donde se practica el uso indiscriminado de agrotóxicos o pesticidas en la producción alimentaria.

Este trabajo de investigación realizado bajo la dirección de Luis Boeykens, producida por Estanislao Chaparro y que cuenta con una duración total de 111 minutos, muestra los testimonios de los principales afectados por esta situación, los agricultores entrerrianos.

Una de las principales finalidades de La agricultura negada es dar a conocer la alarmante cantidad de intoxicaciones y problemas de salud que son generados debido a las malas prácticas y usos de implementos y productos para la siembra y cosecha.

Por esta razón no solo se enfoca en las condiciones de la producción de los alimentos que se consumen a diario, sino también en la búsqueda la expansión de métodos agronómicos autosustentables; una solución ante este problema que afecta directa o indirectamente a gran parte de la población argentina.

Entre los aspectos más relevantes de este documental, es que refleja la inexistencia de quien se haga responsable del abuso en la utilización de productos dañinos, ni de los terribles males ocasionados tanto al medio ambiente como a la salud de los seres humanos en general.

Ningún gobierno, empresa, centro de comercio ni productores agrarios, asumen la responsabilidad de los daños colaterales que originan los pesticidas que son utilizados en la actualidad para la “optimización” de los suelos de siembra y cultivo.

Así pues, La agricultura negada deja en evidencia que todo se trata sobre una cuestión de dinero. Nadie se preocupa por poner en uso prácticas no-tóxicas, solo les interesa la cantidad de ingresos que se generen y se perciban a fin de mes, a cuenta de la salud de otros.

Sus creadores indican que resulta imperante dar a conocer las terribles consecuencias del modelo agrícola-económico que se lleva a cabo en la actualidad, y que compromete el medio ambiente en el cual nos desenvolvemos a diario.

Así mismo, aseguran que todas las personas están en su justo derecho de escoger cuáles cosas comer y cuáles no, al igual que aquello de lo que se componen los alimentos que se ingieren día tras día.

Por esta razón instan a las compañías agropecuarias no solo a modificar el sistema que se emplea actualmente en la cosecha de los alimentos en Argentina –y a nivel mundial-, sino también a dejarle claro al consumidor las formas en que fueron cultivados y tratados.

El glifosato es carcinogénico: Autoridades reguladoras de la UE que colaboran con la industria agroquímica

Ya en 2016, planteé la cuestión en The Ecologist de sí los reguladores de la UE estaban actuando como promotores de productos cuando se trataba de revalidar la licencia del glifosato, el ingrediente activo en el herbicida Roundup de Monsanto. La renovación de la licencia para el glifosato en la UE estaba siendo debatida en ese momento y muchas pruebas apuntaban a la colusión entre los reguladores y los intereses corporativos cuyas ventas del herbicida ascienden a muchos miles de millones de dólares al año.

En ese artículo, me referí a las pruebas presentadas en varios documentos escritos por la ambientalista y activista Dra. Rosemary Mason. Ahora, tras un nuevo e importante artículo de Charles Benbrook (14 de enero) en la revista «Environmental Sciences Europe», la Dra. Mason ha presentado una queja ante el Defensor del Pueblo Europeo acusando a las agencias reguladoras europeas de ser cómplices de la industria agroquímica.

Mason ha estado escribiendo a la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA), a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y a la Comisión de la UE durante un período de 18 meses, desafiándoles sobre la clasificación de glifosato de la ECHA. Señala que muchas personas en todo el mundo han luchado por entender cómo y por qué la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos y la EFSA llegaron a la conclusión de que el glifosato no es genotóxico (perjudicial para el ADN) o cancerígeno, mientras que la agencia de lucha contra el cáncer de la Organización Mundial de la Salud, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), llegó a la conclusión contraria.

La IARC declaró que la evidencia del potencial genotóxico del glifosato es «fuerte» y que el glifosato es un probable carcinógeno humano. Mientras que la IARC solo hacía referencia a estudios e informes revisados por pares disponibles en la literatura pública, la EPA dependía en gran medida de estudios regulatorios inéditos encargados por los fabricantes de plaguicidas.

De hecho, 95 de los 151 ensayos de genotoxicidad citados en la evaluación de la EPA provenían de estudios de la industria (63%), mientras que la IARC citó el 100% de fuentes de literatura pública. Otra diferencia importante es que la EPA centró su análisis en el glifosato en su forma química pura, o «glifosato técnico». El problema es que casi nadie está expuesto al glifosato solo. Los aplicadores y el público están expuestos a formulaciones completas de herbicidas que consisten en glifosato más ingredientes añadidos (adyuvantes). Se ha demostrado repetidamente que las formulaciones son más tóxicas que el glifosato de manera aislada.

Mason señala que esto refleja las cuestiones planteadas por el Comité PEST del Parlamento Europeo, creado en respuesta a las preocupaciones planteadas por la Iniciativa Ciudadana Europea para prohibir el glifosato, y los documentos de Monsanto (documentos internos de Monsanto divulgados en litigios sobre el cáncer en los EE.UU. que revelan cómo la industria ha subvertido la ciencia).

En un paso inusual, el editor en jefe de Environmental Sciences Europe, el Prof. Henner Hollert, y su coautor, el Prof. Thomas Backhaus, hicieron una firme declaración en apoyo de la aceptación del artículo del Dr. Benbrook para su publicación. En un comentario publicado en el mismo número de la revista, escriben:

«Estamos convencidos de que el artículo proporciona nuevas perspectivas sobre por qué la EPA y la IARC de los EE.UU. han llegado a diferentes conclusiones con respecto a la carcinogenicidad del glifosato y de los GBH[herbicidas a base de glifosato]. Es una importante contribución a la discusión sobre la genotoxicidad de los GBH».

La evaluación de la IARC se basó en gran medida en estudios capaces de arrojar luz sobre la distribución de las exposiciones en el mundo real y el riesgo de genotoxicidad en las poblaciones humanas expuestas, mientras que la evaluación de la EPA puso poco o ningún peso en dicha evidencia.

Tras la evaluación de la IARC, ha habido un intento orquestado por la industria de desacreditar o incluso destruir la agencia.

Puede leer aquí – Las Autoridades Reguladoras Europeas están en connivencia con una corporación implicada en el Holocausto – el documento que Mason ha presentado al Defensor del Pueblo Europeo. Incluye toda su correspondencia reciente con varias agencias reguladoras (y sus respuestas) que describen las preocupaciones sobre la toxicidad del glifosato y algunos de los métodos que se han utilizado para mantenerlo en el mercado.

Mason también ha escrito una mordaz carta abierta al director general de Bayer, Werner Baumann. Puede leer la carta abierta aquí (Monsanto se incorporó recientemente a Bayer).

Food Inc.

Food, Inc. es un documental estadounidense de 2008 dirigido por el cineasta ganador de un Emmy Robert Kenner.​ El filme está ligeramente basado en el superventas de no ficción del 2001 Fast Food Nation, de Eric Schlosser, y The Omnivore’s Dilemma de Michael Pollan.

La trama parte del punto de vista de la industria alimentaria estadounidense, relatada con mucho realismo, entrevistas en primera persona con los productores, agricultores y granjeros, comandados por las grandes multinacionales con las que tienen contrato de servicio. Un contrato que les pone numerosas cláusulas estudiadas sobre cría, alimentación y aspectos claves del crecimiento y desarrollo de los animales. Por ejemplo, la alimentación sobre la base de piensos manipulados específicamente en laboratorio para que los animales se desarrollen de forma más voluminosa (con más carne), en mucho menos tiempo.

Se empleó tres años en realizar el filme.​ El director, Kenner, afirma haber gastado grandes cantidades de su presupuesto para defenderse de las demandas legales de los productores industriales de comida, pesticidas y fertilizantes, y otras compañías criticadas en el filme.

Presentan 830 trabajos que prueban la toxicidad del glifosato

Se llama Antología toxicológica del glifosato y es una respuesta a la defensa que hicieran del herbicida las empresas que lo producen y el ministro de Ciencia Lino Barañao. Más de 100 de los trabajos son de universidades públicas.

Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con glifosato para que no crezca nada salvo los transgénicos.

“No hay pruebas de que el glifosato sea nocivo”, repiten una y otra vez los defensores del agro transgénico en referencia al herbicida más utilizado del mundo. “Es como agua con sal”, afirmó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Una reciente recopilación de investigaciones científicas, Antología toxicológica del glifosato, da cuenta de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta del químico y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras afecciones.

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, más de 200 millones de litros cada año. Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó el uso del glifosato, desarrollado y comercializado por Monsanto desde la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

“Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación y resúmenes de congresos que han sido objeto de publicación en revistas científicas. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos”, explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe.

De 182 páginas, se puede acceder vía Internet, cuenta con la descripción y link de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre “mecanismo de fisiopatología celular de cáncer”. El capítulo tres se dedica a “toxicidad en los sistemas orgánicos”, con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto “en la biodiversidad”, con 336 investigaciones.

“No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad”, alerta el trabajo. Y recuerda que en 1996, cuando el gobierno de Carlos Menem aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto), se aplicaban tres litros de glifosato por hectárea. En la actualidad se utilizan hasta quince litros, incluso junto a otros agrotóxicos (como el 2-4D).

La recopilación, que contó con la colaboración y edición del abogado especializado en ambiente Fernando Cabaleiro (de la organización Naturaleza de Derechos), recuerda que Monsanto publicitó “con información falsa que el glifosato era biodegradable”. En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa. Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida “es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua”.

Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.

La antología denuncia que la autorización de los agrotóxicos (llamado “fitosanitarios” por las empresas y funcionarios) se realiza con base en estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, “Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores”. Con base en ese estudio, la empresa definió que el herbicida no producía efectos adversos.

“Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores”, explica la recopilación.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) es el organismo estatal que evalúa y autoriza el uso de agrotóxicos. Es denunciado por las organizaciones socioambientales, ONG y por los propios trabajadores del Senasa de estar dominado por las grandes empresas del agronegocio. “La última revisión de seguridad ambiental e inocuidad alimentaria del glifosato en Argentina fue en el 2000. Para esa fecha no existían protocolos para evaluar los riesgos crónicos y cancerígenos”, denuncian los autores de la recopilación. Y exigen que el Senasa revalúe la autorización del glifosato, con base en estudios independientes (no de las empresas).

Un método para detener la contaminación por agroquímicos sin detener la producción

Los métodos actuales de cultivo implican la fumigación con grandes cantidades de herbicida de forma indiscriminada sobre campos llenos de cultivos que han sido modificados genéticamente (generalmente por la misma compañía que fabrica el herbicida) para resistir los químicos.

La industria de semillas transgénicas y pesticidas es enorme, con un valor de U$S 100.000 millones de dólares en todo el mundo. De eso, las ventas de herbicidas por sí solas representan U$S 26 mil millones de dólares.

El daño ambiental y problemas de salud que produce el sistema de producción de alimentos primario actual es abismal. Según informes de la Universidad de La Plata y el Conicet, se han encontrado herbicidas hasta en los hielos atlánticos, siendo una de las causas de su derretimiento.

Pero podría haber una solución a corto plazo para que la producción de alimentos primarios no le cueste vida al planeta. Los robots cazadores de malezas, malas hierbas y plagas impulsados por la Inteligencia Artificial pronto podrían reducir la necesidad de herbicidas y cultivos genéticamente modificados.

EcoRobotix, un robots cazador de malezas y hierbas malas
ecoRobotix

Los robots como el creado por ecoRobotix (mostrado arriba), utiliza la energía renovable limpia, es solar y autónomo, podría recorrer los campos de cultivo, usando la visión computarizada para apuntar y eliminar malas hierbas de forma individualizada a medida que avanzan. EcoRobotix afirma que su brigada de robots reducirá el uso total de herbicidas en un 95%. Puede ser que incluso se pueda conseguir una versión más pequeña para tu jardín de casa.

Después de la preparación inicial del cultivo para controlar las malezas, entra en acción esta maquina “ecológica” para controlar el suelo de una manera muy precisa, pues puede aplicar controladores de maleza ecológica y orgánicos con la dosis justa y necesaria en aquellos lugares donde se encuentran malezas, detectados por su sistema operativo.

¿Como funciona?

Esta “demalezadora robótica” funciona sin la necesidad de un operario que la maneje. Se desplaza por el terreno y se ubica para desmalezar gracias a una cámara, GPS y sensores.

Este sistema permite seguir las hileras de cultivo y detectar la presencia de malezas entre y en las mismas hileras. En función de esto, los dos “brazos robóticos” aplican microdosis de controladores de maleza orgánicos en los focos de malezas detectados por los sensores.

Esta maquina es 100% autónoma al depender exclusivamente de la energía solar, incluso trabaja cuando esta nublado debido que almacena energía en las baterías. La velocidad de trabajo es en función de la densidad y cobertura de malezas en el terreno. Por lo tanto, los creadores recomiendan su utilización en suelos “de moderado enmalezados”.

A la vez, recomiendan utilizar esta máquina después de una aplicación inicial de herbicida para reemplazar las aplicaciones posteriores y así ahorrar una cantidad importante del producto.

Para concluir, su funcionamiento puede ser configurado y controlado por un Smartphone a través de la app. Aseguran que es muy fácil de utilizar y a la vez de transportar la maquina.

LadyBird Farmbot
LadyBird

El profesor Salah Sukkarieh, experto en robótica de la Universidad de Sydney, ha sido galardonado como «Investigador del Año» por el máximo organismo de la industria hortícola australiana, Ausveg, por su trabajo en robots agrícolas inteligentes, en particular la «Ladybird».

LadyBird fue diseñado y construido específicamente para la industria de las verduras con el objetivo de crear un robot de tierra con software con inteligencia artificial de apoyo y con la capacidad de llevar a cabo la vigilancia y cuidado autónomo de la granja, cartografía, clasificación y detección de una variedad de diferentes verduras.

Según él, la automatización de los procesos en las explotaciones agrícolas está llamada a desempeñar un papel decisivo en la minimización de los insumos y la maximización de la producción de la agricultura del futuro. La automatización puede ayudar a aumentar la eficiencia y el rendimiento, ya que muchas de las tareas manuales de la agricultura se realizan mediante dispositivos robóticos agrícolas especialmente diseñados. Ademas que puede ser útil para reducir la contaminación por agroquímicos y aumentar la vida de los suelos.

«Ladybird se centra en una amplia superficie agrícola y funciona con energía solar-eléctrica. Dispone de una serie de sensores para detectar el crecimiento vegetal y las especies de plagas, ya sean vegetales o animales. Después de la clasificación y el mapeo el robot puede elaborar una serie de medidas para combatir y eliminar las malas hierbas y plagas por medio de un brazo robótico, el cual posee distintos elementos para acabar con los intrusos”. Dice Sukkarieh

Según el profesor Sukkarieh, la primera excursión de LadyBird realizada el año pasado en Cowra fue un éxito total. Este éxito se repitió en todo el año, por lo tanto ya se terminó la etapa de pruebas.

«El robot era capaz de conducir de forma totalmente autónoma arriba y abajo de las filas y de una fila a otra, a la vez que recopilaba datos de los sensores. Los sensores incluyen láseres, cámaras y cámaras hiper-espectrales.

Parte de nuestro programa de investigación es encontrar nuevas formas de proporcionar información valiosa a los cultivadores sobre el estado de sus potreros y eliminar la mayor cantidad de amenazas posibles de los cultivos”.

El Robot alimentado por energía solar eléctrica fue cargado antes de dirigirse a las granjas de cebollas, remolachas y espinacas de Cowra y estuvo plenamente operativo durante tres días consecutivos en la granja sin parar.

El brazo robótico hizo su trabajo con gran precisión, pudiendo eliminar las malas hierbas de los cultivos sin dañar las plantas beneficiosas. Nuestro siguiente paso es mirar hacia la cosecha automatizada, queremos que el robot no solamente elimine las malezas y la plaga, sino también que ayude a plantar y cosechar.

El experto internacional en robótica de campo y sistemas inteligentes, el profesor Sukkarieh habló en la conferencia de PMA Fresh Connections, celebrada en Auckland, Nueva Zelanda – Australasia – la feria más grande de la industria de frutas frescas, verduras y flores. Donde puso a pruebas mas rígidas su robot.

Como parte de las nuevas colaboraciones de investigación del Centro Charles Perkins de la Universidad, el Profesor Sukkarieh también está trabajando con colegas de las Ciencias Veterinarias, la Agricultura, la Ciencia y la Empresa, para desarrollar nuevas ideas y tecnologías que mejorarán nuestros complejos sistemas de producción de alimentos.

Conclusiones

El uso de estos robots no están lejos, están a la vuelta de la esquina. John Deere se incorporó al desarrollo de esta tecnología el año pasado, adquiriendo la empresa de pulverización de precisión Blue River, lo que significa que sus tractores podrían equiparse con esta tecnología muy pronto.

Las grandes empresas agroquímicas están tratando de adquirir desesperadamente empresas que trabajan en tecnologías similares, para prepararse para una disminución en la demanda de sus productos químicos ya que no son viables para la salud ambiental y humana.

Los robots han resultado ser mas eficientes, utilizándose aproximadamente un 80% menos de herbicidas. A diferencia de los vehículos actuales de fumigación, los robots son 100% autónomos y pueden ser utilizados un día entero con energía solar. Significa un ahorro enorme de combustibles fósiles y sin la necesidad de operarios que arriesguen sus vidas.

Comparados con un maquinarias agrícolas son sumamente livianos. El peso de estos robots son de aproximadamente 150KG. Estos diseños livianos de maquinaria ayudan a minimizar la compactación del suelo.

Son extremadamente mas baratos que una maquinaria agrícola similar, en total cuestan un 30% mas barato y pueden cumplir las mismas funciones.

Solo actúan en la zona que realmente se necesita, las contra medidas aplicadas se realizan sobre el blanco detectado y no en todo el terreno, por tal motivo es mas amigable con el ambiente.

Los nuevos sistemas robóticos no solamente ayudan al usuario a controlar las malezas y plagas, ademas ayudan a cartografiar y clasificar los distintos elementos de nuestros cultivos sin necesidad de recurrir a tecnologías adicionales.

Niños orinan agrotóxicos en México

Estudios de investigadores de la Universidad de Guadalajara (UDG) y Ciesas Occidente han encontrado repetidamente que niñas, niños y adolescentes en varias comunidades rurales de Jalisco tienen residuos en orina de dos o más (¡hasta 12!) agrotóxicos altamente peligrosos. Esto se refleja en diversos problemas de salud, que van de dolores de cabeza, vómitos y náuseas a problemas graves, como insuficiencia renal y, potencialmente, cáncer.

El gobierno de Jalisco presenta la entidad como gigante agroalimentario, pero nada menciona sobre esto. Con casi 12 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, principalmente industrial, la entidad es terreno asiduo de las mayores trasnacionales de agroquímicos y semillas, que son cobijadas por gobiernos locales, estatales y federal. Esta relación, que no tiene que ver con alimentar a la gente y sí con aumentar las ganancias empresariales vendiendo veneno, trata de ocultar una grave realidad: la extendida contaminación con agrotóxicos de suelo, agua y aire que ha provocado este modelo de producción, que envenena a los pobladores, especialmente los más vulnerables: niños y niñas.

A principios de 2019 un estudio de Erick Sierra-Díaz, de la UDG; Humberto González-Chávez, de Ciesas Occidente, y otros investigadores, publicado en la revista científica international Journal of Environmental Research and Public Health (https://tinyurl.com/rda57tj) mostró que de 281 muestras de orina tomada a niñas, niños y adolescentes en las comunidades de Agua Caliente, cerca del lago Chapala, y Ahuacán, próxima a Autlán, todas tenían residuos de dos o más plaguicidas.

Seis agrotóxicos fueron recurrentes en 70 por ciento de los casos: malatión, metoxuron, glifosato, dimetoato, uniconazole y acetoclor. Los investigadores explican que en ambas comunidades hay exposición a siembras industriales, pero además, en el caso de la comunidad de Agua Caliente, el riego y consumo de agua contaminada con químicos del lago Chapala aumentó el nivel de ciertos tóxicos. La mayor prevalencia fue de herbicidas, seguida de funguicidas e insecticidas. En Ahuacán, todas las muestras contenían residuos de glifosato.

El equipo de investigadores de la UDG y del Ciesas Occidente continuó tomando muestras de orina en niñas y niños escolares y prescolares en otras zonas de Jalisco en 2019. Una de las áreas seleccionadas, por la alta frecuencia de enfermedades que allí ocurren, fue El Mentidero, próxima a Autlán, Jalisco.

Allí, las madres de los alumnos de secundaria les solicitaron que incluyeran en los análisis de orina de sus hijos, explicando que, desde que comienzan los cursos, los jóvenes se sienten mal y sufren constantes dolores de cabeza, vómitos y náuseas. La secundaria está al lado de un campo de siembra, donde fumigan varias veces a la semana, incluso cuando están los alumnos en clase o en el patio. El equipo de investigadores tomó 146 muestras a adolescentes, escolares y prescolares. El 100 por ciento de las muestras arrojó residuos de dos a seis agrotóxicos. Los principales fueron el glifosato y el 2-4 D, ambos inventados por Monsanto y declarados cancerígenos por la Organización Mundial de la Salud.

Debido al estudio y a la movilización de las madres para detener el uso de agrotóxicos, o como mínimo que no se aplique cerca de secundarias y escuelas, las empresas de venta de venenos están en campaña para desprestigiar los estudios y poder seguir contaminando. La asociación civil Proccyt, en realidad fachada de la industria trasnacional de agrotóxicos (sus miembros son Syngenta, Bayer-Monsanto, Corteva, FMC, Basf y otras), ofreció al gobierno de Jalisco y a autoridades de Autlán dar talleres de capacitación, especialmente en las áreas donde se han realizado los estudios que muestran la presencia de agrotóxicos en la orina de los niños. Las autoridades lo aceptaron e incluso patrocinaron su estadía. La reportera Mayra Vargas documentó cómo el capacitador de Proccyt aseguró en esos talleres que solamente si le hubieran dado a beber Faena (nombre comercial del glifosato) antes de tomar la muestra a los niños, podrían aparecer residuos en la orina. (11/11/19, Letra Fría, https://tinyurl.com/wn6xlgc). Los estudios muestran que el Proccyt miente, pero además hay casi 43 mil juicios contra Bayer-Monsanto en Estados Unidos por haber causado cáncer con glifosato a sabiendas de su peligrosidad. Tres juicios le han otorgando razón y millones de dólares en indemnización a los demandantes. Pero en México, las secretarías de Agricultura (estatales y federal) le abren espacio y pagan gastos a esta burda fachada de las empresas para atacar con mentiras los estudios científicos de investigadores de universidades públicas de México y así engañar a los agricultores y pobladores sobre su inocuidad.

No necesitamos echar veneno a nuestra comida. Hay muchas alternativas buenas y sanas en la producción local, campesina y agroecológica. Relata Humberto González que son las madres las que insisten en la denuncia y están empujando un cambio, las que no tienen miedo y no se van a dar por vencidas, como no la han hecho en muchos otros temas. Defienden a sus hijos e hijas y el derecho a la salud de todos.

Bayer

Bayer AG (pronunciación del alemán: [baɪə]) (TYO: 4863) es una empresa químico-farmacéutica alemana fundada en Barmen, Alemania en 1863. Hoy en día, tiene su sede en Leverkusen, Renania del Norte-Westfalia, Alemania. Es bien conocida por su marca original de la aspirina.

Desde 1925 formó parte del conglomerado IG Farben hasta que en 1951, después de la Segunda Guerra Mundial, fue disuelto por los Aliados debido a que utilizó trabajo esclavo en sus procesos de fabricación.

Bayer AG fue fundada principalmente como una fábrica de tintes en Barmen (hoy parte de Wuppertal), Alemania en 1863 por Friedrich Bayer y su socio, Johann Friedrich Weskott. Tiempo después descubren que el tinte contiene algún medio curativo y deciden investigar sobre el tema descubriendo tiempo después el ácido acetil salicílico, el compuesto de la aspirina.

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