Cambios de paradigma y consumo sustentable

Reza una cita, «para cambiar al mundo, primero debemos empezar por cambiarnos uno mismo»; nada más acertado y realista. En su mayoría la humanidad no se responsabiliza de su consumo, sociedades como las capitalistas viven en un eterno consumismo depredador, contaminante y que puede generar enfermedades, siendo sin dudas la más peligrosa de los sistemas actuales en el mundo. Si bien este tipo de sociedades son las más nocivas para el planeta, las sociedades comunistas, socialistas y progresistas contribuyen a un consumo no responsable. Es que el problema en realidad lo tiene la humanidad, muy adentro suyo, casi en su totalidad.

Tratando de buscar vías para un cambio de paradigmas para un consumo sustentable y una sociedad diferente. He creado un par de consejos que ayudara a realizar un consumo sustentable y mejorar tu modo de vida.

  1. Lo primero que debes hacer es preguntarte algunas cosas: Lo que voy a comprar ¿sirve para sobrevivir? ¿Sirve para producir algo? ¿Es para una enfermedad que poseo o para mi salud? ¿Esto me lo voy a poner, tengo realmente poca ropa?. Si lo que usted está por comprar no responde a esas preguntas, no lo compre. Usted debe comprar lo que realmente necesita, no lo que entra por los ojos. Debe adquirir aquello que realmente le sea útil a su existencia, lo que no es banal o superficial. Debe comprar algo que realmente utilice para subsistir en la vida y que vaya a utilizar realmente.
  2. Evite comprar varios objetos que cumplen la misma función. Realmente no hace falta tener 3 televisores en casa, tres teléfonos, una filmadora y cámara de fotos teniendo un celular que tiene las mismas prestaciones. Tampoco un equipo de música de última generación, cuando tienes una computadora y parlantes que puede servir para realizar las mismas acciones. Son gastos de recursos que ayudan la explotación indiscriminada del medio ambiente y se pueden evitar.
  3. Infórmate sobre el origen de los productos, el proceso y los elementos empleados para su fabricación, tanto si es ropa, objetos o comida. Mira las etiquetas de cashmod (información sobre el producto). Existen tiendas y sitios en internet como Comercio Justo donde puedes obtener recomendaciones e información sobre productos; elige siempre los menos nocivos para el medio ambiente. Debes elegir los productos que han sido producidos o fabricados en los lugares más cercanos a donde vives, su desplazamiento habrá sido menor, por lo tanto, se habrá utilizado menos energía y habrán generado menos contaminación para su transporte. No compres pensando solamente en el producto, sino también en quien lo produce y quien lo vende. Es mejor ayudar a los pequeños comercios y productores que a las grandes multinacionales. Fíjate si estas empresas poseen iniciativas sociales.
  4. Olvídate de la moda, las tendencias y la propaganda; siempre ocultan un mundo que no se conoce y puede ser perjudicial para el consumo, la salud y el medio ambiente. Mantén una visión de análisis, crítica y no banal y evita comprar accesorios de moda y productos de belleza, no son esenciales y contribuyen al derroche de recursos; generalmente son tóxicos, generan enfermedades y no ayudan a tu supervivencia. Este mismo punto debe aplicarse dentro del hogar, evita comprar adornos innecesarios, compra lo que realmente sirve para tu soporte vital.
  5. Debe preocuparse por el medio ambiente. Sé consciente que el despilfarro en las compras y el consumo genera una producción masiva que degrada los recursos y el medio ambiente. No solamente se trata de ir y comprar lo que se nos ocurre o que nos llama la atención, esta actividad lleva aparejadas otras, como el extractivismo, la explotación y la producción de gran cantidad de basura. Debes tener una visión holística del consumo.
  6. Compra o utiliza vehículos no contaminantes, no es necesario ir en auto a 10 cuadras cuando lo puedes hacer caminando o en bicicleta. Si compras un auto, que sea no contaminante, es preferible, autos eléctricos. No compres autos que funcionan con agua o biocombustibles, el agua y la materia biológica es esencial para la vida. Además, para producir biocombustibles se gastan más recursos y terreno para su producción que podrían servir para alimentos y otros materiales esenciales para la vida. Si tienes vehículo, compártelo con familiares y amigos, será menos gasto de recursos y contaminación. Usa el transporte público a largas distancias y cuando más puedas.
  7. Aplica en tu vida una economía basada en recursos, comparte tus recursos con tus allegados, intercámbialos por otros recursos o servicios cuando ya no te hagan falta o emplea el sistema de bancos de tiempo.
  8. En caso de no poder aplicar una economía basada en recursos, trata de utilizar dinero virtual en vez de dinero material en tus compras. Se necesita recursos para fabricar el dinero material, generalmente son construidos en papel y otras sustancias que generan contaminación, enfermedades y depredación de la naturaleza. Sucede lo mismo con tarjetas de créditos, están realizadas sobre materiales plásticos, estos extraídos del petróleo. Se podría evitar utilizando sistemas de dinero virtual como el BitCoin, LiteCoin, etc.
  9. Aplica en tu vida la filosofía de reducir, reutilizar, reparar y reciclar. Si ya tienes materiales con los cuales producir algo que necesitas, no tiene sentido ir a comprar nuevos. El poder más grande de una persona para una vida sostenible, son los sueños, la imaginación y la creatividad, comienza a aplicarlas. Puedes ingresar a portales como Ecoportal para obtener información sobre como puedes lograr este punto.
  10. Consume productos sin obsolescencia programada, estos productos se rompen o deja de funcionar rápidamente y generan un consumismo inútil. El proceso de obsolescencia programada contribuyen a la depredación de recursos, la contaminación, un mayor caudal de desperdicios y no contribuyen a la economía. La palabra economía proviene de economizar, si consumes elementos que se rompen con facilidad, se deberá producir nuevamente el mismo producto ayudando a utilizar más recursos y energía para su producción; no ayuda a economizar y, por lo tanto, a la economía. Sé inteligente.
  11. Alimentación y producción sostenible. Consume y produce productos ecológicos, autóctonos y de temporada. Evita que tu dinero o tus recursos vallan a empresas contaminantes y extractivistas. Evita consumir productos que contienen pesticidas, transgénicos y elementos dudosos. Consumir estos productos traerá consigo enfermedades y problemas físicos que necesitaran de atención inmediata, se gastaran otros recursos esenciales como medicinas y tratamientos para contrarrestarlas.
  12. Como consumidor/a tienes derechos, no te quedes en silencio. Tienes derecho al acceso a la información de lo que consumes. Exige a las empresas productos durables, no tóxicos y contaminantes. No compres productos a empresas que ayudan a la esclavización de personas o que ayudan a países que violan los derechos humanos y cometen crímenes de lesa humanidad. Compra en empresas que producen elementos bajo licencias libres o de código abierto. Si hay algo de una empresa que no te gusta, quéjate en las cuentas de redes sociales o por los medios disponibles. Exígeles que sus productos sean sustentables.
  13. Evita comprar y que se vendan productos bélicos, las guerras generan un elevado gasto de recursos y contaminación. Informes de varios científicos afirman que la temperatura y la contaminación terrestre se elevó un 800% desde el 2001 hasta la fecha, precisamente cuando comenzaron a extenderse los conflictos bélicos. Además, las armas utilizan sustancias tóxicas y químicas que agreden el medio ambiente, la vida y la producción.
  14. En materia de multimedia, no contrates servicios de televisión o comunicación que emplean cable coaxial o cualquier tipo de ramales de cables terrestres, elige servicios de televisión o comunicación por aire. Los servicios de televisión terrestres deben utilizar recursos para construir sus ramales de cables, plásticos, fibra de vidrio, cobre, oro, etc. en grandes cantidades contribuyendo al extractivismo y la contaminación. No te conformes con cualquier información que den por televisión u otros medios. Hay programas que son claros ejemplos de consumismo y que no ayudan más que a la superficialidad. Realmente consume material informativo, aprendizaje y cultura que ayuden a extender tu mente y tu espíritu. Hoy en día vivimos en un mundo donde el flujo de información es constante, así que opta por medios donde informan sobre realidades sociales y priman el interés general sobre el interés del propio medio. Comparte, informa y educa a los demás, es necesario inculcar a las demás generaciones el conocimiento, de no hacerse es un recurso más que se pierde.

Corridas de toros, el arte del engaño

«No hay nada tan patético como una multitud de espectadores inmóviles presenciando con indiferencia o entusiasmo el enfrentamiento desigual entre un noble toro y una cuadrilla de matones desequilibrados destrozando a un animal inocente que no entiende la razón de su dolor.

Un baño de sangre anual de mil millones de euros».

Crueldad y decepción

Las corridas de toros son un espectáculo bochornoso en tres actos, de unos veinte minutos de duración, que escenifica la falsa superioridad y la fascinación enfermiza con la sangre y la carne de la que se alimentan, contra toda lógica ética y dietética, quienes creen tener un derecho divino a disponer a su antojo de la vida de otros seres sensibles, llegando incluso a justificar y trivializar la muerte del toro como arte y diversión; un comportamiento patológico que nace de una incapacidad para afrontar el dolor de las víctimas y una morbosidad irrefrenable ante la posibilidad de ser testigo directo de alguna cornada, o de la muerte del matador; un riesgo fortuito, infrecuente (un torero por cada 40.000 toros sacrificados), y sobre todo evitable que, sin embargo, incrementa el carácter macabro de la corrida.

Una caridad cruel e insolidaria

Igual que los carniceros y las guerras, las corridas de toros tienen mala imagen, y no es fácil presentar la muerte como arte, comida o libertad. Pero si el requisito para un festín es la matanza de un animal, y los tiros son los precursores de la libertad, quienes se lucran fomentando la diversión a costa de la vida animal también necesitan justificar y enfocar la atención de los consumidores y usuarios en la supuesta utilidad de sus productos y servicios apoyando obras de interés social; por ejemplo, a través de una corrida de beneficencia, un acto aberrante e insolidario que, sin embargo, puede servir de reclamo al tranquilizar algunas conciencias, sobre todo si el baño de sangre beneficia supuestamente a un asilo de ancianos, las hermanitas de los pobres, una asociación que defiende a los discapacitados como la Fundación Padre Arrupe, o instituciones como la Asociación Española Contra el Cáncer o la Cruz Roja, que también entró a formar parte del negocio taurino con la explotación del servicio de alquiler de almohadillas en la plaza de Sevilla.

La destrucción de cualquier vida, supuestamente en beneficio de los demás, es éticamente inaceptable; pero esto no impidió a las monjas de la Hermandad del Santo Cristo del Consuelo y Nuestra Señora de los Desamparados celebrar el año pasado en Ciudad Real una novillada o «festival taurino-religioso», incumpliendo el artículo 2.418 del catecismo, donde se dice que hacer sufrir a los animales va contra la dignidad humana. Otro ejemplo pintoresco, impropio de una sociedad democrática y civilizada, que no guarda relación con una actitud solidaria y humanitaria hacia los discapacitados y los animales, tuvo lugar en Alcuéscar, Cáceres, donde el alcalde construyó con dinero público una rampa y una zona especial para que 80 espectadores en sillas de ruedas pudieran ser testigos de un linchamiento repugnante de animales físicamente sanos. La Diputación de Málaga también se ha sumado a este inusitado interés taurino por los discapacitados físicos, aportando dinero público para que la plaza de La Malagueta sea la primera del país en instalar un ascensor para minusválidos, que previamente eran trasladados en brazos por los empleados, habilitando el ruedo para todos los públicos, con la creación de rampas de acceso a la plaza y una barandilla para sujetar las sillas de ruedas.

Las administraciones públicas, propietarias del 65% de las más de trescientas plazas de toros españolas, a pesar de las quejas de la inmensa mayoría de los contribuyentes que no desean apoyar con sus impuestos esta barbarie nacional que los intereses taurinos tratan desesperadamente de mantener e incentivar, siguen exigiendo un mayor número de corridas en los pliegos de adjudicación de los concursos taurinos; una carnicería anual, estéticamente impresentable que, con más de mil representaciones escenificando la masacre de un pacífico animal herbívoro que acaba en el desolladero, amenaza con ahogar con sangre, incluso, el interés de sus más fieles e incondicionales cómplices, ética y físicamente discapacitados, de una cobardía que a todos envilece.

Una siniestra farsa impuesta como fiesta nacional

Detrás de la barrera que les aisla de la sangre, los aficionados y curiosos, adictos a la muerte y al dolor ajeno, se jactan de alimentar un biocidio aberrante y estéril con la compra de abonos que les permiten ver hasta la saciedad un espectáculo nauseabundo en el que se torturan, uno tras otro, miles de veces, seis magníficos animales, condicionados desde el nacimiento para representar, junto con el caballo, el papel más funesto de un fatídico guión, dividido en tres «suertes», en las que unos siniestros mercenarios muestran su desprecio a la vida, acosando y «castigando» a un noble toro, manipulado y traicionado, con arpones y picas afiladas, hasta que muere, asfixiado o ahogado en su propia sangre con los pulmones destrozados por la espada del matador, o apuntillado con un puñal con el que intentan seccionarle la médula espinal. Pudiendo haber sido sometido, según estudios veterinarios, a toda clase de mortificaciones fraudulentas, incluyendo, además del afeitado (del cual, según el artículo 47.2 del reglamento de 1996, son supuestamente responsables los ganaderos), el suministro de fármacos y purgantes, que actúan como hipnotizantes y tranquilizantes, pudiendo producir falta de coordinación del aparato locomotor y defectos de la visión antes de comenzar la farsa taurina y ser descuartizado por los picadores, que le clavan el hierro de la puya en el morrillo, abriendo, a modo de palanca, un tremendo agujero con la cruceta, cortando y destrozando los tendones, ligamentos y músculos de la nuca para obligarle a bajar la cabeza y poderle matar más fácilmente. Continuando con el suplicio de las banderillas; tres pares de arpones de acero cortante y punzante (llamadas también «alegradores»), que le rompen la cerviz, quitándole fuerza y vitalidad, antes de ser estoqueado por los sicarios de la espada y el puñal; una labor premiada con las orejas, rabos y patas arrancadas de sus víctimas, incluso antes de su muerte, como trofeos que testifican el grado de deshumanización de sus cobardes verdugos y quienes les alientan con el griterío inconsciente o un silencio cómplice.

Las corridas de toros, además de carecer de sentido ético y apoyo social, fomentan el desprecio hacia los animales y la insolidaridad entre los ciudadanos, acostumbrados a permanecer impasibles ante el linchamiento de un ser vivo. No siendo tampoco un espectáculo que cuente con el apoyo incondicional de sus más fervientes aficionados que protestan contra «la invalidez de los pseudotoros» y el incumplimiento reiterado de las normas que regulan la tortura del animal, cada vez más debilitado y «falto de casta», que sufre la dolorosa indignidad del afeitado, una práctica que implica el corte de un trozo de pitón, dentro del mueco donde se le inmoviliza, sufriendo el llamado lumbago traumático, y destrozándose los músculos y tendones al luchar desesperadamente por librarse del yugo que sujeta su cabeza, saliendo desvencijado en el cajón hacia los corrales de la plaza, a donde llega tullido y sin fuerzas para afrontar los desgarradores puyazos que le inflinge el picador. Un vergonzoso fraude, tolerado y muy extendido, según los propios taurinos, que debería bastar para condenar y aislar públicamente a los matones que han impuesto, con el beneplácito institucional de sus vasallos políticos, este sucio negocio como emblema de la España negra y «fiesta nacional».

El «arte de matar»: como modelo educativo, religioso y cultural

Aunque haya disminuido el apoyo popular a las corridas de toros, el fin de las fiestas crueles dependerá del grado de respaldo de los medios de comunicación, de los intereses económicos y de las instituciones públicas y religiosas que tradicionalmente las han justificado y mantenido, política y materialmente, a cambio de vender su alma al diablo o al mejor postor, permitiendo la implantación del «status quo» taurino y la pérdida de valores éticos y religiosos del modelo egoísta de sociedad actual, intolerante y cruel, que se manifiesta a través de las retransmisiones taurinas, la violencia deportiva y doméstica y la telebasura en general, con el silencio cómplice, egoísta o ignorante de los votantes que legitiman activa o pasivamente la violencia institucionalizada sin comprender el origen de los conflictos sociales y las guerras locales y transnacionales que condicionan e hipotecan el presente y el futuro de la humanidad.

El fomento de la crueldad y el desprecio a la vida llega incluso a redefinir y condicionar el comportamiento y la identidad cultural de los aficionados a la sangre, a través de nuevos videojuegos como «Torero, arte y pasión en la arena», con una opción, presentada por un conocido torero, que enseña a dos jugadores las técnicas más refinadas para torturar y matar a sus víctimas virtuales o potenciales. Al igual que los esfuerzos, claramente tendenciosos para presentar una corrida de toros simbólicamente, con descaro o sutileza, como una expresión artística fascinante y respetable, a través del cine o del teatro, en obras como «Carmen» y «Don Juan en los ruedos», de Salvador Távora, que llenan los escenarios de sangre real, vertida para satisfacer el morbo de los espectadores, o la película «Hable con ella», del director Pedro Almodóvar, quien organizó corridas de muerte en Madrid y Guadalajara, que costaron la vida a varios toros, destruyendo la magia incruenta del cine para manchar de sangre a los espectadores y hacerles cómplices involuntarios de una atrocidad éticamente incomprensible e injustificable.

Uno de los factores que contribuyen a mantener y fomentar las corridas de toros es el aporte de dinero público de las instituciones locales y regionales a las escuelas taurinas, que surgieron junto a los antiguos mataderos municipales, donde se entrena a niños de doce y catorce años en «el arte de matar», mediante competiciones y prácticas con terneros y vacas, que sufren atroces heridas e incluso, como en la escuela taurina de Madrid, mutilaciones de las orejas y el rabo antes de morir. Barbaridades que forman parte del ritual tauricida de las corridas, apoyadas y justificadas por representantes taurinos de la cultura, como el escritor y catedrático de ética de la Universidad Complutense de Madrid, defensor de las corridas de toros y de las víctimas del terrorismo, Fernando Savater, quien se jacta de que «las barbaridades a veces también tienen su mérito, su estética y su ética», justificando demagógicamente la crueldad por no ser, según él, «el objetivo de la diversión», sino «un ingrediente necesario».

El gobierno de Andalucía, que también apoya las corridas de toros, justifica las escuelas taurinas que subvenciona haciendo una lectura parcial de los artículos 35 y 46 de la Constitución Española, que tratan del derecho al trabajo y la libre elección de un empleo o una profesión, así como el fomento y conservación del patrimonio cultural español, sin tener en cuenta el artículo 15, que trata del derecho a la vida, sin miedo a la tortura y a un trato inhumano y degradante, que convenientemente no se aplica a los toros y caballos víctimas de las corridas.

Otros factores económicos que contribuyen a mantener las corridas son la asistencia, nada grata, del turista ocasional que apoya, a menudo involuntariamente, el morboso espectáculo y la diversificación económica de los ruedos. Asimismo, mientras algunos ganaderos se benefician de la ayuda económica de la Unión Europea, destinada a la producción de carne, otras subvenciones públicas permiten la celebración de corridas de toros en pueblos y ciudades que carecen de medios económicos para organizarlas por su cuenta. La venta de carne de los animales sacrificados a los gourmets taurinos, que ignoran o desean ignorar la importante liberación de toxinas producida por el estrés de las víctimas y las enfermedades habituales relacionadas con su consumo, como tuberculosis, nefritis y parasitosis hepática, también contribuye a hacer más rentable la masacre taurina.

A pesar de la falta de apoyo público por los espectáculos crueles de las últimas estadísticas, coincidiendo con el auge del vegetarianismo/veganismo y la búsqueda de valores espirituales basados en el respeto a la vida; sin absurdas excepciones antropocéntricas o religiosas, la mafia taurina, que nunca en su macabra historia ha querido saber de leyes de protección animal (incompatibles con su actividad tauricida, destructora de hombres y caballos), trata desesperadamente de retrasar el inevitable fin de una sangrienta dictadura que extiende sus tentáculos por los satélites taurinos de Europa, América y otros feudos potenciales, imponiendo un espectáculo denigrante y remodelando o proyectando nuevos centros de tortura multiuso, con cubierta o techo retráctil, para subvencionar y equiparar el martirio de animales con otros espectáculos musicales y artísticos más lucrativos, como el centro multimillonario de la ciudad de Burgos, previsto para el 2004.

Una perspectiva histórica

Aunque las corridas de toros sean un espectáculo singular y vergonzosamente español, su origen se remonta a los sangrientos juegos romanos y las crueles venationes en las que se mataban miles de animales para divertir a un público sediento de sangre y fuertes emociones. Según cuenta Plinio el Viejo, en su Historia Natural, Julio César introdujo en los juegos circenses la lucha entre el toro y el matador armado con espada y escudo, además de la «corrida» de un toro a quien el caballero desmontando derribaba sujetándolo por los cuernos. Otra figura de aquella época, según Ovidio, fue el llamado Karpóforo, que obligaba al toro a embestir utilizando un pañuelo rojo. El sacrificio de toros también se incluía entre los ritos y costumbres que los romanos introdujeron en Hispania.

En Creta, además del relato de la mitología griega que cuenta las aventuras de Ariadna, hija del rey Minos, y Teseo, que mató al Minotauro, hay constancia de la celebración de juegos en la plaza de Cnossos, en cuyo palacio, conocido por el Laberinto, pueden verse frescos que muestran a hombres y mujeres en escenas de tauromaquia, guiados quizá por los mismos mitos y la ignorancia insensata que permite caracterizar a un pacífico animal como un monstruo o enemigo virtual, convirtiéndole en víctima real de nuestro fracaso evolutivo como seres humanos, para poder traficar con la vida y el dolor de cuantos carecen arbitriamente de nuestros inmerecidos privilegios.

El acoso y la matanza de toros en España como ritual de diversión

La primera referencia histórica de una corrida data de 1080, como parte del programa de festejos de la boda del infante Sancho de Estrada, en Ávila. Existiendo una conexión psicológica entre la corrida y estas celebraciones por la simbología ritual libidinosa imaginaria entre toro y torero, o entre lo masculino y lo femenino, con ramificaciones en el folklore y las fiestas populares, así como la relación libidinal entre el público y el torero, y otros elementos menos visibles que manifiestan todo un espectro de deseos, traumas y pasiones malsanas y enfermizas.

Aunque varios escritores apuntan que el Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, fue el primer caballero español que alanceó toros, según Plinio, la práctica la introdujo Julio César, atacando él mismo con una pica a los toros a caballo. Una costumbre que los moros consideraban menos peligrosa que los torneos entre cristianos, que les preparaban para las batallas en las que los hombres se mataban del mismo modo.

Durante la Edad Media la corrida de toros se desarrolla y es monopolizada gradualmente por la nobleza que, influenciada por la galantería y el mal ejemplo de los reyes, como sucede en España en la actualidad, se disputaba la notoriedad pública, las atenciones de las damas y el respeto de los demás, exhibiendo su «valor» y gallardía, acosando y alanceando toros, considerados como enemigos totémicos de gran poder defensivo.

La reina Isabel la Católica rechazó las corridas de toros, pero no las prohibió, mientras que el emperador Carlos V se distinguió por su afición y mató un toro de una lanzada en Valladolid para celebrar el nacimiento de su hijo Felipe II, en cuyo reinado se promulgaron las primeras condenas eclesiásticas.

La complicidad del poder y la iglesia con las corridas de toros

En 1565 un concilio en Toledo para el remedio de los abusos del reino, declaró las funciones de toros «muy desagradables a Dios», y en 1567 el Papa Pío V promulgó la bula De Salutis Gregis Dominici, pidiendo la abolición de las corridas en todos los reinos cristianos, amenazando con la excomunión a quienes las apoyaban, pero su sucesor Gregorio XIII modera el rigor de la bula de San Pío V, conforme al deseo de Felipe II de levantar la excomunión. En 1585, Sixto V vuelve a poner en vigor la condenación, que a su vez es cancelada en 1596 por Clemente VIII. Felipe III renovó y perfeccionó la plaza mayor de Madrid en 1619, con capacidad para casi sesenta mil participantes, y Felipe IV, además de alancear toros y matar uno de un arcabuzazo en la Huerta de la Priora, estoqueó a muerte a más de cuatrocientos jabalíes.

Durante los siglos XVI y XVII, en España y el sur de Francia ya se practicaba la suelta de vaquillas y toros por calles y plazas, y otros festejos como los toros de fuego y los toros embolados, ensogados o enmaromados, comparables en crueldad con el espectáculo aristocrático de la corrida en el que el caballero tenía un papel preponderante en el acoso y muerte del toro, que también sufría las mil provocaciones que le causaban los peones desde los burladeros o caponeras, los arpones que la chusma le clavaban y los arañazos de algunos gatos introducidos en algún tonel que el toro desbarataba. En Sevilla, se documenta una corrida, a cargo de la cofradía de Santa Ana, con «seis o doce toros con cinteros y sogas para regocijo del pueblo», llegando a generalizarse en las grandes corridas a caballo, con rejones, la provisión de un primer toro «para que sea burlado, humillado y muerto por el pueblo de a pie».

El entusiasmo de la nobleza por las corridas se mantuvo durante el reinado de Carlos II, pero a partir del siglo XVIII, cuando la nobleza se desentendió del toreo a caballo, a raíz de la prohibición de Felipe V de las llamadas «fiestas de los cuernos» (también rehusó participar en un auto de fe organizado en su nombre al principio de su reinado), se impuso el protagonismo plebeyo en el toreo a pie, con la novedad de la muerte del toro a manos de la gente más vil y poco refinada vinculada con el abasto de carne y los mataderos, donde desarrollaron su particular modalidad tauricida hasta formar en el siglo XVII cuadrillas de peones o chulos provistos de capas, que se unieron a los patéticos y despiadados jinetes (varilargueros), para correr (provocar el acoso del toro), doblar (hacerle dar vueltas bruscamente con el engaño), pinchar y rematar (desjarretar) a los toros agotados que rehuían el doloroso encuentro con sus verdugos a caballo y los perros de presa. Pasando de ser el enfrentamiento con el toro un entrenamiento «deportivo» a un negocio lucrativo que siguió contando con el apoyo real para erigir en la Puerta de Alcalá de Madrid la vieja plaza de obra de fábrica, donada por Fernando VI a la Real Junta de Hospitales, que fue inaugurada en 1754.

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se destinan extensas tierras para pastos, mientras el matador de toros alcanza renombre como espada y se consuma la dictadura taurina, al margen de la ley, con la proliferación de plazas permanentes, al estilo de los coliseos romanos, como un cáncer de la razón, con la consiguiente perversión y vulgarización de las malas costumbres y la pérdida de valores éticos y sociales que los españoles ilustrados trataron de corregir, sin éxito, con una legislación más humanitaria y socialmente acertada.

La conciencia humanitaria ilustrada y el despotismo taurino

A finales del siglo XVIII, una iniciativa para civilizar las costumbres del país del conde de Aranda, ministro del gobierno ilustrado de Carlos III y presidente del Consejo de Castilla, desembocó en la promulgación de la Real Orden de 23 de marzo de 1778, que prohibía las corridas de toros de muerte en todo el reino, con excepción de aquéllas destinadas a sufragar, «por vía de arbitrio», algún gasto de utilidad pública o fines benéficos, siendo éstas prohibidas también posteriormente por la «pragmática-sanción en fuerza de ley» de 9 de noviembre de 1785, que contemplaba su «cesación o suspensión». Finalmente, por el decreto de 7 de septiembre de 1786 se consumó la total prohibición de todos los festejos, sin excepciones, incluidas las corridas concedidas con carácter temporal o perpetuo a cualquier organismo como «las Maestranzas u otro cualquiera cuerpo». En 1790, otra «Real Provisión de los señores del Consejo», erradicaba, no sólo la versión espectáculo de la recién inventada «corrida moderna», sino cualquier celebración que tuviera al toro como víctima protagonista, en virtud de la cual se prohibía «por punto general el abuso de correr por las calles novillos y toros que llaman de cuerda, así de día como de noche». En 1805, otro real decreto de Carlos IV reiteraba la abolición de las corridas de toros en España y sus territorios de ultramar, aunque se toleraban algunas excepciones con fines benéficos. Prohibición que dejó de ser efectiva incluso antes de la llegada de Fernando VII, el rey absolutista que restaura el tribunal de la inquisición (abolido en 1808) y da su apoyo a las corridas, mientras suprime las libertades y la constitución de 1812. Cerrando las aulas de la Universidad en todo el reino, al mismo tiempo que crea, en 1830, la primera escuela de tauromaquia, con sede en el matadero sevillano, que sería cerrada tras su muerte, en 1834, bajo la regencia de María Cristina.

El deseo de la mafia taurina de afianzar su poder e imponer su espectáculo a toda costa a la población española incrementa el ritmo de construcción de circos de muerte a lo largo del siglo XIX (en respuesta a la prohibición legal de las corridas), en cuyo período se erigen y se aumenta la capacidad de la mayoría de los que hoy están en uso. Provocando el apasionado clamor literario de la poetisa española Carolina Coronado (1823-1911) contra la profusión de circos taurinos, en su poesía Sobre la construcción de nuevas plazas de toros en España. Durante el siglo XIX se regula la matanza de los toros al margen de la ley, publicándose en 1836 la Tauromaquia completa, mientras se organizan espectáculos en los que participan perros y otras especies animales, al más puro estilo del antiguo circo romano, como el enfrentamiento que tuvo lugar en Madrid entre un toro y un elefante en 1898.

La muerte de miles de caballos, horriblemente destripados, convierte las corridas de toros en verdaderas carnicerías que acaban reduciendo la población equina a la mitad en el último tercio del fin de siglo, lo que motiva la introducción en 1928 del peto, una colcha protectora de invención francesa, que no elimina el sufrimiento del caballo, pero evita herir la sensibilidad de los espectadores que menos toleran la sangre.

Los ganaderos manipulan el comportamiento y la fuerza del toro reduciendo su tamaño y fabricando un animal acomodaticio por medio de sucesivos cruzamientos para adaptarles al ritual taurino «moderno».

Pablo Iglesias (1850-1925), figura indiscutida del Partido Socialista (PSOE) desde su legalización en 1881, condena públicamente las corridas de toros; pero es su propio partido el que las legaliza de nuevo en España mediante el Real Decreto 176/1992, de Juan Carlos I, que, lejos de tipificar la crueldad como delito como corresponde a un gobierno constitucional democrático, establece las medidas para fomentar la barbarie taurina «en atención a la tradición y vigencia cultural de la fiesta de los toros», especificando las características y el tamaño de las armas, legalmente homologadas, que los verdugos deben emplear para torturar a sus víctimas, como las banderillas; más largas que hace dos siglos, las banderillas negras (que reemplazaron a las de fuego con cartuchos de pólvora), para aterrorizar al toro manso que no colabora con sus verdugos, así como la puya o pica, la espada o estoque y la puntilla propia del matadero y el arsenal taurino.

El negocio taurino fuera de España: una cuestión de vida y muerte

Las corridas de toros en América, Francia y Portugal atravesaron las mismas vicisitudes que en España, decretándose prohibiciones civiles y eclesiásticas que, salvo algunas excepciones, no se respetaron, aunque contribuyeran al desarrollo de un estilo diferente de espectáculo, igualmente cruel, basado en el tormento y la muerte de un animal sensible.

En Francia, la entrada en vigor de la ley Grammont prohibiendo las corridas de toros el 2 de julio de 1850, no impidió la introducción de las corridas de muerte al estilo español, para satisfacer a la emperatriz española, Eugenia de Montijo, que intervino personalmente para solicitar la suspensión de la prohibición que afectaba a una serie de corridas en Bayona, programadas para el verano de 1853, en las que murieron 19 toros y 39 caballos. A pesar de lo cual, las corridas siguieron estando legalmente prohibidas durante cien años en todo el territorio nacional, hasta la adopción, por el Consejo de la República, el 12 de abril de 1951, de una proposición de ley declarando que la ley anterior «no era aplicable a las corridas de toros cuando una tradición ininterrumpida podía ser invocada».

Temiendo que una mayor preocupación por los derechos de los animales haga más difícil mantener engañada a la opinión pública mundial, la mafia taurina trata desesperadamente de exportar su esperpéntico espectáculo a cualquier país sin ninguna tradición taurina como Egipto y Rusia, o a otras ciudades de Francia como París, donde intentaron organizar una corrida, en junio de 2002; o Carcasona, donde se montó una corrida por primera vez desde 1954, después de que el alcalde y la corte superior de justicia hicieran prevalecer la escapatoria legal de que existe «una tradición local ininterrumpida», una disposición que excluye a las corridas de toros y peleas de gallos de las sanciones previstas en la actualidad para el maltrato de animales en la ley francesa de protección de los animales del 15 de julio de 1976.

«Según una encuesta francesa de 1993, el 83% de la población está en contra de las corridas de toros, y sólo las apoya un 11%».

En Portugal, donde la crueldad y el sufrimiento de los animales es similar al resto de la península, a pesar de la prohibición de las corridas de muerte al estilo español en 1928, la tradición de matar a los toros en las plazas de las ciudades fronterizas con España continúa en lugares como Villa de Barrancos, donde las autoridades las han permitido durante décadas. Paradójicamente, una nueva ley permitirá nuevamente la matanza del toro en los ruedos, en las ciudades que puedan demostrar haber mantenido ininterrumpidamente la costumbre de matar toros y de haber incumplido sistemáticamente la ley durante al menos cincuenta años.

Los falsos argumentos utilitaristas en defensa de las tradiciones para justificar la tortura de los toros no justifican de ninguna manera ningún acto basado en el suplicio gratuito de nuevas especies animales, pero el abuso sistemático de animales de cualquier especie acaba insensibilizando a la opinión pública ante el sufrimiento animal, permitiendo, por ejemplo, incluso encierros de avestruces en Aragón y en poblaciones como Fuengirola, sin tener en cuenta las consecuencias físicas, psicológicas, morales o éticas para las víctimas involuntarias o para quienes participan de buena gana en cualquier espectáculo cruel y degradante.

Si deseamos atajar la violencia contra los animales de cualquier especie y empezar a construir una sociedad basada en el respeto a la vida y a los demás, debemos avanzar en la dirección más humanitaria de otros países de la Unión Europea como Alemania, Italia o el Reino Unido, y mejorar el estatuto de los animales en España y otros países como Portugal, Francia, México, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, condenando sin paliativos la tortura de cualquier ser vivo a nivel europeo e internacional y reformando el artículo 632 del Código Penal español, que es totalmente ineficaz para prevenir los casos de crueldad con los animales, ya que sólo se aplica a los espectáculos no autorizados legalmente, en cuyo caso el maltrato sólo está castigado como una falta, con una multa.

El despertar de la conciencia pública

Los continuos esfuerzos de las instituciones en apoyo de las corridas de toros y las fiestas crueles, en las que se torturan animales de varias especies en la España democrática, se enfrentan al creciente rechazo de una juventud más crítica que busca una relación más sincera y armoniosa con los animales y la naturaleza, y a una opinión pública más escéptica y dispuesta a cuestionar, no sólo la calidad y el origen de los alimentos, sino también las diversiones más aberrantes. Lo cual posibilitaría el fin de la permanente sangría nacional y un mayor progreso económico, social y cultural del país haciendo realidad el sueño de erradicar las costumbres violentas, insolidarias y crueles, como las corridas de toros, prohibidas hace más de dos siglos por nuestros ilustres antepasados como una enfermedad social que se manifiesta, de múltiples formas, destruyendo nuestra sensibilidad y el sentido ético y estético de cuantos aceptan como normal que las partes mutiladas de un animal herbívoro pacífico sirvan de recompensa a sus verdugos, y fomentando incluso el machismo y la violencia de genero; ya que si se acepta que un ser vivo pueda ser torturado por lucro y diversión, también la condición humana puede ser objeto de la misma consideración.

José Vargas Ponce, capitán de fragata, miembro y director de la Real Academia de la Historia, y notable erudito, amigo de los principales ilustrados de la época, como Jovellanos y Villanueva, resumió en su Disertación sobre las corridas de toros, escrita en 1807, todos los argumentos antitaurinos del siglo XVIII, trabajo que, lamentablemente, no trascendió más allá del limitado círculo académico, quedando inédito en los archivos hasta 1961, cuando Julio Guillén Tato, otro marino académico, editó la Disertación y alguna documentación complementaria, en la que el autor condena las diversas perversiones que se resumen en la corrida de toros: «Â¿Será posible que espectáculo por tantos títulos bárbaro, expuesto e indecoroso, haya tolerado siglos y siglos, sin repugnarlo, la gente española?». En otro apartado sobre los perniciosos efectos que este espectáculo produce en el carácter colectivo de los españoles, dice: «Esto es en el fondo el objeto de cada corrida; esto es lo que representa y multiplica las escenas: fiereza procurada por el hombre, daños y carnicerías voluntarias, dechados perennes de crueldad y de ingratitud, y sangre vertida y mezclas de sangres, y siempre sangre y más sangre. Pues si estos son los ejemplos de los toros, ¿qué pueden producir los toros? Dureza de corazón, destierro de la dulce sensibilidad y formas tan despiadadas y crueles como el espectáculo que miran».

Las corridas de toros y los derechos naturales de los seres vivos

El significado histórico de los derechos civiles, la libertad de expresión y la extensión de los derechos naturales a los seres humanos y a los animales, por primera vez con criterios puramente humanitarios, surgió de una profunda reevaluación de los valores éticos y las prioridades humanas que permitió cuestionar cualquier forma de explotación animal como la domesticación de animales, que es un modelo para el sometimiento social, al igual que la caza, que históricamente ha representado una afirmación de poder y virilidad, y la vivisección que, además de una atrocidad científica, hipoteca nuestra salud, haciéndonos rehenes de los criterios mercantilistas de la industria farmacéutica, que no concibe la salud sin el recurso obligado a las medicinas.

Para hacer frente a las corridas de toros como una costumbre cruel e institucionalizada, antes es necesario entender la relación existente entre este arcaico espectáculo y la primitiva escala de valores de la cultura carnívora en la que se sustenta, que considera a los seres humanos y a otros seres vivos como enemigos potenciales a quienes es posible dominar o sojuzgar, además de consumir sus despojos. Dado que una forma de explotación suele justificar la otra, y ambas pertenecen a una mitología que aparta a los animales de nuestro ámbito moral.

Joseph Ritson (1752-1803), decía en 1802, en su Ensayo moral sobre la abstinencia, que la relación entre el consumo de animales y el comportamiento cruel y despiadado del ser humano, es un hecho históricamente demostrado. Y que el origen de los mal llamados deportes bárbaros e insensibles de los ingleses, como las carreras de caballos, la caza, el tiro con escopeta, el acoso con toros y osos, las peleas de gallos, los combates profesionales de boxeo, y otros tantos, está en la adicción a la carne.

El vegetarianismo como base del progreso social y cultural

Las raíces del movimiento vegetariano, que llegaría a ser la base de las campañas en pro de los animales y sus derechos, tienen su origen en los ideales de la Ilustración y de quienes han creído y luchado por un mundo más justo para los seres humanos y los animales; intelectuales ilustrados como el conde de Aranda (1719-98), diplomático y primer ministro de Carlos III, y Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), jurisconsulto, estadista y escritor, se caracterizaron por su rechazo frontal a las corridas de toros, promoviendo la cultura, el bienestar social y la mejora de las costumbres. Cuya influencia se dejó sentir en toda la generación de los literatos del 98 que, con la excepción de Valle-Inclán, se opusieron a las corridas de toros. Miguel de Unamuno transformó el antiguo lema de Pan y Juegos en Pan y Toros, criticando a las masas que acudían a las corridas en busca de una macabra y sangrienta diversión, mientras que Pío Baroja expresó su preocupación por el sufrimiento de los animales.

Los libros de Tomas Payne (1737-1809), «Sentido común» y «Los derechos del hombre», cuya influencia marcó el curso de la historia de la humanidad, y Joseph Ritson, quien creía que los sacrificios rituales de animales permitieron que el ser humano empezara a comer carne, representaron los ideales de la Ilustración para todos aquellos que creían en un nuevo concepto universal de la justicia para los seres humanos y los animales, sentando las bases del movimiento vegetariano internacional del que forman parte organizaciones como la Unión Vegetariana Internacional (IVU) y diversas asociaciones veganas internacionales que promueven un estilo de vida más sano y solidario, basado en una alimentación de origen vegetal, que rechaza y condena el maltrato de los animales y su explotación para la producción de alimentos, cuya comercialización y consumo impiden la adopción de medidas necesarias, justas y responsables a favor del bienestar de los animales, y el movimiento global para la defensa de sus derechos, un colectivo al que pertenecen también varias asociaciones españolas como Amnistía Animal, ADDA, ALA, ANPBA, ASANDA, ATEA, Derechos para los Animales, OLGA, etc., que defienden los derechos de los animales y condenan la crueldad institucionalizada de las corridas, canalizando la indignación pública hacia estos espectáculos, como en la primera marcha antitaurina de la primavera de 1987 a la plaza de las Ventas de Madrid. Protestas que no siempre reciben la atención adecuada de los medios de comunicación por temor a perder los favores políticos y económicos de los intereses taurinos e institucionales que las apoyan.

Por un futuro sin diversiones sangrientas

El mayor rechazo de la sociedad a las guerras y los espectáculos crueles en los que se torturan y matan animales por lucro y diversión, debería generar una actitud menos tolerante con la violencia que sufren los animales y degrada a toda la sociedad; sin embargo, aunque algunos festejos crueles, como el lanzamiento de una cabra del campanario de la iglesia de Manganeses, ya no se permitan; otros, como el «Toro de la Vega», que consiste en perseguir a un toro por el campo hasta matarlo con una lanza para disputarse sus testículos como trofeo, encuentran su justificación en las corridas de toros y siguen contando con el suficiente apoyo institucional, representado por intereses taurinos, que no permiten educar a la sociedad a valorar por igual a todas las víctimas de la violencia, impidiendo la adopción y ejecución de una verdadera ley estatal de protección animal, acorde con una sociedad democrática evolucionada que respeta los intereses de los más vulnerables.

Si podemos establecer que somos lo que comemos y rechazamos la violencia relacionada con el consumo de carne, también debemos dejar vivir a los demás. Si nuestros alimentos son nuestra medicina, también pueden permitirnos redefinir el significado de lo que llamamos diversión y lograr alimentar el espíritu, o el alma, aprendiendo a apreciar los alimentos obtenidos sin violencia ni crueldad. Si realmente somos seres compasivos, cada uno de nosotros debemos ser parte de la solución y pedir la abolición de las corridas de toros y de toda su simbología supremacista que hace una fiesta del dolor, centrando nuestros esfuerzos en debilitar los cimientos políticos y económicos que hacen posible que perdure un anacronismo de nuestro pasado sangriento que no tiene lugar en una sociedad que se autodefine como moderna, democrática y solidaria.

«Según una encuesta reciente, el 68% de los españoles no están interesados en las corridas de toros, siendo los jóvenes y las mujeres quienes menos las apoyan. Los catalanes y los gallegos, con el 81 y el 79%, respectivamente, son los que están menos interesados. Otros datos reflejan que el 82% de los españoles no han asistido nunca a una corrida, mientras que el 87% condenan el sufrimiento animal en los espectáculos públicos».

El glifosato es carcinogénico: Autoridades reguladoras de la UE que colaboran con la industria agroquímica

Ya en 2016, planteé la cuestión en The Ecologist de sí los reguladores de la UE estaban actuando como promotores de productos cuando se trataba de revalidar la licencia del glifosato, el ingrediente activo en el herbicida Roundup de Monsanto. La renovación de la licencia para el glifosato en la UE estaba siendo debatida en ese momento y muchas pruebas apuntaban a la colusión entre los reguladores y los intereses corporativos cuyas ventas del herbicida ascienden a muchos miles de millones de dólares al año.

En ese artículo, me referí a las pruebas presentadas en varios documentos escritos por la ambientalista y activista Dra. Rosemary Mason. Ahora, tras un nuevo e importante artículo de Charles Benbrook (14 de enero) en la revista «Environmental Sciences Europe», la Dra. Mason ha presentado una queja ante el Defensor del Pueblo Europeo acusando a las agencias reguladoras europeas de ser cómplices de la industria agroquímica.

Mason ha estado escribiendo a la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA), a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y a la Comisión de la UE durante un período de 18 meses, desafiándoles sobre la clasificación de glifosato de la ECHA. Señala que muchas personas en todo el mundo han luchado por entender cómo y por qué la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos y la EFSA llegaron a la conclusión de que el glifosato no es genotóxico (perjudicial para el ADN) o cancerígeno, mientras que la agencia de lucha contra el cáncer de la Organización Mundial de la Salud, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), llegó a la conclusión contraria.

La IARC declaró que la evidencia del potencial genotóxico del glifosato es «fuerte» y que el glifosato es un probable carcinógeno humano. Mientras que la IARC solo hacía referencia a estudios e informes revisados por pares disponibles en la literatura pública, la EPA dependía en gran medida de estudios regulatorios inéditos encargados por los fabricantes de plaguicidas.

De hecho, 95 de los 151 ensayos de genotoxicidad citados en la evaluación de la EPA provenían de estudios de la industria (63%), mientras que la IARC citó el 100% de fuentes de literatura pública. Otra diferencia importante es que la EPA centró su análisis en el glifosato en su forma química pura, o «glifosato técnico». El problema es que casi nadie está expuesto al glifosato solo. Los aplicadores y el público están expuestos a formulaciones completas de herbicidas que consisten en glifosato más ingredientes añadidos (adyuvantes). Se ha demostrado repetidamente que las formulaciones son más tóxicas que el glifosato de manera aislada.

Mason señala que esto refleja las cuestiones planteadas por el Comité PEST del Parlamento Europeo, creado en respuesta a las preocupaciones planteadas por la Iniciativa Ciudadana Europea para prohibir el glifosato, y los documentos de Monsanto (documentos internos de Monsanto divulgados en litigios sobre el cáncer en los EE.UU. que revelan cómo la industria ha subvertido la ciencia).

En un paso inusual, el editor en jefe de Environmental Sciences Europe, el Prof. Henner Hollert, y su coautor, el Prof. Thomas Backhaus, hicieron una firme declaración en apoyo de la aceptación del artículo del Dr. Benbrook para su publicación. En un comentario publicado en el mismo número de la revista, escriben:

«Estamos convencidos de que el artículo proporciona nuevas perspectivas sobre por qué la EPA y la IARC de los EE.UU. han llegado a diferentes conclusiones con respecto a la carcinogenicidad del glifosato y de los GBH[herbicidas a base de glifosato]. Es una importante contribución a la discusión sobre la genotoxicidad de los GBH».

La evaluación de la IARC se basó en gran medida en estudios capaces de arrojar luz sobre la distribución de las exposiciones en el mundo real y el riesgo de genotoxicidad en las poblaciones humanas expuestas, mientras que la evaluación de la EPA puso poco o ningún peso en dicha evidencia.

Tras la evaluación de la IARC, ha habido un intento orquestado por la industria de desacreditar o incluso destruir la agencia.

Puede leer aquí – Las Autoridades Reguladoras Europeas están en connivencia con una corporación implicada en el Holocausto – el documento que Mason ha presentado al Defensor del Pueblo Europeo. Incluye toda su correspondencia reciente con varias agencias reguladoras (y sus respuestas) que describen las preocupaciones sobre la toxicidad del glifosato y algunos de los métodos que se han utilizado para mantenerlo en el mercado.

Mason también ha escrito una mordaz carta abierta al director general de Bayer, Werner Baumann. Puede leer la carta abierta aquí (Monsanto se incorporó recientemente a Bayer).

Cuero es piel

La opinión pública condena rotundamente el uso de animales por su piel (pelaje). Pocas explicaciones se necesitan para razonar por qué.

Las pieles se consideran como un cruel símbolo de status lujoso y poco más. Pero el cuero no siempre recibe tal condena. De hecho a menudo se considera como un práctico subproducto de la industria cárnica; ecológicamente correcto; un producto de calidad fácilmente disponible para todos. Sin embargo, el mito y la ignorancia rodean su producción.

Proporcionamos las razones por las que deberíamos condenar el cuero tan apasionadamente como condenamos las pieles.

Hechos sobre las pieles

Alrededor de 30 millones de animales, principalmente visón y zorro – pero también chinchilla, marta e incluso lince – son mantenidos en cautividad en jaulas de alambre apiladas en filas, donde son incapaces de seguir sus instintos naturales y por tanto recurren a comportamientos estereotipados, automutilación y canibalismo. La muerte les llega por gaseado, electrocución, inyección letal o desnucados. Existen unas 12 criaderos en Gran Bretaña (todos de visón), recluyendo entre 50.000 y 100.000 animales. La caza con trampas se estima que asciende a unos 5 millones de animales en todo el mundo, generalmente mediante trampas-cepo de acero que ahora son ilegales en Gran Bretaña.

El Cuero y el Mito del «Subproducto»

Quienes compran productos de cuero pueden intentar tranquilizarse pensando que el animal del cual proceden ya había muerto para carne, de modo que poco importa que «utilicen» la piel restante para hacer un par de zapatos o una chaqueta. Sin embargo, sí importa porque haciendo esto estarán ayudando a subvencionar la industria cárnica. Comprar cuero asegura la continuidad de la industria masiva basada en el sufrimiento animal. No sólo el cuero, sino hasta la última parte del animal es vendida para hacer posible el sangriento negocio en su conjunto. La sangre se convierte en fertilizante o se usa como ingrediente de alimentos para mascotas. El pelo se saca para fabricar pinceles. Los huesos, pezuñas y cuernos se hierven para obtener gelatina que se usa para hacer jalea, cápsulas para medicamentos y vitaminas, dulces, galletas, película fotográfica, artículos de tocador, cosméticos y cerillas.

Derribando el Mito «Biodegradable»

La industria del cuero intenta lavar el cerebro del público haciéndoles creer que su producto es biodegradable y un compra realmente positiva para los que se preocupan por el medio ambiente. Después de todo, ¿alguien ha oído hablar de un plástico amistoso con el medio ambiente?

Sin embargo, lo que la industria del cuero no menciona es que en su estado natural el cuero no podría ser utilizado para hacer zapatos, botas, bolsos o cualquier cosa parecida. ¿Por qué? Porque en su estado «natural» se pudriría extremadamente deprisa. No obstante, incluso antes de que se descompusiera, ¡tampoco podría ser usado porque en invierno se quedaría rígidamente duro y se rompería, o en verano muy suave y flexible! Al final del día esos zapatos de cuero no durarían mucho tiempo en su estado «natural».

¿Qué hacen los fabricantes de cuero sobre esto? Tratan el cuero de diversas formas anti-ecológicas para asegurarse de que no se pondrá rígido con el frío o fláccido con el calor y, lo que es más importante, ¡no se pudrirá!.

Si el cuero es tan biodegradable y ecológico, ¿qué hay de las muestras de cuero halladas en el norte de Alemania que se estimaron tener 12.000 años de antigüedad o los artefactos de cuero que se cree que datan del Neolítico y la Edad del Bronce en Europa?

Cueros exóticos

La mayoría del cuero en el Reino Unido se obtiene de pellejos de vacuno, ternera, oveja, cabra y cerdo. Sin embargo, muchas otras especies son cazadas y matadas en todo el mundo específicamente por sus pieles. Entre ellas las cebras, bisontes, búfalos, jabalíes, ciervos, canguros, caimanes, elefantes, anguilas, tiburones, delfines, focas, morsas, ranas, cocodrilos, lagartos y serpientes. Miles de tortugas marinas «Lepodochelys olivacea» en peligro de extinción son capturadas y despellejadas ilegalmente en México, únicamente para obtener su piel. Se estima que el 25-30% de la piel de cocodrilo para zapatos importada en EE.UU. y otros artículos de fauna salvaje están obtenidos de animales en peligro de extinción capturados ilegalmente.

Cuero y Medio Ambiente

La cantidad de residuos y contaminación generada por la industria de elaboración de cuero es sorprendente. El hedor de una curtiduría es insoportable. No sólo contaminan el aire, sino que también contaminan el resto del entorno con el uso de una multitud de sustancias químicas muy tóxicas. Una estimación sitúa el coste potencial de una planta de tratamiento de aguas residuales de una curtiduría en el 30% de la inversión total demostrando que se trata de un problema importante.

Entre las sustancias usadas en la confección del cuero están:cal, sulfato sódico, emulsionantes, agentes desengrasantes no solventes, sal, ácido fórmico, ácido sulfúrico, sales de sulfato de cromo, plomo, zinc, formaldehido, grasas, alcohol, bicarbonato sódico, tintes, colas de resina, ceras, derivados de alquitrán vegetal y acabados basados en cianuro. Las aguas residuales de una curtiduría también contienen grandes cantidades de otros contaminantes como proteínas, pelo y sal.

La industria del cuero también usa una tremenda cantidad de energía. De hecho, sobre la base de cantidad de energía consumida por unidad producida, la industria del cuero se situaría junto a las industrias de obtención de papel, acero, cemento y petróleo como gran consumidora de energía.

Volviendo al inicio de la terrible cadena de sucesos que concluyen en un producto de cuero, encontramos problemas ambientales ya muy evidentes. Las granjas que crían los animales son de hecho un problema ambiental por sí mismas. Las reses expulsan metano (por la boca y el ano), que se produce durante la fermentación en sus intestinos. Cada animal emite una media de 48 kg de metano por año, y más que se produce de sus excrementos. De hecho, cerca de la mitad del metano de la Unión Europea procede de la digestión y los excrementos de rumiantes.

La producción lechera comercial no es sinónima de prácticas ecológicamente aceptables. Las granjas lecheras son a menudo unidades especializadas con altos aportes de nitrógeno y fósforo – como fertilizante y como pienso comprado. Los costes de almacenaje son elevados, a menudo no existe tierra arable sobre la que aplicar los desechos y el agua sucia, y muchas unidades también cultivan maíz que puede provocar elevadas pérdidas de nitrógeno y fósforo por lixiviación, arrastre y erosión.

Las vacas que producen una media de 35 litros diarios de leche puede llegar a necesitar hasta 100 litros de agua potable por día. Este requisito aumentará en condiciones calurosas.

La ganadería vacuna tiene otras contribuciones indirectas al efecto invernadero. Por ejemplo, los combustibles fósiles que son quemados para generar energía destinada a la obtención de fertilizantes, con los que se abonarán las cosechas de forraje con las que muchos animales son alimentados. La cría de vacuno, es también intensiva en cuanto a tierras, con unas 340.000 hectáreas de tierras de labranza destinadas a cultivar alimento para el ganado en Gran Bretaña, y los pastos para el ganado ocupan más de un millón de hectáreas. Si parte de esta tierra estuviese plantada de árboles en su lugar, éstos absorberían CO2 de la atmósfera mientras crecen.

El informe «Crisis en las Colinas» de Wildlife Trusts demuestra que la biodiversidad en las tierras altas está siendo literalmente corrida por la ganadería ovina. Sobre un 70% de los brezales de Inglaterra y Gales están en peligro y la mitad de las aves que se reproducen en las tierras altas están en descenso. Se han realizado estudios cuantitativos en las principales áreas de tierras altas en el Reino Unido que señalan que la pérdida de biodiversidad ha alcanzado niveles nacionales inaceptables.

Carne y Cuero

El tipo de carne que se adquiere en el Reino Unido tiene un efecto directo sobre el tipo de cuero disponible para la industria de manufacturas de cuero. Si todo el mundo decidiera que sólo quiere comer corderos jóvenes de menos de un mes, la piel a disposición de la industria del cuero sería muy fina, suave y flexible.

Productos suaves o Mejor Cuero de Crías

Cuanto más joven sea el animal a la hora del sacrificio, más suave y delicada será la estructura de la flor y menor es la probabilidad de deterioro por arañazos, parásitos, tiña, contaminación por estiércol, despellejado incorrecto o salado inadecuado. La piel de una hembra presenta normalmente una flor más fina que la de un macho y posee una estructura de fibras más suelta obteniéndose un cuero más suave y elástico.

Cuero igual sufrimiento animal

Las industrias ganaderas producen el cuero que emplean las industrias manufactureras. Para empezar los animales son criados en sistemas intensivos, semi-intensivos o extensivos. En otras palabras pueden proceder de granjas industriales como es el caso de los terneros (los cajones para terneros están prohibidos en este país pero los terneros todavía son criados en interior en grupos) o por el contrario otros animales (como las ovejas) pueden ser criados extensivamente en áreas de tierras altas montañosas donde se les deja más o menos a su aire sufriendo los extremos del clima, enfermedades y falta de alimento adecuado. Incluso las apacibles vacas lecheras que a menudo pueden ser observadas pastando en la campiña inglesa durante el verano, pasan 6 meses encerradas durante el invierno. Algunas vacas lecheras están realmente encerradas durante todo el año.

Tanto el vacuno como las ovejas sufren diversos problemas de salud y son sometidos a diversos procedimientos dolorosos según su especie y sexo, como la castración, el marcado en la oreja, el corte del rabo, la inseminación artificial, las laparoscopias o los implantes de embriones. Sin embargo una cosa que poseen en común es el dolor de las cojeras y la mastitis.

Cojeras

Los estudios de casos de cojera en las vacas lecheras tratadas por cirujanos veterinarios indican una media anual de incidencia del 4-6%. Cuando se incluyen los casos tratados por el ganadero ¡la incidencia anual se convierte en un 25%! La cojera es un importante problema de salud y bienestar en todos los países productores de ovino. Generalmente se considera como la mayor causa de dolor y malestar en las ovejas. Farmers Weekly publicó en febrero de 1997 que se encontraron ovejas cojas en el 92% de los rebaños cubiertos por un estudio del Colegio Veterinario Real en relación con 758,252 ovejas y 427,277 corderos.

Mastitis

La mastitis es una infección bacteriana muy dolorosa de las ubres de la vaca que provoca inflamación e hinchazón. La ubre se pone dura y caliente con pus anormal. En la vaca que ha parido recientemente la leche es espesa, cremosa y huele de forma insoportable. La vaca está a menudo coja de una o las dos patas traseras con las articulaciones hinchadas. La temperatura corporal puede ser alta y en algunos casos las vacas embarazadas abortan o paren un ternero mal desarrollado. Alrededor de cuatro de cada 10 vacas se ven afectadas anualmente en Gran Bretaña.

Las ovejas sufren de manera similar. En casos realmente agudos la oveja alcanzará una temperatura elevada y la ubre puede empezar a tomar un color muy oscuro a medida que se instala la gangrena. Si esto sucede, toda o parte de la ubre puede finalmente desprenderse. En casos extremos, la oveja perecerá rápidamente de septicemia. La mastitis leve en las ovejas produce daños permanentes en las ubres, normalmente en forma de abscesos, y las ovejas son a menudo sacrificadas como resultado. El tratamiento de la mastitis en las ovejas, rara vez tiene éxito y un estudio realizado durante 3 años sobre 30.000 ovejas de tierras bajas encontró que alrededor del 5% estaban afectadas. La mastitis subclínica es casi imposible de detectar pero afecta hasta al 12% de las ovejas en algún momento de la lactancia.

Transporte

Los problemas asociados con el transporte incluyen el miedo y el dolor asociado con la manipulación y reunión de animales; estrés térmico y motriz; hambre, sed y agotamiento; y los riesgos de infección. En septiembre de 1996, 240 ovejas murieron en un accidente viajando de Gran Bretaña a España a través de Francia. Las 520 restantes fueron sacrificadas en mataderos franceses. Dos días después otras 300 ovejas murieron en otro accidente.

Los siete puntos para un ambiente sano

El sistema socioeconómico predominante nos está llevando medianamente a nuestro propio apocalipsis. En parte por culpa de nuestro propio comportamiento humano. Estamos en la era del antropocentrismo, nos falta conciencia de lo que estamos haciendo con nuestro entorno.

Debemos tomar un enfoque nuevo bajo las normas de la responsabilidad comunitaria, cambiar nuestros hábitos de consumo como una herramienta de transición hacia un nuevo pensamiento socioeconómico más equilibrado como la Economía Basada En Recursos.

Mientras cada ser humano se autoconstruya internamente para lograr la transición hacia una economía basada en recursos, podemos aplicar diversos consejos para tener pautas de consumo más sustentables, justas y respetuosas. Necesitamos ponernos como base los siguientes puntos: Reflexionar, rechazar, reducir, reutilizar, reciclar, redistribuir y reclamar. Cada ser humanos que logra asumir estos siete puntos, están contribuyendo a preservar el ambiente, lograr un mundo más equitativo y ahorrar una cantidad de recursos que posteriormente será beneficioso para toda la humanidad.

Con ustedes el lema de las 7 erres:

Reflexionar

No podremos mantener un ambiente sano si no tenemos un pensamiento científico, reflexivo y critico. Debemos reconocer que los seres humanos, como los demás seres vivos, forman parte de un todo interrelacionado: el cual llamamos naturaleza, ambiente o entorno. Cualquier punto que sea tocado, cualquier acción que antepone a los seres humanos en detrimento de la naturaleza repercute de forma directa o indirecta en el bienestar de toda la humanidad y expansivamente a las futuras generaciones venideras. Aplicar la información y la educación sistémica-holística ambiental son claves para que los ciudadanos puedan repensar su manera de consumir y actuar con el ambiente.

Las opciones coherentes que podemos aplicar para lograr este objetivo son muy diversas y perfeccionables: elegir bienes y servicios comprometidos con el ambiente, elegir aquellos bienes y servicios que no tengan obsolescencia programada y que sean modulares, caminar, utilizar bicicletas, rollers, monopatín o en transportes públicos en lugar de coche privado, utilizar y apoyar el uso de las energías renovables y limpias y dejar utilizar los combustibles fósiles, consumir alimentos sanos, frescos y orgánicos, de temporada y cercanos, no comprar alimentos importados o traídos desde muy lejos, dejar de consumir alimentos con sustancias artificiales, etc.

Rechazar

Tal como debemos aceptar otros parámetros de consumo, también debemos aprender a rechazar otros. Hay que aprender a rechazar los productos tóxicos, no biodegradables, no reciclables, no durables y deben quedar fuera de la lista de consumos. Estos tipos de productos pueden estar en muchos ámbitos del lugar. Debemos encontrar la manera de rechazar su uso y sustituirlos por otros más respetuosos con el ambiente y la vida. La limpieza de la casa, el empleo de aparatos electrónicos se pueden hacer de manera ecológica y sin recurrir a productos industriales o dañinos.

Una herramienta útil para saber que podemos utilizar y cuáles debemos rechazar es la información al consumidor (consulta la información pública, no la que otorgan las empresas, ya que la información que otorgan las empresas suelen ser manipuladas para que no sepas la verdad sobre sus productos) y las etiquetas de los productos. El usuario debe interiorizarse que significan cada símbolo en los envases de los productos, conocer por ejemplo los símbolos de reciclaje que pueden servir para saber si los materiales se recuperan cuando se acabe su vida útil. En varios productos se puede observar que tienen un gran impacto ambiental que puede perjudicar el ambiente. Para aclarar esta situación, se puede observar que algunos productos usan CFC, Glifosato u otros, que causan la destrucción de la capa de ozono, tienen una alta huella de carbono, pueden producir enfermedades, consumen una gran cantidad de agua, causan deforestaciones de bosques nativos, se basan en la matanza de especies amenazadas, sobreexplotan recursos, etc. En este caso podemos remplazarlos con productos con el sello FSC o MSC, los productos ecológicos, orgánicos o de comercio justo.

Si el ser humano no aprende a decir que no y rechazar las cosas que nos hace mal, otros terminaran decidiendo las cosas que nos perjudican, incluso haciéndolas obligatorias. El ser humano debe volver a entender que para cambiar las cosas, el mayor poder que existe para tal fin, es el poder de la libertad de elección.

Reducir

Reducir o como divertidamente diría una periodista amiga, utilizar la técnica del hombre hormiga. Con este principio podremos llegar a resultados evidentes: Mientras menos consumo innecesario y menos bienes, menos gastos, menos explotación de recursos naturales, menos contaminación y menos basuras en los vertederos. No significa que hay que dejar de consumir, sino emplear la cabeza para tener el menos consumo posible. Antes de dedicarnos a adquirir un nuevo producto, hay que ponerse a pensar si realmente este producto es útil y si es verdaderamente necesario. El valor de un producto no radica en cuanto brilla, si es bello o en cuanto está valuado por el mercado, si no cuan útil es el producto para nuestra supervivencia.

Efectivamente, los seres humanos pueden reducir su impacto ambiental de muchas maneras diferentes. Al comprar, hay que evitar que los productos utilicen envoltorios excesivos, ¿Para qué comprar papel de regalo si el objeto ya viene en caja? Si es posible, comprar productos de capacidades grandes (ya que estos pueden servir para otros cosas) y los productos concentrados para generar menos basura, también para ahorrar dinero (que es otro recurso y está hecho con recursos naturales). Este sistema nos hace creer que el agua es infinita, inagotable y que puede emplearse en cualquier situación, ejemplo como combustible para autos, esto no es así, la mayoría del agua no se puede usar para la supervivencia del ser humano, el animal y la flora. Existen muchos consejos que permiten reducir el consumo sin tener que sacrificar el bienestar, aprende cuáles son. El gasto de energía se puede reducir en casa con unas cuantas y sencillas pautas.

Reutilizar

Vivimos en la era del descarte, no estamos hablando de relaciones personales, aunque también las relaciones personales están siendo descartadas. Pero nos referimos al descarte de productos, prolongar la vida útil de los bienes contribuye al ahorro de recursos y disminuir el impacto ambiental. Los envases o productos de usar y tirar son la antítesis de un consumo ecológico y responsable. Hay que dejar la vida de lo descartable por lo perdurable e intercambiable.

La reutilización es posible de muchas formas. Empecemos por la acción de ir a comprar, conviene llevar bolsas de tela o de otros materiales, en lo posible que no sean sintéticas, nos permite el uso prolongado y el reciclado de las mismas. Son preferibles utilizar las baterías o pilas recargables, más si son de materiales naturales como el litio o la sal marina, son menos perjudiciales que las de un solo uso. Las hojas de papel pueden ser utilizadas por ambos lados, también podemos utilizar las hojas recicladas y de material orgánico en ves de las hojas creadas de pasta de celulosa. Las cajas de cartón se pueden aprovechar varias veces para guardar los objetos. Nos adentramos al mundo de los libros, si eres un enfermo de comprar libros, es conveniente no comprar libros de papel, si debes comprarlos, que sean de segunda mano, sino lectores digitales, puedes descargar y almacenar los libros que quieras en ellos; si tienes libros en papel y ya no los necesitas, no se te ocurra tirarlos, donalos o pasalos a otras personas. Casi siempre lo barato sale muy caro y se rompe con facilidad, no solamente para tu bolsillo, sino pata el ambiente también. Pero también hay productos baratos que son durables y muy útiles, por lo tanto hay que informarse bien antes de comprar. Hay que aprender a cuidar muy bien los productos, hacer caso a las recomendaciones de los fabricantes y repararlos siempre que se pueda. Si no se puede, buscar la manera de reciclarlos o transformarlos en un objeto de igual o mayor utilidad (upclycling).

Reciclar

Claro que si, el reciclar es lo que más ayuda al ambiente, separar los residuos de manera adecuada para su posterior reciclaje es una acción con múltiples beneficios ambientales. Con esta pequeña acción los recursos ya no utilizados no terminan en vertederos, cada vez más saturados, también ayudamos a que nos sea necesario construir nuevos. Todos los materiales reciclables desechados pueden aprovecharse para elaborar nuevas materias primas o productos, también se reduce el consumo de energía para la elaboración de los mismos productos. Hay algunos datos que nos puede servir para entender esta situación, cuando reciclamos una lata de aluminio, se ahorra una cantidad de energía a la que consume un televisor durante tres horas. Para construir una lata, consume 5% en la fabricacion del material virgen, en el proceso de elaboración del aluminio, por lo tanto al reciclar una lata se ahorra en el proceso de fabricación de este. En el sitio EROSKI CONSUMER se ofrecen distintos artículos de información necesaria para el reciclaje.

Hay muchas maneras similares que los usuarios pueden practicar para crear compostaje, un sistema que transforma basura orgánica en varias aplicaciones ecológicas.

Redistribuir

Tal vez sea una de las medidas más importante, Richard Stallman nos enseñó que el compartir crea el camino correcto para aumentar la importancia de los productos y reducir el gasto de los recursos con el software libre, esto puede ser aplicado en otros aspectos de la vida también. La mayoría de los desequilibrios entre los países ricos y pobres no solamente afectan a sus habitantes, sino al ambiente en su conjunto. La humanidad ha duplicado en estos últimos años su huella ecológica a un nivel antes insospechado, el consumo actual se basa en la utilización de los recursos de otros territorios o de generaciones futuras, todo esto gracias a que la humanidad no aprendió a colaborar y compartir, a ser solidarios. También debemos aprender a tomar conciencia de nuestro consumo, si un ser humano viviera como un ciudadano medio de Estados Unidos o Emiratos Árabes Unidos, que en ves de compartir los recursos que ya no utiliza los tira a la basura a pesar de ser utilizables, se necesitarían más de 4,5 planetas tierras, en muchos países de la Península de Arabia se han visto que dejan tirados autos de última gama en ves de regalarlos a alguien que lo necesite. La huella de los españoles, también es muy alta: se requiere más de tres superficies como la de España para abastecer el consumo de sus ciudadanos, donde es más fácil descartar que donar. El ambiente ya no puede soportar más este tipo de pensamiento y desarrollo insostenible, hay que aprender a redistribuir el consumo de manera equitativa, hay que aprender a compartir y ser más solidarios. Los productos con una menor huella ecológica o basados en principios de comercio justo pueden disminuir estas diferencias. Las licencias libres y crear recursos compartidos como vehículos que pueden utilizar todo el mundo, pueden ayudar otro poco.

Reclamar

Hay una frase conocida que dice, el que no llora no mama, los consumidores tienen el mayor poder para transformar las practicas de un organismo, deben tener una participación activa en las actividades que influyen en la vida cotidiana de su entorno. Sin embargo aquí hay que hacer una aclaración en mayúsculas, PUES HAZ RECLAMOS, PERO SIEMPRE RESPETANDO EL AMBIENTE Y TRATANDO DE UTILIZAR LOS MENOS RECURSOS POSIBLES, HAY QUE PENSAR EN MANERAS DE PROTESTAS SIN MALGASTAR Y ARRUINAR OTROS RECURSOS. Muchas veces la ley ampara la posibilidad de reclamar y exigir actuaciones que contribuyan a mejorar el ambiente y el bienestar de los seres vivos. Podemos utilizar distintos formatos de acción: reclamar a las instituciones para conservar y recuperar el ambiente, reclamar más infraestructuras de reciclajes, reclamar mayores productos ecológicos y energía renovables, etc. Pero si no reclamas, nada sucederá.

Los consumidores son la base del sistema productivo y de oferta y demanda, la decisión de consumo de cada ciudadano puede modificar las tendencias del mercado. Si te mueves, los de arriba tendrán que moverse para hacer equilibrio o caer. Es por esta razón que debemos hacer un consumo responsable, esta medida indirecta de reclamar, opinar y criticar a las empresas y gobiernos que no respeten el ambiente o las personas, es una de las medidas más practicas que podemos realizar.

La Contaminación y la Guerra

A veces olvidamos que la peor forma de contaminación y del deterioro del ambiente es la guerra. A menudo se silencian sus efectos, en nombre de una política mal entendida. Por eso mismo, nos interesa destacar de qué modo y hasta dónde la actividad militar puede ser contaminante, tanto en la guerra declarada como en la preparación para la guerra.

El primer efecto ambiental es el de usar -es decir, inutilizar- enormes superficies de terreno que podrían emplearse para otros fines. Como todavía pensamos en ejércitos como los de San Martín y Bolívar, nos cuesta trabajo darnos cuenta de la medida en que un ejército moderno es un enorme devorador de espacio y lo que ocurre con ese territorio.

Los ejércitos de la época de Alejandro Magno necesitaban apenas un kilómetro cuadrado para ubicar cien mil soldados. Para la misma cantidad de soldados, Napoleón necesitaba no menos de veinte kilómetros cuadrados. En la primera guerra mundial se usaron doscientos cuarenta y ocho; en la segunda guerra mundial ya eran cuatro mil kilómetros cuadrados y los ejércitos actuales requieren cincuenta y cinco mil quinientos kilómetros cuadrados por cada cien mil soldados en maniobras.

Sobre el efecto ambiental de esas maniobras, un estudio hecho en los Estados Unidos, sostiene que «con su violencia coreografiada, las fuerzas armadas destruyen grandes sectores del territorio que en un principio deberían protegen Las tierras utilizadas para juegos bélicos tienden a sufrir una grave degradación. Las maniobras destruyen la vegetación natural, perturban el hábitat natural, erosionan y condensan el suelo, sedimentan corrientes y causan inundaciones.

Los radios de bombardeo convienen el terreno en un desierto lunar marcado de cráteres. Los campos de tiro para tanques y artillería contaminan el suelo y las aguas subterráneas con plomo y otros residuos tóxicos. Algunos proyectiles antitanque, por ejemplo, contienen bastoncillos de uranio. La preparación para la guerra se parece a una política de tierra quemada contra un enemigo imaginario.

«En los frágiles entornos desérticos, pueden hacer falta miles de años para la recuperación de sistemas naturales. El desierto del sur de California sigue mostrando las cicatrices de las maniobras de tanques realizadas por el general George S. Patton a comienzos de los años cuarenta. Y aún mayores son los daños en Libia, donde los ejércitos británico y alemán tuvieron grandes enfrentamientos durante la Segunda Guerra Mundial».

La guerra del Golfo Pérsico -para dar sólo un ejemplo- provocó consecuencias ambientales muy profundas, tanto en espacios naturales como en los urbanos. Inmensos ejércitos desplazándose por los ecosistemas del desierto provocaron daños enormes sobre los suelos, la vegetación natural y la fauna.

Paradójicamente, la misma guerra suministró sus anticuerpos. Las superficies minadas son tan extensas que durante décadas nadie se atreverá a internarse en esos desiertos, lo que, al menos, no obstaculizará los mecanismos de regeneración natural.

La destrucción de las redes de aprovisionamiento de agua de las ciudades provocó epidemias a las que no se pudo hacer frente, ya que los sistemas de salud estaban desarticulados. Algunas enfermedades se difundieron por simple falta de higiene, pero otras a raíz del bombardeo a los arsenales preparados para la guerra bacteriológica.

Una perversa forma de estrategia llevó a disimular instalaciones militares en áreas urbanas o muy pobladas. Muchas de ellas fueron descubiertas por los sistemas de espionaje y bombardeadas. No hace falta insistir mucho en los efectos de esos ataques sobre la población civil: La propaganda sobre los bombardeos «quirúrgicos» no debería ser tomada demasiado en serio.

No conocemos los efectos provocados por contaminación radiactiva debidos al bombardeo de instalaciones nucleares, pero parecen haber existido, lo mismo que la dispersión de gases tóxicos al atacarse sus depósitos y fábricas.

Al iniciarse la primera guerra del Golfo, se advirtió que el eventual incendio de pozos petrolíferos podía provocar grandes nubes que impidieran la llegada de los rayos del Sol a la Tierra. Existía, se dijo, el riesgo de grandes heladas y de pérdida de cosechas por falta de fotosíntesis. Afortunadamente, el cálculo fue inexacto, el incendio de centenares de pozos de petróleo alteró el clima local, pero no llegó a afectar el clima del mundo.

Aún así, sus efectos fueron catastróficos; las enormes nubes de hidrocarburos afectaron amplias zonas. En Oriente Medio se hicieron frecuentes las lluvias negras que mataron la vegetación y contaminaron los cursos de agua y se espera un gran aumento de los casos de cáncer.

Los derrames de petróleo en el mar han llevado a la muerte de los arrecifes de coral, con la pérdida de la fauna marina asociada y la destrucción de un ecosistema que puede tardar miles de años en recuperarse.

En las guerras recientes se utilizaron proyectiles con uranio empobrecido. Se trata de un material radiactivo que tiene la ventaja desde el punto de vista militar, de ser muy pesado, con lo cual puede perforar blindajes con mayor facilidad, y que se incendia al hacer impacto. El efecto ha sido el dispersar enormes cantidades de materiales radiactivos, con las consecuencias previsibles sobre la salud humana y los ecosistemas.

La actividad militar en tiempos de paz tiene efectos menos catastróficos, pero fuertemente negativos. La forma en que los artefactos bélicos consumen recursos naturales escasos suele ser espectacular y muy poco tenida en cuenta por quienes ponen el acento en la superpoblación. Un automóvil corriente puede recorrer unos diez kilómetros por litro de combustible y un tanque Abrams M-1 anda apenas veinte metros por litro.

En una hora de marcha, ese auto gastaría unos diez litros de combustible. En el mismo lapso, el tanque consume mil cien litros, un bombardero B-52 gasta trece mil setecientos litros y un portaaviones consume veintiún mil trescientos litros de combustible. Como resultado, el Pentágono usa en un mes la misma cantidad de energía que gasta en un año todo el sistema de transporte masivo de los Estados Unidos.

Un tema del que nadie quiere hablar es qué se hace con el material bélico que termina su vida útil. Los explosivos -al igual que muchos otros productos químicos, como los antibióticos- tienen una vida útil determinada, después de lo cual ya no actúan adecuadamente. Pueden estallar antes o después de lo previsto, o no hacerlo, o explotar espontáneamente, o hacerlo con una intensidad diferente de la esperada.

Todas las fuerzas armadas y de seguridad del mundo tienen que deshacerse de la munición vencida, operativo extremadamente peligroso y, a menudo, contaminante. En ocasiones se la destruye, pero muchas veces se la venden a otros países, ocultando su calidad o la derivan para usos civiles. Ésa es una causa frecuente de accidentes cuando se emplean explosivos en la minería o para la demolición de edificios.

Con este dato, no sorprende saber que las fuerzas armadas del planeta aportan el diez por ciento del total de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Además, usan el once por ciento del cobre, el nueve por ciento del hierro, el seis por ciento del aluminio que se consume en el mundo, y así, sucesivamente, con muchos otros minerales.

«En su incesante búsqueda de proezas y preparación -dice un estudio ya citado- las fuerzas armadas están envenenando las tierras y a las gentes a las que deberían en principio proteger. Residuos tóxicos militares contaminan el agua utilizada para beber y para el riego, matan a los peces, ensucian el aire y hacen inutilizables vastas extensiones de tierras para las generaciones venideras. Después de haber sido durante décadas los vaciaderos de un caldo letal de materiales peligrosos, las bases militares son ahora para la salud, bombas de tiempo que estallan en cámara lenta».

Producir, almacenar, reparar, transportar y descartar armas convencionales, químicas y nucleares genera enormes cantidades de materias perjudiciales para la salud humana y el ambiente. Estos desechos incluyen combustibles, pinturas, disolventes, metales pesados, materiales radiactivos, pesticidas, bifenilos policlorados, cianuros, fenoles, ácidos, álcalis, propulsantes y explosivos. Las fuerzas armadas de Estados Unidos y de la ex Unión Soviética han sido durante largos años, los principales productores de desechos tóxicos del mundo.

En todos los países, el grado de secreto que rodea estas actividades dificulta el control de la contaminación. Los cambios en el mapa político del mundo y el fin de la guerra fría muestran ahora lo que se ocultó durante décadas. Tanto las bases norteamericanas en Europa Occidental como las soviéticas en Europa Oriental son puntos de muy alta contaminación, en los que se han volcado desechos tóxicos de todo tipo, se han arruinado grandes extensiones de suelos y de napas subterráneas. A punto tal que un tema político delicado es definir quién va a pagar la descontaminación de esos terrenos.

A lo anterior se agregan las enfermedades ocupacionales en el personal que trabaja en las bases militares, manipula sustancias tóxicas de uso bélico o que se desempeña en la industria de armamentos. Es este un tema del cual empieza a hablarse desde hace muy poco tiempo en otros países y aún no se ha mencionado en la Argentina.

Pero los efectos ambientales no se reducen a los provocados por los ejércitos regulares. También los movimientos guerrilleros son responsables de una intensa degradación ambiental. Por ejemplo, los grupos irregulares de Colombia han efectuado numerosos atentados a los oleoductos, para afectar la economía del país. Solamente en 1988 hubo más de medio centenar de estos atentados, con la consiguiente contaminación de suelos, de aguas superficiales y subterráneas.

Agregamos que las instalaciones militares son susceptibles de accidentes y atentados, con graves consecuencias sobre la población civil, como ocurrió en la Fábrica Militar de Río Tercero (Córdoba).

Y cuando los dos bandos actúan conjuntamente, la situación puede empeorar notablemente, como ocurrió en diversos países de América Central, donde gran parte de las tierras en las que se efectuaron combates fue arrasada. Continuos incendios, bombardeos y sabotajes fueron transformando los campos de batalla en un desierto. «El Salvador es un desastre ecológico que ya ha sucedido. Sus vecinos son desastres ecológicos en varias etapas por suceder», sostuvo el periodista Walter Anderson, de Los Angeles Times.

Pero si las guerras convencionales y aún la paz armada provocan serios impactos ecológicos, está claro que la peor situación posible se encontraría en la eventualidad de una guerra nuclear.

A lo que ya se sabía sobre los efectos de las explosiones atómicas y las radiaciones se agregaron en la década del ochenta, una serie de hipótesis sobre la forma en que una guerra atómica podría llegar a afectar el clima mundial. Las conclusiones de diversos estudios sobre este tema reforzaron, en su momento, las políticas de distensión entre el Este y el Oeste. Quedaba claro que el ganador de una guerra nuclear no podría habitar el planeta que tan duramente conquistara.

Veamos por qué.

Una gran cantidad de bombas atómicas provocaría la destrucción casi total de la capa de ozono, con los previsibles efectos devastadores sobre los que sobrevivieran. Se agrega que hoy los huecos de ozono pueden reconstruirse en un verano, pero no sabemos cuánto tiempo tardaría la recomposición completa del ozono atmosférico. ¿Podrían ser tiempos geológicos?

El conjunto de incendios y explosiones inyectaría una gran cantidad de humo y polvo en la estratosfera, la que es enormemente estable. Ese humo y polvo estarían allí durante mucho tiempo, oscureciendo la atmósfera terrestre. La temperatura descendería bajo el punto de congelación y las plantas morirían de frío o por falta de fotosíntesis. La expresión «invierno nuclear» fue el golpe final que terminó por desplazar políticamente a los belicistas de las grandes potencias. Nadie estaba dispuesto a correr ese riesgo.

Geoingeniería y modificación del clima, el nuevo capricho capitalista

Una manipulación con muchos riesgos, que genera la expectativa de no tener que cambiar el patrón de desarrollo. Pero la verdad es muy distinta a la que nos cuentan.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la geoingeniería es la manipulación deliberada a gran escala del ambiente planetario. Sus métodos pueden clasificarse en dos grupos generales: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2.

La geoingeniería es la manipulación tecnológica deliberada, a gran escala, de los sistemas de la Tierra –los océanos, los suelos y/o la atmósfera–, incluyendo los relacionados con el clima1. Sus defensores la presentan como un remedio para mitigar el cambio climático, lo cual es una visión reduccionista, que ignora la complejidad de los sistemas naturales y no tiene en cuenta los graves daños colaterales que puede generar. Al mismo tiempo, elude abordar el origen y las causas del problema del calentamiento global, que no son otras que el actual sistema global industrial capitalista.

Recientemente asistimos a una ofensiva mediática de los promotores de la geoingeniería para vender sus propuestas. Dicha ofensiva ha coincidido con la publicación el pasado 10 de febrero por parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de dos informes que recomiendan invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. Dichos informes parece ser que son resultado del estudio Geoingeniería del clima: evaluación técnica y discusión de los impactos (con un coste inicial de 630.000 dólares, financiado por la CIA y la NOAA, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de ese país)2. También en febrero de este año, la revista científica Nature ha publicado un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que piden que no solo se haga investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados “en caso de necesitarlas”3.

Tal como denuncia Rachel Smolker (de Biofuelwatch), “la gente está comprendiendo que la crisis climática va en aumento al tiempo que los líderes hacen poco o nada; los grupos en favor de la geoingeniería aprovechan la situación para promover sus manipulaciones planetarias, sus remiendos tecnológicos. Algunos de los promotores más entusiastas de la geoingeniería están vinculados o con la industria de los combustibles fósiles o con instituciones que han respaldado la postura científica que niega el cambio climático”4.

La geoingeniería incluye tecnologías tan descabelladas tales como la cubrición de grandes extensiones de desiertos con plásticos reflectantes; megaplantaciones de cultivos transgénicos con hojas reflectantes; almacenamiento de CO2 comprimido en minas abandonadas y pozos petroleros; inyección de aerosoles de sulfatos (u otros materiales, como el óxido de aluminio) en la estratosfera para bloquear la luz del sol y blanqueamiento de las nubes para reflejarla; desvío de corrientes oceánicas; fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro para incrementar el fitoplancton y, así, capturar CO2; enterrar enormes cantidades de carbón vegetal (biochar) para eliminar CO2; etc.

Los métodos de geoingeniería pueden clasificarse a grandes rasgos en dos grupos: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2. En este artículo nos centraremos en el primer grupo y, en concreto, en la SAG (Stratospheric Aerosols Geoengineering).

Manejo de la radiación solar

Las tecnologías para el manejo de la radiación solar están dirigidas a contrarrestar el efecto de los gases de efecto invernadero (GEI) reflejando la radiación de la luz solar de vuelta al espacio exterior. Incluyen técnicas como usar “contaminación reflectante” para modificar la atmósfera o bloquear la luz solar con pantallas en el espacio. Un rasgo común de todas ellas, es que no reducen la concentración de los GEI.

El manejo de la radiación solar puede ocasionar daños ambientales significativos como la liberación adicional de gases de efecto invernadero a la atmósfera, cambios en los patrones climáticos y la reducción de las lluvias; puede dañar la capa de ozono, afectar a la biodiversidad, reducir la fotosíntesis y la producción de las células fotovoltaicas; provocar inseguridad alimentaria, riesgo de aumentos bruscos de temperaturas si se detienen las actividades, con o sin intención.

La explosión del volcán Pinatubo (Filipinas, 1991) arrojó a la estratosfera 20 millones de toneladas de dióxido de azufre y por unos días disminuyó la temperatura terrestre en 0,4-0,5 ºC. Científicos como David Keith y Ken Caldeira proponen crear “volcanes artificiales” mediante la inyección de aerosoles con partículas de azufre (o de otros materiales) en la estratosfera (a una altura de al menos 20 km de la tierra), a razón de 100.000 toneladas por año, asumiendo que durarían a lo sumo 10 años5.

Bill Gates proporcionó 4,6 millones de dólares a científicos como David Keith y Ken Caldeira para investigar en geoingeniería y control climático. Nathan Myhrvord (jefe de tecnología de Microsoft) se dedica a patentar tecnologías de geoingeniería con Intelectual Ventures, con programas del manejo de la radiación solar, apoyados por la Royal Society6.

Antecedentes históricos y situación actual de la modificación climática

La pretensión de actuar intencionadamente sobre el clima tiene sus antecedentes en la utilización de métodos para producir lluvia, con orígenes en la última década del siglo XIX (cuando se registró la primera patente conocida sobre el tema) y, posteriormente, ya en 1940, cuando el meteorólogo Bernard Vonnegut descubrió que el yoduro de plata podría provocar la lluvia si había nubes.

A partir de ese momento son muchos los países que reconocen que han llevado a cabo la siembra de yoduro de plata en nubes: EE UU, Tailandia, China, Australia, Sudáfrica, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, México, España, Colombia, Venezuela, etc. En algunos casos se ha especulado sobre la relación de esta práctica con inundaciones catastróficas (Lynmouth Devon, 19527; Rapid City, 19728). En el Estado español, concretamente en la isla de Gran Canaria, se llevó a cabo entre 1984-85 y de forma intermitente hasta el 1992, un programa de investigación para incrementar las precipitaciones9, que según la prensa pudo tener relación con un episodio de inundaciones. El Estado de Israel lleva más de 40 años de modificación climática con yoduro de plata haciendo siembra de nubes para aumentar la precipitación, hasta el punto que Esperanza Aguirre fue a visitar Israel interesándose por la siembra de nubes para aumentar la lluvia en la Comunidad de Madrid10.

Desde 1974 también se han llevado en el levante ibérico cabo experimentos con yoduro de plata en el marco de la lucha contra el granizo, financiados por el Ministerio de Agricultura y Agroseguro11. Es conocido que durante el año 2008 el Gobierno chino recurrió a la modificación climática para alejar nubes durante la realización de los Juegos Olímpicos de Beijing. En 2009, 260 técnicos y 18 aeronaves aseguraron un cielo sin nubes ni lluvia el día del desfile militar del 60 aniversario de la República Popular China.

En algunas ocasiones los experimentos han tenido finalidades puramente militares. Así, un programa secreto de las fuerzas aéreas norteamericanas, hoy desclasificado, tuvo lugar en la guerra del Vietnam entre el 1966-1971. Consistió en 2.300 misiones de vuelo para hacer siembra de nubes con aerosoles de yoduro de plata para prolongar los monzones y provocar inundaciones, con el objetivo de hacer intransitable la ruta de abastecimiento Ho Chi Minh y destruir la cosecha de arroz, vital para el pueblo vietnamita.

El 10 de diciembre de 1976 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles12. A pesar de ello, no hay que olvidar que la manipulación del clima como arma de guerra ha estado en la agenda de las fuerzas militares de EE UU –y otras grandes potencias– durante décadas. En 1996, la Universidad del Aire de Alabama elaboró para la Fuerza Área de Estados Unidos un informe sobre la manipulación climática con el elocuente título El clima como multiplicador de fuerza: Poseyendo el clima en 202513.

La reconocida científica, fallecida en 2012, Rosalie Bertell confirmaba que “los científicos militares estadounidenses están trabajando en los sistemas climáticos como un arma potencial”. Los métodos incluyen la intensificación de tormentas y la desviación de ríos de vapor en la atmósfera terrestre (a 3 km) para producir sequías o inundaciones”14.

Geoingeniería e ingeniería genética: una sinergia peligrosa

Las empresas agrobiotecnológicas, de combustibles agroindustriales y de biología sintética participan en la carrera de desarrollar “cultivos climáticos” que teóricamente secuestrarían dióxido de carbono, reflejarían los rayos solares o soportarían presiones ambientales atribuibles al cambio climático, como calor extremo, sequía, radiación UV y salinidad. Así, un informe del 2008 del grupo ETC identificó 532 solicitudes de patentes sobre rasgos diseñados con ingeniería genética para adaptación al cambio climático. Las más grandes empresas químicas del mundo (BASF, Monsanto, DuPont, Dow, Bayer y Syngenta) están desarrollando “cultivos OGM climáticos”.

En 2008, BASF y Monsanto se lanzaron juntas en una empresa de riesgo compartido a financiar la investigación agrícola más cara de la historia, 1.500 millones de dólares para desarrollar cultivos “climáticos”, y en 2010 invirtieron 1.000 millones de dólares más en el desarrollo de semillas OGM listas para el cambio climático.

En octubre de 2013 Monsanto compró Climate Corp. por 930 millones de dólares. Se trata de una empresa líder en acumulación histórica de datos de cosechas ligadas los eventos meteorológicos, y que se dedicaba a los seguros meteorológicos agrarios en EE UU15.

Según un informe del ISAAA (International Service for Acquisition of Agro-biootech Applications), entre 2013-2014 en EE UU se pasó de 50.000 hectáreas del maíz tolerante a sequía Droughtgard a 250.000.

Como advierte el grupo ETC, que se produzcan industrialmente cultivos “listos para el cambio climático”, controlados por un pequeño número de empresas transnacionales apoderadas de la cadena industrial de alimentos, tendrá consecuencias muy serias tanto para el cambio climático como para la seguridad alimentaria.

Geoingeniería y modificación del clima, el nuevo capricho capitalista

Una manipulación con muchos riesgos, que genera la expectativa de no tener que cambiar el patrón de desarrollo. Pero la verdad es muy distinta a la que nos cuentan.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la geoingeniería es la manipulación deliberada a gran escala del ambiente planetario. Sus métodos pueden clasificarse en dos grupos generales: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2.

La geoingeniería es la manipulación tecnológica deliberada, a gran escala, de los sistemas de la Tierra –los océanos, los suelos y/o la atmósfera–, incluyendo los relacionados con el clima1. Sus defensores la presentan como un remedio para mitigar el cambio climático, lo cual es una visión reduccionista, que ignora la complejidad de los sistemas naturales y no tiene en cuenta los graves daños colaterales que puede generar. Al mismo tiempo, elude abordar el origen y las causas del problema del calentamiento global, que no son otras que el actual sistema global industrial capitalista.

Recientemente asistimos a una ofensiva mediática de los promotores de la geoingeniería para vender sus propuestas. Dicha ofensiva ha coincidido con la publicación el pasado 10 de febrero por parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de dos informes que recomiendan invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. Dichos informes parece ser que son resultado del estudio Geoingeniería del clima: evaluación técnica y discusión de los impactos (con un coste inicial de 630.000 dólares, financiado por la CIA y la NOAA, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de ese país)2. También en febrero de este año, la revista científica Nature ha publicado un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que piden que no solo se haga investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados “en caso de necesitarlas”3.

Tal como denuncia Rachel Smolker (de Biofuelwatch), “la gente está comprendiendo que la crisis climática va en aumento al tiempo que los líderes hacen poco o nada; los grupos en favor de la geoingeniería aprovechan la situación para promover sus manipulaciones planetarias, sus remiendos tecnológicos. Algunos de los promotores más entusiastas de la geoingeniería están vinculados o con la industria de los combustibles fósiles o con instituciones que han respaldado la postura científica que niega el cambio climático”4.

La geoingeniería incluye tecnologías tan descabelladas tales como la cubrición de grandes extensiones de desiertos con plásticos reflectantes; megaplantaciones de cultivos transgénicos con hojas reflectantes; almacenamiento de CO2 comprimido en minas abandonadas y pozos petroleros; inyección de aerosoles de sulfatos (u otros materiales, como el óxido de aluminio) en la estratosfera para bloquear la luz del sol y blanqueamiento de las nubes para reflejarla; desvío de corrientes oceánicas; fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro para incrementar el fitoplancton y, así, capturar CO2; enterrar enormes cantidades de carbón vegetal (biochar) para eliminar CO2; etc.

Los métodos de geoingeniería pueden clasificarse a grandes rasgos en dos grupos: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2. En este artículo nos centraremos en el primer grupo y, en concreto, en la SAG (Stratospheric Aerosols Geoengineering).

Manejo de la radiación solar

Las tecnologías para el manejo de la radiación solar están dirigidas a contrarrestar el efecto de los gases de efecto invernadero (GEI) reflejando la radiación de la luz solar de vuelta al espacio exterior. Incluyen técnicas como usar “contaminación reflectante” para modificar la atmósfera o bloquear la luz solar con pantallas en el espacio. Un rasgo común de todas ellas, es que no reducen la concentración de los GEI.

El manejo de la radiación solar puede ocasionar daños ambientales significativos como la liberación adicional de gases de efecto invernadero a la atmósfera, cambios en los patrones climáticos y la reducción de las lluvias; puede dañar la capa de ozono, afectar a la biodiversidad, reducir la fotosíntesis y la producción de las células fotovoltaicas; provocar inseguridad alimentaria, riesgo de aumentos bruscos de temperaturas si se detienen las actividades, con o sin intención.

La explosión del volcán Pinatubo (Filipinas, 1991) arrojó a la estratosfera 20 millones de toneladas de dióxido de azufre y por unos días disminuyó la temperatura terrestre en 0,4-0,5 ºC. Científicos como David Keith y Ken Caldeira proponen crear “volcanes artificiales” mediante la inyección de aerosoles con partículas de azufre (o de otros materiales) en la estratosfera (a una altura de al menos 20 km de la tierra), a razón de 100.000 toneladas por año, asumiendo que durarían a lo sumo 10 años5.

Bill Gates proporcionó 4,6 millones de dólares a científicos como David Keith y Ken Caldeira para investigar en geoingeniería y control climático. Nathan Myhrvord (jefe de tecnología de Microsoft) se dedica a patentar tecnologías de geoingeniería con Intelectual Ventures, con programas del manejo de la radiación solar, apoyados por la Royal Society6.

Antecedentes históricos y situación actual de la modificación climática

La pretensión de actuar intencionadamente sobre el clima tiene sus antecedentes en la utilización de métodos para producir lluvia, con orígenes en la última década del siglo XIX (cuando se registró la primera patente conocida sobre el tema) y, posteriormente, ya en 1940, cuando el meteorólogo Bernard Vonnegut descubrió que el yoduro de plata podría provocar la lluvia si había nubes.

A partir de ese momento son muchos los países que reconocen que han llevado a cabo la siembra de yoduro de plata en nubes: EE UU, Tailandia, China, Australia, Sudáfrica, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, México, España, Colombia, Venezuela, etc. En algunos casos se ha especulado sobre la relación de esta práctica con inundaciones catastróficas (Lynmouth Devon, 19527; Rapid City, 19728). En el Estado español, concretamente en la isla de Gran Canaria, se llevó a cabo entre 1984-85 y de forma intermitente hasta el 1992, un programa de investigación para incrementar las precipitaciones9, que según la prensa pudo tener relación con un episodio de inundaciones. El Estado de Israel lleva más de 40 años de modificación climática con yoduro de plata haciendo siembra de nubes para aumentar la precipitación, hasta el punto que Esperanza Aguirre fue a visitar Israel interesándose por la siembra de nubes para aumentar la lluvia en la Comunidad de Madrid10.

Desde 1974 también se han llevado en el levante ibérico cabo experimentos con yoduro de plata en el marco de la lucha contra el granizo, financiados por el Ministerio de Agricultura y Agroseguro11. Es conocido que durante el año 2008 el Gobierno chino recurrió a la modificación climática para alejar nubes durante la realización de los Juegos Olímpicos de Beijing. En 2009, 260 técnicos y 18 aeronaves aseguraron un cielo sin nubes ni lluvia el día del desfile militar del 60 aniversario de la República Popular China.

En algunas ocasiones los experimentos han tenido finalidades puramente militares. Así, un programa secreto de las fuerzas aéreas norteamericanas, hoy desclasificado, tuvo lugar en la guerra del Vietnam entre el 1966-1971. Consistió en 2.300 misiones de vuelo para hacer siembra de nubes con aerosoles de yoduro de plata para prolongar los monzones y provocar inundaciones, con el objetivo de hacer intransitable la ruta de abastecimiento Ho Chi Minh y destruir la cosecha de arroz, vital para el pueblo vietnamita.

El 10 de diciembre de 1976 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles12. A pesar de ello, no hay que olvidar que la manipulación del clima como arma de guerra ha estado en la agenda de las fuerzas militares de EE UU –y otras grandes potencias– durante décadas. En 1996, la Universidad del Aire de Alabama elaboró para la Fuerza Área de Estados Unidos un informe sobre la manipulación climática con el elocuente título El clima como multiplicador de fuerza: Poseyendo el clima en 202513.

La reconocida científica, fallecida en 2012, Rosalie Bertell confirmaba que “los científicos militares estadounidenses están trabajando en los sistemas climáticos como un arma potencial”. Los métodos incluyen la intensificación de tormentas y la desviación de ríos de vapor en la atmósfera terrestre (a 3 km) para producir sequías o inundaciones”14.

Geoingeniería e ingeniería genética: una sinergia peligrosa

Las empresas agrobiotecnológicas, de combustibles agroindustriales y de biología sintética participan en la carrera de desarrollar “cultivos climáticos” que teóricamente secuestrarían dióxido de carbono, reflejarían los rayos solares o soportarían presiones ambientales atribuibles al cambio climático, como calor extremo, sequía, radiación UV y salinidad. Así, un informe del 2008 del grupo ETC identificó 532 solicitudes de patentes sobre rasgos diseñados con ingeniería genética para adaptación al cambio climático. Las más grandes empresas químicas del mundo (BASF, Monsanto, DuPont, Dow, Bayer y Syngenta) están desarrollando “cultivos OGM climáticos”.

En 2008, BASF y Monsanto se lanzaron juntas en una empresa de riesgo compartido a financiar la investigación agrícola más cara de la historia, 1.500 millones de dólares para desarrollar cultivos “climáticos”, y en 2010 invirtieron 1.000 millones de dólares más en el desarrollo de semillas OGM listas para el cambio climático.

En octubre de 2013 Monsanto compró Climate Corp. por 930 millones de dólares. Se trata de una empresa líder en acumulación histórica de datos de cosechas ligadas los eventos meteorológicos, y que se dedicaba a los seguros meteorológicos agrarios en EE UU15.

Según un informe del ISAAA (International Service for Acquisition of Agro-biootech Applications), entre 2013-2014 en EE UU se pasó de 50.000 hectáreas del maíz tolerante a sequía Droughtgard a 250.000.

Como advierte el grupo ETC, que se produzcan industrialmente cultivos “listos para el cambio climático”, controlados por un pequeño número de empresas transnacionales apoderadas de la cadena industrial de alimentos, tendrá consecuencias muy serias tanto para el cambio climático como para la seguridad alimentaria.

Presentan 830 trabajos que prueban la toxicidad del glifosato

Se llama Antología toxicológica del glifosato y es una respuesta a la defensa que hicieran del herbicida las empresas que lo producen y el ministro de Ciencia Lino Barañao. Más de 100 de los trabajos son de universidades públicas.

Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con glifosato para que no crezca nada salvo los transgénicos.

“No hay pruebas de que el glifosato sea nocivo”, repiten una y otra vez los defensores del agro transgénico en referencia al herbicida más utilizado del mundo. “Es como agua con sal”, afirmó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Una reciente recopilación de investigaciones científicas, Antología toxicológica del glifosato, da cuenta de 830 trabajos académicos (de Argentina y del exterior) que dan cuenta del químico y su vínculo con el cáncer, malformaciones, intoxicaciones y abortos espontáneos, entre otras afecciones.

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, más de 200 millones de litros cada año. Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó el uso del glifosato, desarrollado y comercializado por Monsanto desde la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

“Esta recopilación suma 830 artículos científicos o papers, informes de investigaciones clínicas, experimentales, de laboratorio, revisiones, contestaciones, recopilación y resúmenes de congresos que han sido objeto de publicación en revistas científicas. Todos los trabajos han sido sometidos a revisión por un comité de científicos y aprobados para su publicación al ser considerados significativos”, explica el trabajo, realizado por Eduardo Martín Rossi, integrante del colectivo Paren de Fumigar de Santa Fe.

De 182 páginas, se puede acceder vía Internet, cuenta con la descripción y link de las investigaciones. Más de cien son de universidades públicas de Argentina (UBA, La Plata, Río Cuarto, Litoral). El primer capítulo precisa 141 trabajos sobre el impacto del glifosato en la salud humana. El capítulo dos detalla 102 investigaciones sobre “mecanismo de fisiopatología celular de cáncer”. El capítulo tres se dedica a “toxicidad en los sistemas orgánicos”, con 89 publicaciones académicas. El capítulo cuatro se dedica a trabajos específicos de impacto “en la biodiversidad”, con 336 investigaciones.

“No es casualidad que en los pueblos agrícolas se multiplique el hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las enfermedades oncológicas produciendo un cambio evidente en el patrón de morbilidad y mortalidad”, alerta el trabajo. Y recuerda que en 1996, cuando el gobierno de Carlos Menem aprobó la primera soja transgénica (de Monsanto), se aplicaban tres litros de glifosato por hectárea. En la actualidad se utilizan hasta quince litros, incluso junto a otros agrotóxicos (como el 2-4D).

La recopilación, que contó con la colaboración y edición del abogado especializado en ambiente Fernando Cabaleiro (de la organización Naturaleza de Derechos), recuerda que Monsanto publicitó “con información falsa que el glifosato era biodegradable”. En 2007 Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa. Decenas de investigaciones dan cuenta, desde hace décadas, que el herbicida “es altamente persistente en el ambiente, en el suelo y cursos de agua”.

Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Monsanto, Bayer, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.

La antología denuncia que la autorización de los agrotóxicos (llamado “fitosanitarios” por las empresas y funcionarios) se realiza con base en estudios de las propias empresas y que sólo analiza los efectos agudos (no investigan qué produce un químico en el largo plazo de exposición). En el caso de glifosato, “Monsanto sólo experimentó tres meses con roedores”. Con base en ese estudio, la empresa definió que el herbicida no producía efectos adversos.

“Científicos independientes midieron efectos crónicos (durante dos años). A partir del cuarto mes los roedores machos presentaron tumores. A partir del séptimo mes comenzó el mismo proceso en hembras. Y en el mes 24, el 80 por ciento de los roedores tuvo tumores”, explica la recopilación.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) es el organismo estatal que evalúa y autoriza el uso de agrotóxicos. Es denunciado por las organizaciones socioambientales, ONG y por los propios trabajadores del Senasa de estar dominado por las grandes empresas del agronegocio. “La última revisión de seguridad ambiental e inocuidad alimentaria del glifosato en Argentina fue en el 2000. Para esa fecha no existían protocolos para evaluar los riesgos crónicos y cancerígenos”, denuncian los autores de la recopilación. Y exigen que el Senasa revalúe la autorización del glifosato, con base en estudios independientes (no de las empresas).

Open Source Ecology: Ecología abierta para todos

En Open Source Ecology están desarrollando máquinas para uso libre que se pueden fabricar por mucho menos dinero que las comerciales (entre 5 y 10 veces más barato), compartiendo diseños online de forma gratuita. El objetivo de Open Source Ecology es crear una economía libre – una economía eficiente que aumente la innovación mediante la colaboración de toda la comunidad.

Open Source Ecology (OSE) es un movimiento fundado en Estados Unidos por Marcin Jakubowski, cuyo objetivo es crear, a través de la implicación de diferentes actores del mundo de la producción (empresarios, ingenieros, diseñadores, agricultores y activistas), una red de conocimiento que da lugar a una “economía de open source”.

En esencia, el objetivo es compartir, en todo el mundo, tanto los conocimientos técnicos como los métodos de fabricación o incluso los proyectos de máquinas y productos con el fin de permitir el libre uso de todos sin derechos de autor.

Cualquiera puede hacer mejoras y, a su vez, compartirlas en un proceso interminable. De esta manera es posible emprender un camino importante hacia la sostenibilidad ambiental y económica, ya que el sistema de producción está liberado de los monopolios y de las restricciones de confidencialidad que obstaculizan, entre otras cosas, la evolución ecológica de la producción y de los productos.

Quien descubre un nuevo proceso, un nuevo producto o una nueva máquina y desea unirse a la Ecología del Software Libre, en lugar de trabajar para proteger su propia invención exclusiva con marcas y patentes, libera sus contenidos en la web, permitiendo a otros hacer pleno uso de ellos y hacer posibles mejoras que, a su vez, deben ser compartidas en una cadena infinita.

Los beneficios de esta práctica no consisten en la venta de los derechos de uso o en la exclusividad de la producción que, de hecho, bloquean el proyecto durante mucho tiempo, sino en el intercambio de conocimientos y en el hecho de que los creadores pueden disponer de una enorme red, distribuida por todo el mundo, de “colaboradores”.

La mayoría de los beneficios de esta práctica pueden ser tanto económicos como ecológicos. La primera es porque las mejoras progresivas siempre buscan reducir los costes de producción y aumentar la eficiencia y racionalidad en el uso de los recursos. Las ecológicas, directamente relacionadas con las primeras, también se mueven en la dimensión ética para asegurar que las máquinas y los productos tengan, en general, el menor impacto sobre el medio ambiente.

La Ecología de Código Abierto no es una novedad, sino que es el resultado de otras famosas prácticas de código abierto, ya bien establecidas y operativas. En el campo de la tecnología de la información, por ejemplo, el famoso sistema operativo es Linux o WordPress, que opera en el campo del diseño de sitios web. En el campo de la cultura, en cambio, la enciclopedia libre Wikipedia es famosa. Todas las herramientas que, de alguna manera, han sido capaces de hacer una contribución muy importante tanto a la economía como al desarrollo y progreso de la sociedad. Dado que trabaja en el campo de la informática y la cultura, ¿por qué no debería trabajar también en el campo técnico?

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