La sociedad consumista, una sociedad enferma

Una crítica a los valores inherentes a la sociedad capitalista: Como son usados por el poder para someter la voluntad de los ciudadanos, y como afectan negativamente a millones de ciudadanos en todo el mundo, que, por unos motivos u otros, no son capaces de dar lo que el sistema espera de ellos.

El consumismo perturba la mente

En estos días que corren no es demasiado difícil encontrar argumentos para creer, de una u otra manera, que vivimos en una sociedad cada vez más enferma y deshumanizada. A poco que dediquemos unos minutos de nuestro tiempo a observar el mundo que nos rodea, los ejemplos para contrastar tal creencia fluyen a borbotones en todos los ámbitos de la vida. Pocos son ya los espacios de nuestra cotidianidad donde no podamos detectar algún síntoma de la decadencia a la que irremediablemente parece abocada nuestra civilización. En nuestras propias vivencias en las relaciones familiares e interpersonales, en las noticias trágicas que a diario invaden nuestros medios de comunicación, en el discurrir rutinario por las calles de nuestros pueblos y ciudades, en todos sitios se vislumbran síntomas de una crisis que nos conduce hacia un futuro poco esperanzador. La perdida de valores humanitarios, la inexistencia de un sentido de lo moral en el quehacer común solidario, es cada vez más una incipiente realidad que nos atropella a todos como un rodillo que no podemos esquivar y que, conducido por no se sabe bien quién o qué, pretende no dejar títere con cabeza. La triste realidad de una vida cada vez más competitiva e individualista, de un mundo cada vez más alejado de utopías emancipadoras, y de una sociedad cada vez más vuelta sobre su propio egocentrismo, se impone sobre nuestras consciencias como un proyecto de vida del cual no podemos, no queremos, o no sabemos escapar.

La sociedad de consumo

El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.

El desarrollo económico y político actual se caracteriza, según el último informe del Worldwatch, más que por la victoria del capitalismo sobre el comunismo, por el consumismo. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.

El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos. El consumo y el crecimiento económico sin fin es el paradigma de la nueva religión, donde el aumento del consumo es una forma de vida necesaria para mantener la actividad económica y el empleo. El consumo de bienes y servicios, por supuesto, es imprescindible para satisfacer las necesidades humanas, pero cuando se supera cierto umbral, que se sitúa en torno a los 7.000 euros anuales por persona, se transforma en consumismo.

En el mundo la sociedad de consumo la integran 1.728 millones de personas, el 28% de la población mundial: 242 millones viven en Estados Unidos (el 84% de su población), 349 millones en Europa Occidental (el 89% de la población), 120 millones en Japón (95%), 240 millones en China (apenas el 19% de su población), 122 millones en India (12%), 61 millones en Rusia (43%), 58 millones en Brasil (33%) y solo 34 millones en el África subsahariana (el 5% de la población). En total en los países industrializados viven 816 millones de consumidores (el 80% de la población) y 912 millones en los países en desarrollo (exclusivamente el 17% de la población del Tercer mundo).

Mientras los 1.700 millones de consumidores gastan diariamente más de 20 euros, hay 2.800 millones de personas que tienen que vivir con menos de 2 euros diarios (lo mínimo para satisfacer las necesidades más básicas) y 1.200 millones de personas viven con menos de 1 euro diario en la extrema pobreza. Mientras el estadounidense medio consume cada año 331 kilos de papel, en India usan 4 kilos y en gran parte de África menos de 1 kilo. El 15% de la población de los países industrializados consume el 61% del aluminio, el 60% del plomo, el 59% del cobre y el 49% del acero. Cifras similares podrían repetirse para todo tipo de bienes y servicios.

Consumismo y pobreza conviven en un mundo desigual, en el que no hay voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan. La clase de los consumidores comparte un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, donde los grandes supermercados y centros comerciales son las nuevas catedrales de la modernidad.

Las importantes ganancias en eficiencia se ven rápidamente absorbidas por el aumento del consumo. Las viviendas son cada vez mayores y los automóviles cada vez más potentes.

¿Por qué y para qué consumimos?

El objetivo primordial es la necesidad de supervivencia y en segundo plano el consumo por capricho o deseo de algo.

¿Necesitamos todo lo que consumimos? ¿Es lo mismo necesitar que desear?

No necesitamos todo lo que consumimos; sin embargo, en la sociedad que nos encontramos y el estado de vida que vivimos, el acto de consumir algo por deseo pasa de ser un deseo a una necesidad, tanto para relacionarnos con los demás como para pasar desapercibido. Necesitar se basa en lo mínimo que necesita una persona para sobrevivir; Y desear es un capricho de cada persona, una ilusión.

¿En las sociedades de consumo, se produce para atender las necesidades de las personas o las personas terminan necesitando todo lo que se produce?

En un principio supongo que lo esencial era abastecer a las personas productos o servicios de su necesidad, sin embargo, el mercado por fuerza ha tenido que ir mejorando e innovando para cada vez ofrecer a las personas algo nuevo. Porque las personas por naturaleza nos aburrimos con facilidad una vez que ya conocemos, o lo sabemos utilizar. Es simplemente el instinto de mejorar como ser humano aunque no siempre sea ese el buen camino.

Si fueras multimillonario. ¿Qué harías con el dinero? ¿Piensas que serías más feliz que ahora? ¿Por qué?

La mayoría de las personas lo emplearían en satisfacer sus necesidades y deseos, y los de su familia, Quizás sería más feliz por tener una tranquilidad económica.

Porque el dinero no da la verdadera felicidad, pero la disimula, ya que en el estado de sociedad en el que nos encontramos la supervivencia del individuo como persona tristemente depende y mucho de su estado económico.

¿Qué hay de las personas consumidoras?

Pondré un ejemplo, si alguien que va a comprar una computadora nos pregunta como debe ser, cuáles son las especificaciones del equipo para que sea muy rápido y nosotros siempre les decimos que entre más RAM, mejor sea el microprocesador, más espacio tenga en disco duro, que tenga compatibilidad con las últimas tecnologías en más evolución, que la computadora va a necesitar espacio para expansión, pero aquí le estamos diciendo implícitamente, compra, pero tiene por seguro que en el futuro no te va a satisfacer el rendimiento de la máquina por el software de última generación y vas a necesitar comprar más para que tu máquina funcione mejor. Es decir, nosotros mismos seguimos en este ciclo vicioso de comprar cada vez lo último, lo mejor, lo más rápido que a propósito, ¿alguien se ha dado cuenta de que antes las cosas duraban más y que parece que cada vez los componentes electrónicos son más frágiles?

Pondré otro ejemplo con los teléfonos celulares: yo tengo mi teléfono celular ladrillo tiene con un display monocromático ese teléfono es muy resistente (hasta se me ha caído de una cuarta planta sin daños, traten con un J7 o con un G3 y a ver como quedan), no lo cambio porque no tengo dinero y hasta el momento no tengo necesidad. Pero que hay de las demás personas, aquellas que pueden conseguir un teléfono inteligente (smartphone) última generación móvil que aparte de llamadas y sms, reproduce música, videos pueden tomar fotos y videos, utilizarlos como agendas y otro sin fin de opciones que les brindan este tipo de teléfonos (que más que teléfonos son como micro portátiles), y un último ejemplo, tengo un amigo que se consiguió un teléfono no tan sencillo (un Motorola F7 creo) puede hacer todo lo mencionado anteriormente le costó alrededor de 200 dólares, sin embargo, lo que él hace con dicho teléfono, es escuchar música, ver algunos videos, tomar fotos de vez en cuando (por cierto, la calidad de las fotos no es muy buena) usarla como alarma, cosas sencillas, ¡hey! No digo que esté mal, él puede hacer lo que quiera con su dinero; sin embargo, con todas las posibilidades que le ofrece un teléfono ocuparlo regularmente para esas tareas y ni siquiera considerar sacarle más potencial al teléfono, ciertamente si me parece un desperdicio de recursos, pero bueno, estoy seguro de que si pudiera me compraría uno pero por cuestiones de tener un teléfono bonito y poder mostrárselo a alguno de mis amigos… mmm… Mostrar mi teléfono a mis amigos… y así ellos compran uno mejor para decir que tienen lo último… y luego yo… y… ¿Otra vez el ciclo vicioso?, alguien debe de comenzar a cambiar eso. Ese alguien debemos de ser nosotros, como detener o en lentecer este ciclo para darnos cuenta de que no tiene sentido, es decir, dejar de ser consumistas irracionales que cada que sale un nuevo producto corremos a comprarlo.

Conclusión

El consumismo en la sociedad actual es ¿un problema, una enfermedad o simplemente algo que está a la moda?

Actualmente, todas las personas de la sociedad compran y compran; todo por una satisfacción personal y algunos que otros por necesidad.

Es muy importante conocer mejor acerca de esta problemática que del consumismo pues cada día se vuelve más fuerte en la sociedad.

Existen varios factores que influyen e inducen a la compra y uno de ellos son los avances tecnológicos y la publicidad. El avance tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos.

Es necesario tomar conciencia y controlar esta situación, saber cuanto y que debemos comprar y no caer a la tentación de comprar sin necesidad de hacerlo pues es el primer paso para ser parte de los consumidores compulsivos.

Hoy es necesario un nuevo paradigma basado en la sostenibilidad, lo que supone satisfacer todas las necesidades básicas de todas las personas, y controlar el consumo antes de que este nos controle. Entre las medidas más inmediatas hay que eliminar las subvenciones que perjudican el medio ambiente (850.000 millones de dólares anuales que incentivan el consumo de agua, energía, plaguicidas, pescado, productos forestales y el uso del automóvil), realizar una profunda reforma ecológica de la fiscalidad, introducir criterios ecológicos y sociales en todas las compras de bienes y servicios de las administraciones públicas, nuevas normas y leyes encaminadas a promover la durabilidad, la reparación y la «actualización» de los productos en lugar de la obsolescencia programada, programas de etiquetado y promoción del consumo justo. Y todo ello dentro de una estrategia de «des-materialización» de la economía, encaminada a satisfacer las necesidades sin socavar los pilares de nuestra existencia.

Información adicional

Notas complementarias:

Fuentes:

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